
El eclipse solar total del 12 de agosto de 2026 abrirá una ventana única para la ciencia. Equipos internacionales, respaldados por la NASA, desplegarán tecnología de vanguardia para investigar la corona solar y medir cambios en la atmósfera terrestre en dos puntos estratégicos: Islandia y España. El trayecto del eclipse se extenderá desde Groenlandia, atravesando Islandia y culminando en el norte de España, donde miles de personas y científicos pondrán sus ojos en el cielo.
La misión científica se divide en dos frentes principales. Por un lado, un avión WB-57, equipado con instrumentos de alta precisión, sobrevolará la trayectoria del eclipse para captar imágenes y datos sobre la estructura y dinámica de la corona solar, la región más externa del Sol que solo se revela durante los eclipses totales. Por otro, globos científicos lanzados en Islandia y España recopilarán información atmosférica clave, incluyendo la medición de protuberancias solares, el análisis del viento solar, la evolución de la capa límite y los niveles de ozono.
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Kelly Korreck, directora del programa de eclipses en la sede central de la NASA en Washington, explicó que un eclipse total ofrece una oportunidad irrepetible para estudiar la corona solar, inaccesible desde cualquier otro punto del sistema solar. Según la especialista, los datos que se obtengan permitirán entender mejor “cómo influye el Sol en la vida cotidiana, el funcionamiento de los satélites y la seguridad de los astronautas en el espacio”.
Cómo se estudiará la corona solar desde el aire
El avión WB-57 de la NASA se convertirá en un observatorio aéreo durante el eclipse solar total, equipado en la nariz con un conjunto de cuatro cámaras de alta resolución capaces de captar la corona solar en diferentes longitudes de onda, tanto en luz visible como en infrarrojo. Este sofisticado sistema es parte de un instrumento desarrollado por el equipo de Imágenes En Vuelo Científicamente Calibradas (SCIFLI), con sede en el Centro de Investigación Langley de la agencia en Hampton, Virginia.
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Las cámaras realizarán al menos 20 capturas por segundo, una frecuencia que permitirá registrar con precisión las complejas estructuras de la corona, los flujos de partículas solares y los cambios rápidos que ocurren durante el fenómeno. Entre los objetivos de la misión figura obtener información inédita sobre la formación de protuberancias solares, explorar por qué la corona alcanza temperaturas cercanas a un millón de grados y profundizar en la relación entre esta región solar y el viento solar.
El seguimiento de la sombra lunar representa una ventaja estratégica: mientras que desde la superficie terrestre la corona solar solo resulta visible durante un máximo de dos minutos y 18 segundos, el WB-57, moviéndose a una velocidad de 740 kilómetros por hora, extenderá el tiempo de observación a casi tres minutos.
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A una altitud de 15.000 metros, el avión superará las capas nubosas que pueden obstaculizar la visión desde el suelo y permitirá el registro de longitudes de onda infrarrojas que normalmente son absorbidas por la atmósfera antes de alcanzar la superficie. De este modo, los científicos esperan obtener datos imposibles de recolectar con instrumentos instalados en tierra firme.
Los globos medirán el impacto del eclipse en la atmósfera
El segundo eje de investigación estará enfocado en la atmósfera, un entorno que aún presenta interrogantes durante los eclipses totales. El Proyecto Nacional de Globos Aerostáticos para Eclipses, respaldado por la NASA y dirigido por Angela Des Jardins, de la Universidad Estatal de Montana, coordinará el envío de estudiantes de diversas universidades estadounidenses a Islandia y España para desplegar esta iniciativa.
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En Islandia, dos equipos prevén lanzar 80 globos entre 18 horas antes y ocho horas después del eclipse, con el propósito de analizar cómo el evento modifica la capa límite, el segmento de la atmósfera en contacto directo con el suelo. Este estrato atmosférico varía en espesor debido a factores como la temperatura de la superficie y la humedad ambiental, y los científicos buscan determinar cómo responde ante la disminución súbita de luz solar.
Las campañas realizadas durante los eclipses de octubre de 2023 y abril de 2024 revelaron que la capa límite tendía a reducir su espesor en áreas despejadas, mientras que en regiones con nubosidad ese cambio no se producía. Matthew Bernards, profesor de ingeniería química en la Universidad de Idaho, planteó la duda de si el eclipse de 2026 generará el mismo efecto en Islandia, donde durante agosto las horas de luz natural son prolongadas y las noches breves.
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En el caso de España, tres equipos lanzarán seis globos equipados con cámaras de 360 grados para registrar imágenes de la sombra del eclipse desde gran altitud. Además, incorporarán instrumentos para medir la concentración de ozono, un gas cuya presencia depende de la radiación solar.
Experimentos previos detectaron una disminución del ozono durante la fase de totalidad en abril de 2024. El objetivo este año es determinar si esa tendencia se repite bajo condiciones diferentes, ya que el próximo eclipse ocurrirá más tarde en la jornada y en otra estación.
La campaña de 2026 integrará la observación del Sol y la atmósfera en un mismo evento, reforzando el valor de cada eclipse como fuente de información novedosa y como base para perfeccionar las estrategias de investigación en futuras misiones.
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Qué aprendieron los científicos del eclipse de 2024
El Generador de Imágenes Aéreas Multiespectrales de SCIFLI, conocido como SAMI, es el instrumento que alberga las cámaras instaladas en el avión WB-57. Este dispositivo ya demostró su capacidad durante el eclipse solar total del 8 de abril de 2024, cuando voló a bordo de otro WB-57 y proporcionó imágenes y datos valiosos sobre la corona solar.

Amir Caspi, investigador principal del estudio y miembro del Instituto de Investigaciones del Sudoeste (SwRI) en Boulder, Colorado, lidera los preparativos para la campaña de 2026. El equipo ajustará los tiempos de exposición de las cámaras para captar con mayor nitidez los rasgos luminosos de la corona, que en la misión anterior resultaron sobreexpuestos, y aplicará nuevos programas desarrollados tras la experiencia de 2024 para acelerar el procesamiento y análisis de los datos.
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Caspi destacó que cada eclipse total representa una oportunidad única para profundizar en el conocimiento de la corona solar y avanzar en la comprensión de los procesos que ocurren en esta región extrema del Sol.
“El Sol está en constante cambio, cada eclipse es diferente. Así que podríamos ver cosas que no habíamos visto antes. Y aprendemos de cada eclipse cómo observar mejor el siguiente”, concluyó.
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