
Los nuevos hallazgos sobre la evolución animal y el surgimiento de los sistemas sensoriales abren una ventana insospechada hacia el pasado remoto de la vida en la Tierra.
Mucho antes de la famosa Explosión Cámbrica, ese momento decisivo que alteró para siempre el curso de la existencia, las primeras criaturas complejas ya habían comenzado a percibir y descifrar su entorno. Así lo sostiene un estudio internacional publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, que arroja luz sobre cómo los sentidos abrieron las puertas a la exploración de nuevos hábitats y permitieron la diversificación animal.
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La investigación reconstruye el delicado despertar sensorial de los animales primitivos, situándolo en el periodo Ediacárico, entre 635 y 539 millones de años atrás. Allí, los sistemas sensoriales empezaron a perfilarse y a perfeccionarse antes y durante la Explosión Cámbrica, que se extendió entre 539 y 519 millones de años atrás. Los rastros fósiles analizados sugieren una transición fascinante: los desplazamientos erráticos de antaño dieron paso a trayectorias precisas, dirigidas hacia recursos vitales, lo que allanó el terreno para la expansión de la vida animal sobre el planeta.
Rastros fósiles: huellas de un despertar sensorial

El equipo encabezado por los doctores Zekun Wang y Tianyun Shi se adentró en el registro fósil con una mirada nueva. Analizaron 231 rastros recolectados en diversas regiones, y hallaron evidencia de la evolución sensorial en animales cuyos cuerpos blandos casi nunca logran fosilizarse. Cada huella conservada es una pista sobre cómo aquellos organismos comenzaron a interactuar y a responder a los estímulos de su entorno.
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Wang explicó a Phys.org que, por vez primera, aquellos seres lograron reunir información sensorial para planificar el acceso a los recursos. El alcance de sus sentidos creció y, con él, la capacidad de explotar sistemáticamente los ambientes marinos, cada vez más complejos. Esto implicó también la transformación de otras partes del cuerpo, como la aparición y especialización de extremidades, que les permitieron una interacción más eficiente con el mundo que los rodeaba.
El extenso volumen de rastros permitió detectar un cambio gradual en los patrones de comportamiento: mientras los registros más antiguos muestran derivas sin rumbo, los más recientes revelan una sorprendente habilidad para identificar y dirigirse a zonas específicas. Así, el avance en la sensibilidad animal queda grabado en la piedra, como testigo mudo del progreso evolutivo.
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Del caos a la orientación: el salto en la conducta animal
Antes de 546 millones de años, los rastros animales parecían trazos caóticos, reflejo de una percepción limitada a escasos milímetros. Pero hacia el final del Ediacárico, algunos animales ya dejaban huellas directas hacia tapices microbianos y otras fuentes de alimento, captando señales a distancias de hasta 10 centímetros. Este salto sugiere la aparición de habilidades sensoriales complejas, entre ellas, quizás, los primeros indicios de visión.

En el umbral de la Explosión Cámbrica, cerca de 526 millones de años atrás, el radio de percepción sensorial se había ampliado hasta unos 15 centímetros, unas doce veces el ancho corporal de esos organismos. En términos humanos, equivaldría a captar estímulos en un radio de cuatro metros. Esta progresión se refleja en rastros de especies emblemáticas como Kimberella y Dickinsonia, que marcan el pasaje de desplazamientos erráticos a conductas orientadas y planificadas.
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Un salto evolutivo y nuevos horizontes para la ciencia
Los resultados marcan un punto de inflexión: la capacidad de localizar recursos, evitar peligros, buscar pareja y conquistar nuevos hábitats permitió a los animales superar límites hasta entonces insalvables.
Wang sostiene que muchas conductas simples, como seguir un borde o esquivar una amenaza, pueden revelar el grado de sensibilidad de estos organismos y que el estudio detallado de los rastros fósiles aún tiene mucho por descubrir sobre la inteligencia sensorial de los primeros animales.
El horizonte de la investigación se expande: los científicos buscan ahora ampliar los modelos y explorar nuevos patrones conductuales en los rastros fósiles, para desentrañar la complejidad sensorial que marcó el inicio de la vida animal. El progreso en la percepción fue decisivo para sortear los desafíos ambientales y sentó las bases de la diversidad animal que hoy define la biosfera del planeta.
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