
* Este contenido fue producido por expertos del Instituto Weizmann de Ciencias, uno de los centros más importantes del mundo de investigación básica multidisciplinaria en el campo de las ciencias naturales y exactas, situado en la ciudad de Rejovot, Israel.
Los glaciares de Alaska se están derritiendo a un ritmo acelerado, ya que pierden aproximadamente 60 mil millones de toneladas de hielo cada año. A unos 4000 kilómetros al sur, en California y Nevada, se están batiendo récords de calor y sequedad, lo que crea condiciones favorables para los incendios forestales.
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Un factor importante que contribuye al cambio climático en ambas regiones es el desplazamiento hacia el norte de las trayectorias de las tormentas invernales en el océano Pacífico Norte. Estas tormentas transportan calor y humedad desde las regiones más cálidas de la Tierra hacia el polo; cuando sus trayectorias se desplazan hacia el norte, llega más calor y humedad a Alaska, mientras que la ventilación natural del suroeste de Estados Unidos se reduce, lo que impulsa el aumento de las temperaturas.
En un nuevo estudio publicado este miércoles en Nature, el Dr. Rei Chemke, del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias del Instituto Weizmann de Ciencias, y el Dr. Janni Yuval, de Google Research, demuestran que el desplazamiento de las tormentas hacia el norte se está produciendo mucho más rápido de lo previsto por los modelos climáticos.
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Además, utilizando una nueva métrica basada en la presión a nivel del mar —un parámetro medido de forma consistente durante décadas—, los investigadores descubrieron que este desplazamiento no forma parte de la variabilidad climática natural, sino una clara consecuencia del cambio climático.
Los hallazgos se suman a una serie de estudios previos de Chemke que apuntan a un patrón preocupante: las trayectorias de las tormentas terrestres están cambiando rápidamente, y los modelos climáticos no siempre lo tienen en cuenta.
“Nuestra preparación para el cambio climático futuro depende de la capacidad de los modelos para realizar predicciones precisas”, afirma Chemke. “El hecho de que los modelos no capten el efecto del cambio climático en el reciente desplazamiento hacia el norte de las trayectorias de las tormentas, y sus consecuencias para el oeste de Norteamérica, sugiere que los cambios en esta región podrían ser incluso más drásticos de lo que prevemos actualmente”.
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