
Un reciente estudio muestra que el uso de acetaminofén, una denominación científica para nombrar a la droga más conocida como paracetamol, durante el embarazo, puede presentar riesgos para el feto y para el desarrollo de la primera infancia. De esto se trata una reciente conclusión de un nuevo estudio de Nature Reviews Endocrinology, que se encuentra en revisión aún.
El acetaminofén, que tiene el nombre químico de paracetamol, es un medicamento de venta libre que los médicos recomiendan ampliamente para aliviar el dolor y reducir la fiebre.
El estudio, basado en una evaluación de 25 años de investigación en las áreas de epidemiología humana, estudios animales e in vitro, sostiene que la exposición prenatal al acetaminofén, puede aumentar los riesgos de que los órganos reproductivos se desarrollen de manera inadecuada. Se identificó un mayor riesgo de trastornos del desarrollo neurológico, principalmente el trastorno por déficit de atención con hiperactividad y comportamientos relacionados, pero también el trastorno del espectro autista, así como retrasos en el lenguaje y disminución del coeficiente intelectual.
Un panel internacional multidisciplinario de expertos, conformado por 91 médicos e investigadores piden precaución e investigación adicional.
El acetaminofén es un ingrediente activo en más de 600 medicamentos recetados y de venta libre. Lo utilizan más del 50% de las mujeres embarazadas en todo el mundo y al menos el 65% de las mujeres embarazadas en los EE. UU. Las investigaciones sugieren que el acetaminofén es un disruptor endocrino y puede interferir con las hormonas esenciales para un desarrollo neurológico y reproductivo saludable .

Las guías actuales recomiendan el acetaminofén como el analgésico de elección durante el embarazo, ya que otros analgésicos como el ibuprofeno y la aspirina no se consideran seguros después de la mitad del embarazo .
Se sabe que las tasas de trastornos reproductivos y trastornos del desarrollo neurológico, como el TDAH y el trastorno del espectro autista, han aumentado durante los últimos 40 años. Durante el mismo período de tiempo, ha aumentado el uso de acetaminofén durante el embarazo. Una de la conclusiones que sacaron los expertos es que debido a que el acetaminofén se toma con tanta frecuencia durante el embarazo, si su uso es responsable de incluso un pequeño aumento en el riesgo individual, podría contribuir sustancialmente a estos trastornos en la población en general.

En particular, el acetaminofén también es el medicamento que se administra con más frecuencia a los bebés . Se necesita más investigación para determinar si esta práctica es segura para el cerebro en desarrollo.
El uso casi omnipresente actual de acetaminofén durante el embarazo se debe en parte a la percepción generalizada, incluso entre los médicos, de que tiene efectos secundarios limitados y un riesgo insignificante. Pero un creciente cuerpo de investigación sugiere que el uso indiscriminado de acetaminofén durante el embarazo, especialmente para afecciones como dolor crónico, lumbalgia y dolores de cabeza, puede ser injustificado e inseguro.
Otro estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) elaborado con datos de más de 70.000 niños europeos ha relacionado el consumo de paracetamol durante el embarazo con trastornos por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y trastornos del espectro autista (TEA) de los menores.
La investigación, que publicada por la revista ‘European Journal of Epidemiology’, liderada por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación La Caixa, ha analizado a 73.881 niñas y niños de seis cohortes -grupos de ensayo- europeas de los que se dispone de datos sobre su exposición prenatal o posnatal al paracetamol y de al menos un resultado sobre síntomas de TEA o TDAH.
Dependiendo de un grupo de entre el 14 % y el 56 % de las madres de estos niños y niñas informaron de que habían tomado paracetamol mientras estaban embarazadas.
Los resultados revelaron que los niños y niñas que habían estado expuestos al paracetamol antes de nacer mostraban una mayor probabilidad de desarrollar posteriormente síntomas de trastornos del espectro autista y trastornos por déficit de atención que los no expuestos (un 19 % y un 21 % más, respectivamente).
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