"El que paga una entrada para verme jugar debe saber que soy impredecible".

La frase le pertenece a Nick Kyrgios, el tenista más polémico del circuito. La pronunció en 2016, luego de "tirar" un partido ante Mischa Zverev en Shanghai, en el que, enojado, empezó a fallar golpes a propósito y a jugar con desdén, al punto de recibir reclamos del umpire y de parte del público, con el que terminó enfrentándose.

El archivo de escándalos del tenista australiano, de 23 años, es frondoso: en 2015, en Wimbledon, ya había adoptado una actitud similar a la descripta ante Zverev. En junio último fue multado por simular masturbarse en un cotejo ante Novak Djokovic. Y ayer, luego de perder ante Stan Wawrinka en el Masters 1000 de Toronto, volvió a llamar la atención con la conferencia de prensa más extraña de los últimos tiempos.

Kyrgios, ubicado en el escalón 17 del ranking ATP, estaba visiblemente fastidioso por la caída (6-1, 5-7 y 5-7). Además, lo vienen persiguiendo las molestias físicas: debió pedir atención médica en el segundo set y venía de bajarse del ATP de Washington por una lesión en la cadera.

En consecuencia, concurrió a la conferencia de prensa sin voluntad. Y lo demostró con sus respuestas monosilábicas y un amplio menú de gestos de fastidio.

Así, se sucedieron los momentos tensos. "¿Cuál es el plan para llegar de la mejor manera al US Open?", le preguntaron. "No lo sé", respondió, lacónicamente. "Hace días dijiste que haber estado mucho tiempo fuera del circuito te hizo apreciar el hecho de jugar al tenis, ¿sigues sintiéndote así o ha cambiado?", fue otra de las consultas. "No", replicó, amargo.

Tan incómoda era la situación que la rueda de prensa se cortó abruptamente… hasta el próximo momento controvertido que protagonice Kyrgios.

Vale recordar que con su vencedor también había protagonizado un escándalo: en 2015, en Montreal, había provocado a Wawrinka con la frase "Kokkinakis se acostó con tu novia. Siento decírtelo, colega".

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