
El último día (que nunca es el último día) en las cumbres de cambio climático suele ser el de las corridas, los cambios a último momento y las extensiones horarias. Se trata de la jornada, o las jornadas, cuando se define palabra por palabra qué dirá el texto final. La COP27, en Sharm El Sheikh, no es la excepción. Las discusiones duran hasta cualquier hora y hay versiones de que la cumbre africana podría incluso seguir hasta el lunes.
Pero, ¿por qué es tan importante ese texto y esos acuerdos en los que los representantes del mundo trabajan dos semanas? El texto de portada de la COP (cover text, en inglés) es un documento elaborado y acordado por los países en la cumbre anual de la ONU sobre el clima que establece los principales objetivos políticos y las metas de la reunión.
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Normalmente, el documento refleja las prioridades de acción acordadas en común y tiene un nombre que denota su estatus. En 2021, en la COP26, los países acordaron el Pacto de Glasgow, que establecía objetivos comunes como limitar el calentamiento global a 1,5ºC, eliminar gradualmente los combustibles fósiles y aumentar la financiación para el clima. Antes de la pandemia, en 2019, en la COP25, los países acordaron el tiempo de acción en un texto mucho menos ambicioso.

¿Cuál es su importancia? Lo mejor es pensar en el texto como un compromiso global público y rastreable hecho por los gobiernos por el que se les puede juzgar a lo largo del tiempo. El texto de portada adquiere importancia por el precedente que sienta y la señal política que emite.
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En el contexto de 2022, algunos sugieren que sería apropiado un mensaje político fuerte de lo que Egipto llama una “COP africana”, dados los desafiantes contextos globales que forman el telón de fondo de la conferencia y la urgente necesidad de ampliar la acción climática. La COP27 se celebra en el contexto de múltiples crisis geopolíticas: guerra, energía, alimentos, clima y los persistentes efectos económicos de COVID-19. Los impactos han sacudido a los gobiernos, desviando la atención política de lo que acordaron en Glasgow.
Hasta el momento (esto podría cambiar en las próximas horas) el debate más acalorado se da acerca de la figura de Pérdidas y Daños. La crisis climática es tan evidente que hay muchos países, especialmente los más vulnerables, que no pueden afrontar los daños que causan en sus geografías. Por primera vez las consecuencias de los desastres como inundaciones, sequías, huracanes, deslizamientos e incendios forestales son cada vez más frecuentes e intensos entraron en la agenda de debate de la cumbre. Por supuesto que no es sencillo.
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Hasta el momento hay tres posiciones:
-Crear un fondo y dejar el debate del mecanismo para el año que viene (los países menos desarrollados)
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-No crear un fondo y seguir como hasta ahora con ayudas puntuales para lugares puntuales
-Postergar el debate para el año próximo.
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Pero la letra chica también importa, así como definir quiénes serán los que pagarán por el mecanismo que se acuerde. Los países desarrollados ya tenían la obligación de aportar desde 2020, 100.000 millones de dólares al año para mitigar y adaptarse al cambio climático, pero no lo cumplen. El dinero para pérdidas y daños sería un nuevo tipo de financiamiento.
La cuestión, que en muchos aspectos es más grande y polémica que la propia instalación, es quién debe contribuir a la financiación. Estados Unidos y la UE quieren que China, como segunda economía mundial, mayor emisor actual y en vías de superar a los estadounidenses en emisiones históricas acumuladas a finales de la década, pague su parte justa.
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Pero China considera que los demás miembros del G7 nunca han cumplido con sus responsabilidades financieras ni con sus compromisos con el mundo en desarrollo, y eso es lo primero que hay que corregir. No parece ser esta cumbre la que termine de zanjar esta diferencia, sin embargo, los líderes deberían apurarse: los daños de 2022 superan los 200.000 millones de dólares, según la organización de gestión de riesgos AON.
También hay una realidad las emisiones siguen aumentando y la falta de una financiación adecuada para los que están perdiendo sus cultivos y sus medios de vida en la crisis climática, es de esperar que las empresas se vean afectadas por más casos de litigios climáticos, como el del agricultor peruano contra la alemana RWE. Desde este punto de vista, parece que tanto a las empresas como a los países les interesa resolver rápidamente los problemas de financiación de pérdidas y daños.
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El secretario general de la ONU, António Guterres, intervino anoche en un fuerte discurso y pidió a los países, que dejen de echarse culpas y pacten un acuerdo “ambicioso y creíble” sobre cómo financiar a los países vulnerables por las pérdidas y daños causados por el cambio climático. “El tiempo de hablar sobre la financiación de pérdidas y daños ha terminado. El mundo se está quemando y ahogando ante nuestros ojos”, dijo Guterres, y pidió a las partes que “demuestren que lo ven y que lo entienden”.

Los países desarrollados, destacó, no pueden seguir negando la justicia climática “a aquellos que menos han contribuido a la crisis climática y que son los más perjudicados” y es tiempo de la solidaridad. En su intervención de hace una semana, Guterres fue contundente: “La humanidad tiene que elegir: cooperar o perecer. Es un Pacto de Solidaridad Climática o un Pacto Suicida Colectivo”.
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Ese pacto, para las Naciones Unidas, requeriría que todos los países hagan esfuerzos adicionales para reducir las emisiones de carbón; que las naciones más ricas y las instituciones financieras internacionales brinden asistencia a las economías emergentes; que se termine con la dependencia de los combustibles fósiles y la construcción de plantas de carbón; que se ofrezca energía sostenible para todos, y que los países se unan para combinar estrategias y capacidades en beneficio de la humanidad.
El ritmo de esos desafíos y compromisos es lo que se juega en las cumbres del clima. En 2015, con el Acuerdo de París algunos plazos parecían acercarse a lo que la física del planeta requiere. Sin embargo, los avances y la dirección, según la ciencia, no es la que se necesita.
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