El futuro del océano Atlántico: una recuperación posible, pero lenta

Un modelo climático muestra que el sistema de aguas profundas vuelve a ganar fuerza cuando baja la temperatura global

Waves crash on the coast as post-tropical Cyclone Gabrielle crosses the Atlantic Ocean, in Sao Caetano, Pico island in the Azores, Portugal September 26, 2025. REUTERS/Robert MacMillan
Waves crash on the coast as post-tropical Cyclone Gabrielle crosses the Atlantic Ocean, in Sao Caetano, Pico island in the Azores, Portugal September 26, 2025. REUTERS/Robert MacMillan
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El calentamiento global no solo eleva la temperatura del aire: también modifica el equilibrio entre el océano, el hielo y la atmósfera. El deshielo de Groenlandia aporta agua dulce y fría al Atlántico Norte, mientras el incremento de la temperatura altera las condiciones que permiten que grandes masas de agua se hundan, circulen a profundidad y distribuyan calor entre distintas regiones del planeta.

Esa relación convirtió a la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico, conocida como AMOC por sus siglas en inglés, en una de las principales incógnitas del sistema climático. Esta red de corrientes lleva aguas cálidas en superficie desde los trópicos hacia el norte y devuelve aguas frías y densas por las profundidades. Ahora, un estudio publicado en la revista Science Advances plantea que, en un modelo climático, su debilitamiento podría revertirse si la temperatura global volviera a bajar.

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El resultado no elimina los riesgos asociados con una circulación atlántica más débil. El trabajo advierte que sus consecuencias podrían mantenerse durante siglos y que la capa de hielo de Groenlandia seguiría un camino distinto: una vez perdida parte de su masa, el enfriamiento no restauraría rápidamente el hielo. La diferencia entre ambos procesos concentra una de las claves del nuevo estudio: una corriente oceánica puede recuperar fuerza en la simulación, pero los daños acumulados en el hielo pueden perdurar.

Un estudio publicado en Science Advances indica que la corriente atlántica recupera intensidad ante una baja de la temperatura global (POLITICA INVESTIGACIÓN Y TECNOLOGÍA
UNIVERSIDAD DE HERIOT WATT)
Un estudio publicado en Science Advances indica que la corriente atlántica recupera intensidad ante una baja de la temperatura global (POLITICA INVESTIGACIÓN Y TECNOLOGÍA UNIVERSIDAD DE HERIOT WATT)

El debilitamiento del océano Atlántico podría recuperarse

La AMOC funciona como un sistema de transporte de calor y sal. Sus aguas superficiales cálidas avanzan hacia latitudes altas del Atlántico Norte, donde se enfrían, aumentan su densidad y se hunden. Luego regresan hacia el sur en capas profundas. Esa circulación contribuye a regular las temperaturas, las lluvias y el nivel del mar, sobre todo en el Atlántico Norte.

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El estudio analizó qué ocurriría con ese sistema bajo trayectorias idealizadas de emisiones de dióxido de carbono. El modelo utilizado incorporó una capa de hielo de Groenlandia interactiva, es decir, una representación que permite que el deshielo responda a las condiciones climáticas y, a la vez, aporte agua dulce al océano.

El aporte de agua dulce procedente del deshielo de Groenlandia altera la densidad del agua en el Atlántico Norte (REUTERS/Leonhard Foeger/Archivo)
El aporte de agua dulce procedente del deshielo de Groenlandia altera la densidad del agua en el Atlántico Norte (REUTERS/Leonhard Foeger/Archivo)

Los investigadores simularon un calentamiento global gradual de hasta 10 ℃ y, después, fases de estabilización y enfriamiento. El rango se extendió más allá de las proyecciones habituales para este siglo con el objetivo de buscar los límites de estabilidad de la circulación. Según se detalla en el estudio, la intensidad de la AMOC descendió desde unos 17 millones de metros cúbicos por segundo en el período preindustrial hasta cerca de 6 millones con un calentamiento de 7 ℃.

Ese descenso cumple ciertos criterios que otros trabajos han usado para describir un “colapso” de la corriente. Sin embargo, el estudio diferencia entre una caída por debajo de un umbral numérico y un punto de inflexión dinámico, que sería una transición abrupta e irreversible. En las simulaciones, la AMOC se debilitó de modo casi lineal a medida que aumentaba la temperatura y comenzó a recuperar fuerza cuando el planeta se enfrió.

Los científicos monitorean la temperatura, salinidad y presión del océano Atlántico con instrumentos instalados desde el año 2000 (REUTERS/Nacho Doce)
Los científicos monitorean la temperatura, salinidad y presión del océano Atlántico con instrumentos instalados desde el año 2000 (REUTERS/Nacho Doce)

El trabajo concluye que los estados muy débiles de la circulación no equivalen necesariamente a un cambio irreversible. La recuperación siguió el enfriamiento incluso cuando el modelo incluía un aporte continuo de agua dulce procedente del deshielo groenlandés. Aun así, ese proceso abarcaría siglos en los escenarios de calentamiento más elevados, por lo que la reversibilidad observada en el modelo no supondría un regreso rápido a las condiciones previas.

El futuro del Atlántico seguirá ligado a las emisiones

El estudio no asegura que el Atlántico vaya a recuperar pronto su funcionamiento actual. La simulación muestra que la corriente podría fortalecerse si la temperatura global bajara, pero ese proceso llevaría siglos en los escenarios de mayor calentamiento. Además, el ritmo de enfriamiento empleado por los investigadores requiere una reducción de dióxido de carbono que hoy supera las posibilidades tecnológicas disponibles.

El panorama es más preocupante para la capa de hielo de Groenlandia. Aunque la circulación oceánica recuperara fuerza, el hielo perdido no volvería con la misma rapidez. Con un calentamiento de 1,5 ℃, el trabajo estima un aumento del nivel del mar de unos 20 centímetros a largo plazo por el retroceso de esa masa de hielo.

El debilitamiento de la circulación oceánica modificará el comportamiento de las lluvias, las tormentas y los inviernos en Europa (EFE/Nic Bothma)
El debilitamiento de la circulación oceánica modificará el comportamiento de las lluvias, las tormentas y los inviernos en Europa (EFE/Nic Bothma)

Los científicos siguen de cerca la AMOC mediante instrumentos instalados en el océano que registran la temperatura, la salinidad, la presión y el movimiento del agua. Estas mediciones permiten detectar cambios en la corriente, pero las series de observación comenzaron a consolidarse a principios de la década de 2000 y todavía no alcanzan para distinguir con certeza una tendencia provocada por la actividad humana de las variaciones naturales.

Por eso, el futuro del Atlántico dependerá tanto de las emisiones como de la continuidad de las mediciones. Una corriente más débil podría modificar las lluvias, las tormentas, los inviernos europeos y el nivel del mar en las costas. El estudio plantea que el debilitamiento no tiene por qué ser irreversible, aunque también deja claro que evitar un calentamiento mayor sigue siendo más seguro que confiar en una recuperación posterior.

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