Tanquistas soviéticos y alemanes en Polonia, septiembre de 1939 (Historia/Shutterstock)
Tanquistas soviéticos y alemanes en Polonia, septiembre de 1939 (Historia/Shutterstock)

El 17 de septiembre de 1939, mientras el ejército polaco de la Segunda República intentaba contener el avance de las tropas alemanas que habían invadido el país dos semanas atrás, la Unión Soviética movilizó 600.000 soldados y atacó desde el este, sin declaración de guerra. Fueron las primeras agresiones de lo que se convertiría luego en la Segunda Guerra Mundial.

Las unidades de frontera polacas no estaban preparadas para este asalto y en un principio no supieron si debían actuar o no. Tras el caos inicial, comenzó la resistencia a esta segunda invasión, pero una guerra en dos frentes era demasiado para una Polonia que a esa altura ya estaba comenzando a colapsar por los combates en el oeste.

Un día después de la entrada de los soviéticos en la guerra, que justificaron como una liberación de territorios que pertenecían a Bielorrusia y Ucrania, el presidente polaco se internó en Rumania y el 19 de septiembre tropas alemanas y soviéticas se encontraron, entre abrazos y fotografías conmemorativas, en Brest-Litovsk.

En la operación en el este participaron entre 600.000 y 800.000 soldados soviéticos, con más de 4.000 tanques, 3.000 aviones, según estimaciones del historiador militar ruso G. F. Krivosheev. Se cree que entre 1.400 y 3.000 resultaron muertos y desaparecidos, y hasta 10.000 sufrieron heridas en los combates, a pesar de que en Rusia se sigue sosteniendo que "casi no hubo resistencia". Del lado polaco, 20.000 guardias de frontera resistieron en los primeros días, asistidos luego por 450.000 soldados regulares. Sufrieron entre 3.000 y 7.000 muertos y desaparecidos y 20.000 heridos, además de cerca de 400.000 capturados.

El hecho fue visto en ese momento casi como una operación en conjunto entre el régimen nazi y el comunista que selló el destino de Polonia, y que luego quedaría opacada por la invasión alemana de la URSS en 1941 y el acercamiento de Moscú a los aliados occidentales, Estados Unidos y el Reino Unido, para finalmente ganar la guerra.

Pero a diferencia de la invasión nazi, hoy denunciada incluso por los alemanes, la llevada a cabo por los soviéticos hace 80 años sigue estando envuelta en la polémica y el gobierno ruso, heredero político de la URSS, intentó el martes relativizar nuevamente la operación como una de "liberación" de territorios bielorrusos y ucranianos ocupados por Polonia.

Estas tierras habían quedado bajo el control de Varsovia tras la guerra entre Polonia y la URSS entre 1919 y 1921, en ese momento dos nacientes estados surgidos del final de la Primera Guerra Mundial. El Tratado de Riga estableció la frontera entre ambos.

La continuación de la guerra, en redes sociales

"La Unión Soviética no estaba en estado de guerra con Polonia, lo que fue reconocido por los países occidentales y el gobierno polaco en el exilio. Ni Londres ni París calificaron a la interferencia soviética como 'agresión' ni hicieron protestas formales", publicó el martes el Ministerio de Exteriores de Rusia en sus cuentas de Twitter y Facebook, tras trenzarse dos semanas atrás en otro conflicto por medios de redes, aquella vez con el Reino Unido.

"En este día en 1939, el Ejército Rojo liberó los territorios tomados por Polonia de los pueblos de Bielorrusia y Ucrania. Polonia, sin embargo, ni siquiera existía en ese momento. Había colapsado por los ataques nazis", indicó ese mismo día la embajada rusa en Estados Unidos, también en Twitter, volviendo a utilizar la justificación esgrimida por los soviéticos en 1939.

El gobierno polaco recurrió a la misma red social para rechazar, de acuerdo a su criterio, estos postulados. "El 17 de septiembre de 1939 la URSS atacó a Polonia, violando el pacto de no agresión de 1932. Cuando Polonia fue atacada, el gobierno seguía en el país. La agresión fue seguida de actos terroristas contra la población polaca", indicó.

Con esta última afirmación se hacía referencia tanto a la deportación de ciudadanos polacos a campos de trabajo como también a la masacre de Katyn, cuando en 1940 los soldados de la URSS asesinaron a 22.000 polacos, incluyendo 11.000 prisioneros de guerra capturados durante la campaña de 1939. Las fosas comunes repletas de cadáveres fueron halladas por los alemanes cuando lanzaron su guerra de agresión contra la URSS años después.

En agosto de 1939, cuando la relación entre los regímenes era aún buena, Alemania y la Unión Soviética habían sellado un pacto de no agresión, el llamado Ribbentrop-Molotov por los nombres de los ministros de Exteriores firmantes, que también siguió los pasos de consideración de la invasión soviética de Polonia: fue calificado de infame por las potencias occidentales, luego superado durante los años finales de la guerra contra Alemania.

La firma del pacto Ribbentrop – Molotov en 1939 (Bundesarchiv)
La firma del pacto Ribbentrop – Molotov en 1939 (Bundesarchiv)

De acuerdos secretos y particiones

Este acuerdo incluía un protocolo confidencial, que no fue revelado en sus totalidad sino hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, que establecía las nuevas "esferas de interés" de cada potencia en el Europa Central. En su punto 2 señalaba que "ante la eventualidad de una reorganización política y territorial de los distritos que componen a la República de Polonia, la frontera de las esferas de interés de Alemania y la URSS se ubicará aproximadamente entre los ríos Pisa, Narew, Vístula y San".

"La cuestión de si está en el interés mutuo de los firmantes el preservar un estado polaco independiente y las fronteras de ese estado será tratada concluyentemente en el curso de los desarrollos políticos futuros. De cualquier forma, ambos gobiernos resolverán esta cuestión a través de un mutuo acuerdo", agregaba el documento, según el texto recuperado por el Woodrow Wilson International Center for Scholars, con sede en Estados Unidos.

Aplastada la resistencia polaca, alemanes y soviéticos agregaron el 28 de septiembre otro protocolo al Pacto Ribbentrop-Molotov, esta vez estableciendo la nueva frontera entre sus "esferas de interés" en el territorio que había sido Polonia. La nueva línea de demarcación fue adoptada siguiendo una vieja propuesta del secretario de Exteriores británico Lord Curzon realizada en 1919.

Una ya icónica fotografía del encuentro cordial entre oficiales alemanes y soviéticos en Polonia
Una ya icónica fotografía del encuentro cordial entre oficiales alemanes y soviéticos en Polonia

Al oeste de esta línea, Alemania anexó una porción del territorio polaco y estableció un gobierno general de ocupación en el resto. Al este, Moscú entregó las tierras a las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Bielorrusia y Ucrania, que forman parte de la URSS, y realizó dos polémicos plebiscitos en ambas regiones, sin garantías mínimas.

En los últimos años y a diferencia de Europa, y especialmente Alemania, Rusia ha adoptada una postura cada vez más moderada sobre el pacto Ribbentrop-Molotov y las operaciones conjuntas entre nazis y soviéticos en Polonia, usualmente incluyéndolas en el marco de la política de apaciguamiento del Reino Unido y Francia para con Hitler en los años inmediatamente anteriores al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

"Nada de que estar orgulloso pero tampoco una vergüenza", ejemplifica el periódico estatal ruso Russia Beyond en un reciente artículo sobre la cuestión, firmado por Oleg Yegorov. "La URSS no fue la primera potencia europea en hacer un trato con el diablo. Las acciones de Moscú, tan cínicas como las de Londres o París, tenían motivaciones más serias", señaló.

El Reino Unido y Francia, sin embargo, han criticado abiertamente su fallida política de apaciguamiento, y ciertamente no acompañaron con sus tanques y soldados a los alemanes durante las invasiones de Austria, Checoslovaquia y Polonia.

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