
A más de 150 kilómetros de la costa de Nueva Escocia, en el este de Canadá, una estrecha franja de arena azotada por la niebla y el viento del Atlántico Norte cobija la labor de una naturalista singular. Zoe Lucas, naturalista canadiense de 74 años, lleva casi cinco décadas dedicada a la investigación ambiental en Sable Island, un isla donde llegó como estudiante de arte y que terminó por convertirse en el centro de su vida profesional y personal.
Según un artículo publicado por el periódico local Halifax Examiner, Lucas pisó la isla por primera vez en 1971, cuando cursaba orfebrería en el Colegio de Arte y Diseño de Nueva Escocia, en Halifax. La curiosidad por los caballos salvajes que habitaban el territorio la impulsó a buscar la forma de regresar, y en 1974 lo consiguió como cocinera voluntaria de un equipo de la Universidad Dalhousie que estudiaba las colonias de focas.
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De voluntaria universitaria a guardiana de un ecosistema único

Tras varias temporadas con el grupo académico, asumió la gestión de un proyecto de restauración del terreno insular. Durante ese período, completó una maestría en Bellas Artes y ejerció como docente a tiempo parcial, pero la conexión con el entorno natural resultó más fuerte que cualquier vínculo con el continente.
En 1982, tomó una decisión radical: abandonó la facultad de arte y se consagró por completo a los proyectos científicos en Sable Island. Desde entonces, permaneció entre ocho y diez meses al año en ese enclave, donde compartía el terreno con personal de la estación meteorológica y, más tarde, con funcionarios de Parks Canada.
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A lo largo de las décadas, participó en una amplia variedad de programas de monitoreo. Entre los más destacados figuran estudios sobre la basura persistente en el medio marino, la interacción entre tiburones y focas, y la historia natural de los caballos salvajes de Sable Island, una población de más de 500 ejemplares que convirtió al sitio en un referente para la biología de la conservación.
Sus estudios abarcan desde aves contaminadas por petróleo hasta musgos y polinizadores
El trabajo de campo de Lucas no se limitó a los grandes mamíferos. La canadiense realizó relevamientos de playas en busca de aves marinas impregnadas de crudo y de cetáceos varados en la costa. También registró la diversidad de musgos, líquenes e invertebrados, y elaboró catálogos detallados de la flora local.
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Uno de sus proyectos más concretos consistió en trasplantar pasto de playa para estabilizar la arena y reducir los efectos de la erosión sobre las dunas, una amenaza constante en un terreno expuesto a las tormentas atlánticas. Además, produjo censos de abejas y otros insectos polinizadores, lo que amplió el conocimiento sobre las redes ecológicas del archipiélago. Parte de los resultados se difundió en revistas especializadas y en boletines de divulgación.
La trayectoria de Lucas también impulsó la creación de instituciones dedicadas a proteger el entorno insular. En 2002, fundó la Friends of the Green Horse Society, una organización sin fines de lucro destinada a financiar estudios sobre la riqueza biológica de Sable Island. Dos años más tarde, se incorporó como investigadora asociada del Museo de Nueva Escocia.
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La isla obtuvo estatus de parque nacional en 2013 tras décadas de registro científico

El reconocimiento académico llegó en 2008, cuando la Universidad Dalhousie le otorgó un doctorado honorario. Lucas también cofundó y preside el Sable Island Institute, una entidad multidisciplinaria que promueve la educación y la difusión científica sobre los valores naturales y culturales del área.
En declaraciones al Halifax Examiner, la naturalista aclaró un aspecto que cierta cobertura mediática distorsionó. “Trabajo sola con frecuencia, pero nunca estuve sola en Sable Island”. Durante los años en que operó la estación meteorológica, cada mañana reportaba su ubicación al personal y al regresar confirmaba que se encontraba bien. Actualmente, Parks Canada mantiene presencia permanente en el lugar. “No me considero científica. Soy naturalista”, precisó, quien a sus 74 años aseguró que aún experimenta momentos de asombro ante los detalles del ecosistema.
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En 2024, el Gobierno de Canadá la nombró miembro de la Orden de Canadá (C.M.) por sus “observaciones y conocimientos” sobre la isla, según consta en la página oficial del Gobernador General.
Sable Island es conocida por niebla frecuente, clima riguroso y un largo historial de naufragios que le valió el apodo de “cementerio del Atlántico”. Los registros reunidos por la canadiense durante décadas conformaron un acervo sobre las transformaciones ambientales de la región y contribuyeron a que el territorio recibiera mayor atención institucional. En diciembre de 2013, quedó bajo la protección de la legislación de parques nacionales como Reserva de Parque Nacional, la máxima categoría de resguardo ambiental del país.
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