
Un equipo internacional de científicos ha demostrado que la aridez extrema en el núcleo del desierto de Atacama tiene una antigüedad mucho mayor de lo estimado hasta ahora. El descubrimiento, publicado en Nature Communications, revela que esta zona hiperárida del norte de Chile ha mantenido condiciones secas por más de 40 millones de años, lo que cuestiona décadas de investigaciones previas.
El núcleo del desierto de Atacama, en Chile, mantiene condiciones de sequedad extrema desde hace más de 40 millones de años, según arroja un estudio reciente. Científicos de la Universidad de Colonia y del Centro para las Ciencias de los Isótopos de SUERC analizaron isótopos cosmogénicos en guijarros de cuarzo y, gracias a ello, reconstruyeron la historia antigua de la hiper-aridez de la región, estableciendo nuevos referentes sobre la evolución de los climas extremos y los límites de la vida en ambientes hostiles.
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Una cronología revisada para el desierto más árido
Hasta la publicación de este estudio, la comunidad científica consideraba que la extrema sequedad del Atacama surgió en el Mioceno Temprano o Medio, hace entre 15 y 20 millones de años, debido a cambios en las corrientes oceánicas y al levantamiento de la cordillera de los Andes.
Sin embargo, el equipo liderado por el Dr. Benedikt Ritter-Prinz sostiene que la aridez surgió en la transición del Eoceno Medio al Tardío, asociada al enfriamiento global que siguió al denominado Óptimo Climático del Eoceno Temprano.
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“Nuestros resultados indican que el núcleo hiperárido del desierto de Atacama se estableció en el Eoceno Medio a Tardío, según una actividad superficial extremadamente baja”, señaló el Dr. Ritter-Prinz, autor principal del estudio divulgado en Nature Communications.
El hallazgo implica que el Atacama es la región que lleva más tiempo con condiciones secas y obliga a repensar cómo y cuándo se forman los entornos más extremos del planeta. Las fluctuaciones climáticas y los cambios de relieve amplificaron la sequedad, pero no fueron su detonante principal, según detalla la investigación.
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La actividad superficial en el núcleo del Atacama es casi nula, debido a precipitaciones inferiores a 2 milímetros al año. Esto ha permitido que el paisaje se conserve en términos geológicos desde que comenzaron las condiciones extremas, como destacan los autores en Nature Communications.
Cómo se reveló la antigüedad del núcleo hiperárido
El equipo científico obtuvo estos resultados analizando isótopos cosmogénicos en guijarros de cuarzo recolectados en superficies planas del núcleo hiperárido. Estos isótopos, generados por la interacción de rayos cósmicos con los minerales expuestos, permiten estimar el tiempo que las rocas permanecen sin modificación ni recubrimiento.
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Los análisis, realizados con espectrómetros de masas de alta sensibilidad en el SUERC, permitieron identificar concentraciones inusualmente altas de ^21Ne y ^10Be en las muestras. Esto indica que los guijarros han estado expuestos durante decenas de millones de años y el paisaje ha permanecido prácticamente inalterado en ese periodo.
“El núcleo extremadamente seco del desierto de Atacama recibe menos de 2 milímetros de lluvia al año, lo que ralentiza los procesos de erosión y transporte de sedimentos. Así, el entorno se mantiene preservado a lo largo de escalas temporales geológicas”, explicó el profesor Fin Stuart del SUERC, según recoge Nature Communications. La capacidad de medir cuánto tiempo los guijarros han permanecido en la superficie abre nuevas herramientas para comprender la evolución de los climas a largo plazo en la Tierra.
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Implicaciones para la vida y la investigación científica
El desierto de Atacama constituye un “laboratorio natural” para explorar los límites de la vida y el funcionamiento de los paisajes en condiciones extremas de sequedad. En ambientes así, tanto la actividad biológica como los procesos superficiales se ven reducidos al mínimo, y sus interacciones resultan difíciles de investigar.
El marco temporal ampliado permite comprender cómo evolucionan los paisajes y cómo se adaptan los organismos a situaciones prolongadas de estrés hídrico. En regiones hiperáridas como el Atacama, cualquier incremento fugaz de agua puede dejar una huella persistente en el entorno y, en ocasiones, favorecer la colonización biológica, según expone Nature Communications.
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La extensión del registro de hiper-aridez hasta hace 45 millones de años proporciona el contexto temporal necesario para analizar la relación entre las fluctuaciones climáticas, la actividad superficial y los mecanismos de persistencia de la vida en la frontera de la habitabilidad.
La singularidad de los suelos del Atacama destaca en el estudio: presentan una capacidad excepcional para absorber lluvias leves y minimizar el escurrimiento, lo que reduce la erosión y contribuye a la conservación del paisaje. Esta dinámica crea un ciclo positivo: la aridez extrema favorece el desarrollo de suelos que, a su vez, refuerzan la protección y estabilidad del terreno.
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Repercusiones para la ciencia climática global
El descubrimiento posee un impacto relevante para la identificación de umbrales de colonización biológica y la comprensión de los puntos de inflexión en los sistemas superficiales de la Tierra. Además, ofrece una base renovada para reconstruir historias climáticas y explorar los desfases entre los cambios geológicos y biológicos ante las alteraciones del clima.
La nueva cronología propuesta para el núcleo hiperárido del desierto de Atacama, como subraya el equipo en Nature Communications, establece una referencia inédita para futuras investigaciones sobre la estabilidad del paisaje y la evolución climática. El hecho de que los procesos geológicos en la región operen a un ritmo extremadamente lento brinda una oportunidad única para entender la interacción entre el clima, el territorio y la vida bajo condiciones sumamente adversas.
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