13 tumbas en el jardín, 22 parientes bajo el terreno: el cantón salvadoreño donde los muertos nunca se van de casa

En San Francisco Los Reyes, las familias conviven con sus difuntos enterrados en sus propios terrenos desde hace generaciones. La distancia al cementerio y las dificultades de transporte explican una práctica que hoy sigue vigente y cuenta con permiso oficial.

Las familias de San Francisco Los Reyes en Zacatecoluca mantienen la costumbre de sepultar a sus parientes en sus propios terrenos. (Cortesía: Canal 12)
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Las familias de San Francisco Los Reyes, en Zacatecoluca, mantienen desde hace décadas la tradición de sepultar a sus parientes en los terrenos de sus viviendas, una práctica vinculada a la distancia que las separa de los cementerios municipales, según La Prensa Gráfica.

El distrito de Zacatecoluca cuenta con dos cementerios municipales, situados a unos 10 kilómetros del cantón. Los habitantes consideran que esa distancia dificulta los traslados para visitar las tumbas y realizar su mantenimiento.

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No existe un registro oficial sobre cuántas personas han sido enterradas dentro de las propiedades de San Francisco Los Reyes. Los residentes estiman que la mayoría de las familias del cantón tiene al menos a un pariente sepultado en su vivienda.

Tumbas familiares dentro de las viviendas

La familia de los esposos García Cruz conserva alrededor de 13 tumbas de parientes en el terreno donde vive. La persona enterrada hace más tiempo en esa propiedad fue sepultada en 1980, mientras que el entierro más reciente ocurrió el 11 de octubre de 2025.

Los dos cementerios municipales de Zacatecoluca se ubican a diez kilómetros del cantón, una distancia que complica los traslados. (Imagen retomada de La Prensa Gráfica)
Los dos cementerios municipales de Zacatecoluca se ubican a diez kilómetros del cantón, una distancia que complica los traslados. (Imagen retomada de La Prensa Gráfica)

Alma Cruz detalló, a La Prensa Gráfica, quiénes descansan en el lugar: “Aquí están mis abuelos, mis tíos, mi hermana. Son varios. Aquí están mis cuñados también”.

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Los habitantes explicaron que deben solicitar una autorización en la oficina distrital de Zacatecoluca para realizar inhumaciones en sus terrenos. Entre los requisitos figura demostrar que la propiedad pertenece a la familia que pide el permiso.

“Solo se va a pedir un permiso a la alcaldía, en Zacatecoluca, y nos dan el permiso. Aquí toda la gente tiene a sus parientes fallecidos en sus casas”, afirmó Cruz.

La limpieza de las sepulturas por el Día de los Difuntos

Las familias limpian y dan mantenimiento a las tumbas, una tarea que adquiere mayor importancia durante la conmemoración del Día de los Difuntos. En esa fecha, otros parientes llegan al cantón para enflorar las sepulturas.

Leonardo Rodríguez ha destinado tres espacios de su propiedad a los entierros familiares y aseguró que allí fueron sepultados hasta 22 familiares. Aunque desconoce el origen exacto de la costumbre, sostuvo que se mantuvo durante varias generaciones.

El cantón carece de un registro oficial sobre el número de personas inhumadas dentro de las propiedades privadas. (Imagen retomada de La Prensa Gráfica)
El cantón carece de un registro oficial sobre el número de personas inhumadas dentro de las propiedades privadas. (Imagen retomada de La Prensa Gráfica)

Rodríguez explicó que la práctica surgió cuando trasladar a los fallecidos hasta el cementerio urbano era más difícil: “Esto viene desde hace muchos años. En los cantones, cuando fallecía alguien, era difícil por el transporte y llevarlos hasta el cementerio en la ciudad. Entonces, las personas decidieron enterrar a sus seres queridos en sus terrenos, cerca de su casa”.

La Alcaldía de La Paz Este no respondió la consulta de La Prensa Gráfica sobre los procedimientos y las regulaciones aplicables a estas autorizaciones.

Los cementerios de Zacatecoluca, El Espino y Analco, reúnen una memoria viroleña que abarca prácticas funerarias indígenas y coloniales, el surgimiento de familias vinculadas al café y al añil, y relatos asociados al conflicto armado de los años 80. Ambos espacios reflejan los cambios de la ciudad ante la falta de lugares para nuevas inhumaciones.

El Cementerio de Analco, el más antiguo del área urbana, fue el primero en quedarse sin capacidad a finales del siglo XX. Esa saturación convirtió a El Espino en el principal receptor de entierros de la ciudad moderna.

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