
“Un candidato a planeta que podría ser notablemente similar a la Tierra, HD 137010 b, tiene una diferencia potencialmente grande: podría ser más frío que Marte, perpetuamente congelado”. De este modo, el sitio oficial de la NASA describió un sorprendente hallazgo que aún se encuentra bajo investigación.
HD 137010 b se encuentra a 146 años luz de la Tierra y orbita una estrella parecida al Sol. El avance se publicó en The Astrophysical Journal Letters.
El exoplaneta fue detectado a través de los datos que obtuvo el Telescopio Espacial Kepler durante su misión extendida K2. Se trata de un mundo apenas un 6% más grande que la Tierra, con un año de 355 días, casi idéntico al terrestre.
Estas similitudes hacen que los científicos lo llamen un “gemelo frío de la Tierra”, aunque existen diferencias clave: su temperatura media ronda los –68 °C (–90 °F), según los cálculos del equipo liderado por Alexander Venner, doctorando de la Universidad de Southern Queensland y actual investigador del Max Planck Institute for Astronomy.

La estrella anfitriona, HD 137010, es una enana K que comparte muchas propiedades con el Sol, aunque resulta más fría y menos luminosa. Esto provoca que el planeta reciba menos de la tercera parte de la energía solar que llega a la Tierra. “La superficie podría no superar los menos 68 grados Celsius”, especificó la NASA en su reporte oficial. El clima extremo lo acerca más a Marte que a la Tierra, pero su tamaño y órbita lo convierten en uno de los exoplanetas más interesantes hallados hasta ahora.
El interés científico por HD 137010 b no se limita a sus dimensiones o a la duración de su año. El planeta se encuentra cerca del borde externo de la zona habitable de su sistema, la región donde la presencia de agua líquida sería posible si existen condiciones atmosféricas favorables. Los modelos climáticos sugieren una probabilidad de entre el 40% y el 51% de que el planeta se sitúe dentro de esa franja crítica para la vida, dependiendo de la definición utilizada.

“Lo más emocionante de este planeta del tamaño de la Tierra es que su estrella se encuentra a solo 150 años luz de nuestro sistema solar”, destacó Chelsea Huang, investigadora de la Universidad de Southern Queensland. Huang subrayó que, en comparación, el siguiente mejor candidato similar —Kepler-186f— está cuatro veces más lejos y es mucho menos brillante.
La clave para la habitabilidad de HD 137010 b podría estar en su atmósfera. Según el equipo dirigido por Venner: “Bajo una atmósfera con mayor concentración de dióxido de carbono que la terrestre, el planeta podría ser un mundo templado o incluso acuático”. Sin esa capa protectora, el planeta sería una “superbola de nieve”, un enorme desierto helado donde el agua líquida solo subsistiría bajo kilómetros de hielo, explicaron los astrónomos.

Un hallazgo que reaviva la búsqueda de otros mundos
El hallazgo de HD 137010 b no solo ofrece la posibilidad de estudiar un planeta similar a la Tierra cerca de nuestro vecindario galáctico, sino que también abre nuevas vías para la investigación. Sara Webb, astrofísica de la Swinburne University, remarcó que “aunque el planeta podría ser similar a la Tierra, también podría tratarse de algo llamado superbola de nieve, un mundo grande y helado”. Webb advirtió que aún se requiere confirmar el hallazgo a través de más observaciones, ya que solo se detectó un tránsito del planeta frente a su estrella, mientras que el estándar científico exige al menos tres para validar un exoplaneta.
Para cumplir ese objetivo, la NASA planea utilizar el satélite TESS y la Agencia Espacial Europea (ESA) su telescopio CHEOPS. La estrella anfitriona, por su brillo y cercanía, representa un objetivo privilegiado para la próxima generación de telescopios, según el reporte de la agencia estadounidense.

A pesar del entusiasmo, llegar a HD 137010 b continúa siendo una tarea fuera del alcance humano, incluso con la tecnología más avanzada. Los especialistas calculan que, viajando a las velocidades actuales, el trayecto requeriría decenas de miles de años. Por ahora, el planeta será observado desde la distancia, mientras los astrónomos buscan confirmar su existencia y analizar su atmósfera en busca de rastros de habitabilidad.
El descubrimiento ilustra cómo, aun en el frío profundo del cosmos, la posibilidad de encontrar un mundo semejante al nuestro permanece viva. “La primera reacción fue que esto no podía ser cierto”, confesó Venner, “pero revisamos todo varias veces… y es un ejemplo de manual de un tránsito planetario”. La ciencia sigue afinando su mirada hacia el universo cercano, convencida de que el próximo gran hallazgo puede estar más cerca de lo que se pensaba.
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