La hidroelectricidad noruega, tradicionalmente reconocida como fuente de “energía verde”, evidencia impactos inesperados en la vida acuática. Investigadores de la Norwegian University of Science and Technology (NTNU) documentaron episodios de mortalidad masiva de peces y fauna bentónica, vinculados a la sobresaturación de aire en las aguas descargadas por centrales hidroeléctricas.
Estudios recientes estiman que cerca del 30% de las 1.800 plantas del país presentan los mayores riesgos, un dato que cuestiona la sostenibilidad de este sector.
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El fenómeno, denominado como “enfermedad de la vejiga gaseosa”, afecta a especies como la trucha del río Otra, donde se encontraron ejemplares muertos con signos como ojos sobresalientes, hemorragias, infecciones y aletas dañadas. Expertos de la NTNU advierten que tanto peces como otros organismos se ven expuestos, especialmente en cauces bajo control de grandes centrales como la Brokke Power Plant, ubicada en Agder.

Un problema que se agrava con el cambio climático
Tanto datos de la NTNU como del centro de investigación NORCE indican que el riesgo se concentra en unas 200 grandes instalaciones capaces de verter enormes volúmenes de agua en los ríos.
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Mediciones de NORCE detectaron sobresaturaciones cercanas al 230%, superando ampliamente las cifras registradas en América del Norte o China, donde el máximo es de 160%. “En Noruega enfrentamos un problema de mayor envergadura, no deberíamos superar el 100%”, afirmó Ole Gunnar Dahlhaug, profesor de la NTNU.
El incremento de este peligro se relaciona con el cambio climático, que provoca inundaciones más frecuentes y un clima considerablemente más húmedo e inestable. Dahlhaug advirtió: “Sabemos que el cambio climático intensifica el problema, por eso deberíamos prestarle más atención”.
Las lluvias e inundaciones favorecen que el agua vertida desde las centrales transporte mayores cantidades de aire disuelto, elevando el riesgo letal para la fauna río abajo.
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Técnicamente, los investigadores explican que el proceso ocurre ya que, durante su trayecto hacia las turbinas, el agua absorbe aire debido a la gran diferencia de altura típica en muchas presas noruegas. El salto de presión permite disolver el aire en exceso y, al ser liberado tras las turbinas, se generan burbujas microscópicas que convierten el agua en una especie de “leche desnatada”.
Estas burbujas se acumulan dentro de los organismos acuáticos, origen de la enfermedad de la vejiga gaseosa. Según NTNU, la vulnerabilidad es mayor en Noruega por los considerables desniveles de sus instalaciones hidroeléctricas.
Los efectos ecológicos ya son evidentes. Investigaciones recientes en el río Otra muestran que la vida desapareció en largos tramos fluviales, y estimaciones de la NTNU sugieren que las cifras de muertes podrían ser aún mayores, ya que muchos animales mueren sin ser detectados o son devorados rápidamente.
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A nivel internacional, un caso reportado en Brasil documentó la muerte de nueve toneladas de peces en un solo fin de semana de pruebas en una nueva central, situación que inicialmente no fue advertida por los responsables.

Soluciones tecnológicas y desafíos regulatorios
Ante este desafío, el equipo liderado por Dahlhaug y el investigador posdoctoral Wolf Ludwig Kuhn desarrolló una tecnología de ultrasonido en colaboración con biólogos de NINA y SINTEF, y financiada por la NTNU.
El sistema utiliza un transductor acústico que genera ondas de presión y produce burbujas al evaporar localmente el agua, permitiendo que las moléculas de aire suban a la superficie y desaparezcan.
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Las primeras pruebas, realizadas tanto en laboratorio como en una pequeña central próxima a Trondheim, lograron aumentar el caudal tratado de 4 a 600 litros por segundo, lo que sienta las bases para ensayos a mayor escala.
Aunque los resultados son alentadores y el coste de implementación es bajo, la aplicación masiva de la tecnología aún no se concretó. “El mercado no existirá hasta que las autoridades introduzcan requisitos y se pongan los hechos sobre la mesa”, señaló Dahlhaug, según la Norwegian University of Science and Technology. Desde NTNU insisten en que solamente la regulación y el monitoreo obligatorio de la sobresaturación de aire impulsarán a las empresas a adoptar soluciones eficaces.
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Actualmente, Noruega carece de normativas que obliguen a las compañías hidroeléctricas a monitorizar o mitigar la sobresaturación de aire, a diferencia de países como Estados Unidos o Canadá, donde existen regulaciones desde hace décadas.
Investigadores de la NTNU consideran que un año de monitoreo sería suficiente para recabar los datos necesarios y que el coste sería mínimo.
Según Dahlhaug, mientras las autoridades no exijan el control obligatorio, es probable que la crisis ambiental en los ríos noruegos continúe agravándose sin un horizonte claro de solución.
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