
En la carrera por frenar el calentamiento global, los océanos aparecen como un aliado clave. Diversos proyectos científicos destacan la capacidad del mar para absorber dióxido de carbono (CO₂), algo que ayudaría a mitigar el impacto de los gases de efecto invernadero.
Sin embargo, una nueva investigación advierte que algunas de estas estrategias podrían tener efectos secundarios graves para la vida marina.
Publicado en la revista Environmental Research Letters, el estudio fue dirigido por Andreas Oschlies, investigador del Centro GEOMAR Helmholtz de Investigación Oceánica de Kiel, Alemania, junto a un equipo internacional de expertos. Según sus conclusiones, muchas técnicas de eliminación de carbono en los océanos —conocidas como mCDR por sus siglas en inglés— pueden intensificar la pérdida de oxígeno en el agua, un fenómeno ya acentuado por el cambio climático.
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“El océano ha perdido aproximadamente un 2% de su oxígeno en las últimas décadas, y cualquier calentamiento adicional provocará más pérdidas”, explicó Oschlies. “Lo que beneficia al clima no es necesariamente bueno para el océano”, añadió.

Capturar carbono sin dañar los océanos
El estudio analizó diversos métodos, desde la fertilización con hierro hasta el cultivo de macroalgas y el aumento de alcalinidad del agua.
La fertilización oceánica consiste en añadir nutrientes como hierro para estimular el crecimiento de fitoplancton, un organismo microscópico que absorbe CO₂ durante la fotosíntesis, según los autores. Sin embargo, cuando el fitoplancton muere y se hunde, su descomposición consume grandes cantidades de oxígeno en las profundidades marinas. “Nuestras simulaciones muestran que este enfoque podría causar una disminución del oxígeno de 4 a 40 veces mayor que la ganancia esperada por la mitigación del calentamiento global”, señalaron los especialistas.
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Lo mismo ocurre con el hundimiento de biomasa, una técnica que propone cultivar algas y sumergirlas en el océano profundo. Si bien captura carbono, su degradación también agota el oxígeno disponible en zonas donde ya es escaso, siempre de acuerdo con estos hallazgos.

Un océano más cálido y con menos oxígeno
El cambio climático no solo calienta la atmósfera. También reduce el oxígeno disuelto en el agua, lo que afecta a peces, corales y otras especies marinas. En ese tono, el estudio plantea que algunas soluciones para frenar esta problemática podrían, paradójicamente, agravar este problema si no se implementan con precaución.
“La pérdida de oxígeno compromete la supervivencia de organismos marinos y altera cadenas alimentarias”, advirtió Oschlies. Según los modelos utilizados, técnicas como la fertilización con hierro podrían reducir el oxígeno hasta un 10% en zonas profundas del océano Antártico en apenas un siglo.
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Frente a esto, algunas alternativas —como el aumento de alcalinidad mediante compuestos a base de piedra caliza— mostraron menores impactos negativos. Estas técnicas permiten absorber CO₂ sin promover la producción de biomasa ni generar procesos de descomposición que consuman oxígeno. De todas formas, aún se desconocen los posibles efectos a largo plazo de modificar la química del océano, de acuerdo con los especialistas.

¿Qué camino seguir frente a la crisis climática?
El océano ya absorbe cerca de un tercio del CO₂ emitido por actividades humanas, lo que lo convierte en una pieza clave en cualquier estrategia contra el cambio climático. Pero su capacidad de absorción tiene límites, y los investigadores advierten que intervenir sin evaluar consecuencias puede resultar contraproducente.
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“El océano es un sistema complejo que ya se encuentra bajo una gran presión”, sostuvo Oschlies.
Al tiempo que remarcó: “Si intervenimos con medidas a gran escala, debemos asegurarnos de que no amenacen aún más las condiciones de las que depende la vida marina”.
En ese sentido, el estudio recomienda que cualquier implementación futura de técnicas mCDR incluya un monitoreo obligatorio del oxígeno disuelto, así como evaluaciones detalladas de los impactos ecológicos a largo plazo.

Reducir el CO₂ atmosférico es esencial para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París y frenar el avance del calentamiento global. Pero, como alerta esta investigación, no todas las soluciones son inocuas. “Los métodos que aumentan la producción de biomasa y luego provocan una descomposición que consume oxígeno no pueden considerarse soluciones climáticas seguras”, concluyó Oschlies.
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