
En el mundo animal, la comunicación entre individuos es un aspecto fascinante que los científicos todavía estudian para comprender mejor nuestra propia evolución y la de otras especies. Un reciente estudio sobre elefantes africanos dejó a la luz sus complejos rituales de saludo, que demuestra paralelismos sorprendentes con las interacciones humanas y sugiere posibles vínculos con el origen del lenguaje.
La investigación se enfocó en la observación de elefantes de la sabana en semi-cautiverio en la reserva de Jafuta, en Zimbabue. Observaron 89 saludos distintos con registros de 1.282 casos de señales: fueron 1.014 de acciones físicas y 268 fueron vocalizaciones.
Los resultados, publicados en la revista Communications Biology, ofrecieron una visión detallada de cómo estos majestuosos animales emplean un variado repertorio de gestos visuales, acústicos, táctiles y químicos para saludarse, dependiendo de varios factores, incluida la atención visual de su interlocutor.

“Los elefantes viven en una sociedad llamada ‘fisión-fusión’, donde a menudo se separan y se reúnen, reuniéndose después de horas, días o meses de diferencia”, explicó Vesta Eleuteri, bióloga cognitiva y conductual de la Universidad de Viena y autora principal del estudio a Reuters.
Esta complejidad social se refleja en sus elaboradas ceremonias de saludo, que van más allá de los simples encuentros casuales, lo que evidencia una rica vida social. Incluso pueden incluir el excremento para identificarse entre sí.
Igual que en algunas culturas humanas, los elefantes modifican su comportamiento de saludo dependiendo de si el otro elefante los está mirando o no. Este hallazgo sorprendente abre nuevas perspectivas sobre la comunicación animal y su posible relación con el origen del lenguaje humano.

“Los elefantes son una especie particularmente interesante en la que se puede estudiar similitudes con nuestro lenguaje. Por una parte, están muy distantes de nosotros y tienen cuerpos muy diferentes a los nuestros. Pero por otra, los elefantes, al igual que nosotros, tienen una inteligencia avanzada y viven en una sociedad compleja, donde los individuos tienen diferentes tipos y niveles de relaciones sociales”, detalló Eleuteri en La Vanguardia.
“Descubrimos que seleccionan estos gestos visuales, acústicos y táctiles, teniendo en cuenta si su compañero los estaba mirando o no, lo que sugiere que son conscientes de las perspectivas visuales de los demás. Preferían usar gestos visuales cuando su compañero estaba mirando y táctiles cuando no”, explicó Eleuteri.
Los investigadores observaron cerca de 20 tipos diferentes de gestos durante los saludos: movimientos de orejas, gruñidos, trompeteos, y el uso de la trompa para tocar o señalar. Estos gestos no solo varían en forma, sino también en su propósito comunicativo. Depende de factores como el sexo de los elefantes y la familiaridad entre ellos.

Las hembras de distintos clanes familiares establecen entre ellas conexiones sociales profundas, crean grupos de vínculos. Investigaciones previas descubrieron que los miembros de estos grupos llevan a cabo complejas ceremonias de saludo, según Eleuteri.
En contraste, los machos tienden a mantener lazos sociales menos estrechos. Sus interacciones suelen tener el propósito de minimizar el riesgo de conflictos al encontrarse. Los saludos entre ellos, caracterizados principalmente por olerse y tocarse con la trompa, indicó Eleuteri.
Eleuteri también destacó cómo el olfato desempeña un papel crucial en los saludos: “La orina y las heces de los elefantes también contienen información química importante para los elefantes, como la identidad del individuo, su estado reproductivo o incluso su estado emocional”. Y este también es una ayuda para reforzar lazos sociales.

“Los elefantes pueden defecar u orinar durante los saludos para liberar esta importante información. Otra opción es que lo hagan debido a la emoción de verse unos a otros. Pero el hecho de que los elefantes a menudo movían sus colas hacia un lado o las meneaban al orinar y defecar sugiere que pueden estar invitando a los receptores a olerlos”, explicó la autora principal del estudio.
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