
El calentamiento global altera el ciclo del agua y transforma paisajes que durante siglos parecían estables. El aumento de la temperatura acelera el retroceso de glaciares, reduce la cobertura de nieve en las montañas y debilita masas de hielo en las regiones polares. Esos cambios afectan las reservas de agua dulce, modifican el caudal de los ríos y elevan los riesgos de aludes, deslizamientos e inundaciones en zonas de montaña.
El deshielo también tiene consecuencias lejos de las cumbres. El agua procedente de glaciares y mantos de hielo se suma a los océanos, que además se expanden al calentarse. El nivel del mar gana terreno sobre las costas, agrava las inundaciones durante tormentas y favorece la intrusión de agua salada en acuíferos, cultivos y sistemas de abastecimiento. Las comunidades costeras, los pequeños Estados insulares y las grandes ciudades situadas en zonas bajas quedan expuestos a un problema que combina pérdida de territorio, daños a la infraestructura y presión sobre los recursos hídricos.
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En las cordilleras, las variaciones de nieve y hielo ofrecen una señal visible de un proceso de alcance global. No todas responden con la misma velocidad ni cada cambio anual permite explicar por sí solo la tendencia climática, pero el retroceso sostenido de los glaciares y la disminución de la nieve en numerosas regiones muestran cómo el aumento de la temperatura modifica tanto las alturas como el agua disponible en los continentes, destaca France 24.

El Monte Blanc y una tendencia descendente
La última medición situó al Monte Blanc en 4.807 metros, 1,88 metros por encima del registro difundido en 2023. El dato podría sugerir una recuperación, pero la comparación con una serie más amplia muestra otra trayectoria: la montaña se ubicó 1,29 metros por debajo de la altura informada en 2025 y 3,43 metros por debajo de su máximo reciente, de 4.810,90 metros, medido en 2007.
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La cifra de 2026 no implica que la montaña haya crecido en sentido geológico. También conocido como el “Techo de Europa”, se encuentra a unos 4.792 metros sobre el nivel del mar; lo que varía es la capa de nieve y hielo que la cubre.
Su volumen y su forma dependen de las precipitaciones, el viento, la temperatura, la radiación solar y las condiciones meteorológicas de los meses previos a cada expedición.
“La cima está en movimiento constante”, afirmó Jean des Garets, presidente de la Cámara Departamental de Agrimensores Expertos de Alta Saboya, durante la presentación de los nuevos datos, según recogió France 24.
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Los especialistas realizan estas campañas desde 2001 y advierten que las variaciones de varios metros entre una medición y otra forman parte de la dinámica de esa cobertura de nieve y hielo.
Aun con esas oscilaciones, la referencia de largo plazo apunta a un descenso. Des Garets explicó a Franceinfo que el promedio de las mediciones realizadas durante 25 años ronda los 4.808,80 metros. “Siempre estuvimos por encima durante los primeros 13 años y, desde entonces, siempre por debajo”, señaló.
El comportamiento de la cumbre debe interpretarse con cautela frente al calentamiento global. Una medición puntual no permite determinar cuánto incidió el cambio climático, porque una temporada con más nieve o vientos menos intensos puede elevar transitoriamente la capa superficial. “Cada medición aislada no es significativa por sí misma” en ese contexto, sostuvo Des Garets, aunque añadió que los registros permiten construir una serie que los científicos pueden analizar con el paso del tiempo.
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Los agrimensores midieron la cima el 17 de septiembre con sistemas de posicionamiento satelital, drones y, por primera vez, un georradar capaz de examinar el espesor del hielo y la roca bajo la superficie. Esa tecnología busca separar las fluctuaciones de la cubierta estacional de los cambios que puedan afectar la estructura de la montaña.

La tendencia de la cima convive con un deterioro más amplio de los glaciares alpinos. El aumento de 2026 no contradice ese proceso: refleja la variabilidad de una capa expuesta al clima de cada año. La secuencia de mediciones, en cambio, permite observar que el punto más alto de Europa occidental permanece por debajo de los niveles que superaban los 4.810 metros a comienzos de este siglo.
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La situación de los glaciares alpinos en 2026
Los glaciares de los Alpes atraviesan otro año de pérdidas aceleradas. En Suiza, donde se concentra la mayor superficie glaciar de la cordillera, el hielo perdió 5,5% de su volumen en 2026, según la red Glacier Monitoring Switzerland (GLAMOS) y la Academia Suiza de Ciencias. Fue la segunda mayor caída anual desde que comenzaron los registros, solo por detrás de 2022.

El dato cobra otra dimensión al observar la evolución reciente: los glaciares suizos perdieron cerca de una quinta parte de su volumen en los últimos cinco años. Entre 2016 y 2026, la reducción acumulada alcanzó el 27%, de acuerdo con los balances de GLAMOS. La disminución respondió a un invierno con pocas nevadas y a una sucesión de olas de calor entre mayo y septiembre, que dejaron al hielo expuesto antes de lo habitual.
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La nieve cumple una función de protección porque refleja parte de la radiación solar y demora el deshielo. En 2026, esa cobertura desapareció en algunos sectores antes de que terminara junio. El nivel de congelación superó los 4.000 metros durante 76 días, más del doble del promedio, mientras que al final del verano ya no quedaba nieve incluso a 3.500 metros de altitud, según datos recogidos por la BBC.

Las consecuencias se vieron en el espesor de las masas de hielo. Algunos glaciares perdieron entre 2,5 y 4 metros de grosor medio; en las lenguas glaciares más expuestas, la reducción llegó a 10 metros. El glaciar Aletsch, el mayor de los Alpes, registró una pérdida de 13 metros de hielo en uno de sus puntos de control más bajos, informó Swissinfo.
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“Los glaciares alpinos no tienen posibilidad de sobrevivir a largo plazo bajo estas condiciones”, advirtió Matthias Huss, director de GLAMOS. El calentamiento no afecta solo a Suiza: en Austria, los equipos del Club Alpino Austríaco también informaron pérdidas importantes de longitud y masa, con señales de un retroceso excepcional en el glaciar Pasterze, al pie del Grossglockner.
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