
Un hallazgo realizado por científicos australianos ha expandido el horizonte del conocimiento sobre los árboles y su rol en la lucha contra el cambio climático. Investigadores han demostrado que la corteza es el hogar de billones de microbios capaces de purificar el aire, ya que absorben gases de efecto invernadero y sustancias tóxicas, lo que multiplica el aporte ecológico de los bosques.
Para los autores, esta facultad microbiana otorga nueva relevancia a las masas forestales en el equilibrio global de la atmósfera y abre posibles líneas de acción para enfrentar el calentamiento global.
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Según concluye la investigación, publicada en la revista Science y liderada por el Dr. Bob Leung del Instituto de Descubrimiento de Biomedicina (BDI) de la Universidad de Monash junto al Dr. Luke Jeffrey de la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la Universidad Southern Cross, el estudio “reescribe nuestra comprensión de cómo los árboles y sus microbios residentes dan forma a la atmósfera”.

El Dr. Jeffrey señaló la magnitud insospechada del fenómeno al declarar: “Contando todos los árboles de la Tierra, la superficie global total de corteza cubre un área aproximadamente igual a la de los siete continentes juntos”. Según precisó, la “actividad microbiana en este enorme ‘continente de corteza’ está eliminando potencialmente millones de toneladas de gases que afectan al clima cada año”.
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Cómo fue el estudio
La investigación analizó por un lustro árboles en distintas regiones del este de Australia, incluyendo humedales, tierras altas y manglares, recolectando muestras de corteza para investigar su composición microbiana. A través de técnicas genómicas y biogeoquímicas avanzadas los expertos lograron, por primera vez, identificar y caracterizar la actividad de los microbios que residen en la corteza arbórea.
El Dr. Leung, coautor principal del trabajo, describió la singularidad del hallazgo: “Cada árbol alberga billones de células microbianas en su corteza. Sin embargo, su existencia y función se han pasado por alto durante muchas décadas, hasta ahora”, afirmó al medio Science.
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Los datos recogidos revelan que la mayoría de estos microbios son especialistas cuya vida se ha adaptado al entorno de la corteza y que desempeñan un papel central en el metabolismo de gases ambientales.

Como explicó Leung, estos microorganismos “consumen metano, hidrógeno, monóxido de carbono e incluso compuestos volátiles liberados por los propios árboles”. El resultado es una poderosa red biológica capaz de purificar el aire y modificar la química atmosférica en escalas locales y planetarias.
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El efecto depurador desarrollado por estos microbios alcanza emisiones que provienen tanto del aire exterior como del interior de los troncos de los árboles. Ese proceso mejora los beneficios ya conocidos de las masas forestales para el clima y la calidad del aire, ya que no solo fijan dióxido de carbono (CO₂) por fotosíntesis, sino que también capturan y procesan un espectro más amplio de gases nocivos.
El profesor Chris Greening del BDI, quien codirigió el estudio con el profesor Damien Maher de la Universidad Southern Cross, planteó futuras aplicaciones de este saber: “Si logramos identificar los árboles con los microbios que consumen gases con mayor actividad, podrían convertirse en objetivos prioritarios para proyectos de reforestación y ecologización urbana”.
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El profesor Greening también subrayó el valor humano de la investigación: “Además de ser un gas que afecta al clima, el monóxido de carbono también es un contaminante atmosférico tóxico. Los microbios arbóreos contribuyen a eliminarlo del aire, mejorando así su calidad”. Su colega el profesor Maher amplió la dimensión del hallazgo al señalar: “Esta investigación es realmente la punta del iceberg en cuanto a ampliar nuestra comprensión de cómo interactúan los árboles y los microbios”.
La diversidad microbiana identificada, añadió, “sugiere que quizá debamos repensar cómo los árboles y los bosques controlan el clima de la Tierra ahora y en el futuro”.
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El estudio tomó muestras de especies emblemáticas de los bosques australianos: Melaleuca quinquenervia, Lophostemon suaveolens y Casuarina glauca en humedales de agua dulce; Banksia integrifolia y Acacia longifolia en brezales costeros; Avicennia marina en manglares; y Eucalyptus siderophloia y Eucalyptus propinqua en tierras altas. Esta selección corresponde a una variedad de entornos, lo que evidencia que el fenómeno es ubicuo y no se restringe a una especie o clima específico.

Al detallar lo realizado, los científicos señalan que durante los cinco años de la investigación analizaron cortezas en regiones geográficas diversas de Australia para poder mapear la composición y actividad de los microbios. El uso de técnicas de análisis genómico fue esencial para determinar no solo la presencia de microorganismos sino su función en el intercambio de gases climáticamente influyentes.
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La evidencia presentada en Science por el equipo australiano agrega complejidad a la visión tradicional del papel ecológico de los árboles. A partir de este trabajo, se reconoce que no solo la fotosíntesis es responsable del secuestro de carbono y la reducción de gases contaminantes, sino que la interacción entre corteza y microbiota amplifica el efecto sumidero de los bosques.
El Dr. Leung y sus colegas consideran este avance como un desafío para la comunidad científica: la necesidad de seguir investigando para comprender hasta qué punto la diversidad microbiana de la corteza determina la eficacia de los bosques en la regulación climática y cómo las futuras políticas pueden aprovechar estos hallazgos para favorecer tanto el ambiente como la calidad del aire en entornos urbanos y rurales.
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