
Al igual que en las playas asiáticas, el turismo masivo es la pesadilla de todas las locaciones que estuvieron fuera del radar turístico durante años y que hoy viven un auge inusitado. En este caso, la ciudad medieval de Kotor, en Montenegro, se encuentra amenazada por el turismo masivo.
Esta joyita del Adriático situada en el fondo de un golfo espectacular sobrevivió durante siglos a los caprichos del tiempo y a las guerras, pero ahora está amenazada por el turismo.
Casi como una rutina diaria, enormes cruceros amarran en su bahía para dejar a miles de turistas en la ciudad fortificada, considerada durante mucho tiempo como un "tesoro escondido", un lugar que el poeta inglés Lord Byron calificaba como la "fusión perfecta entre el mar y la tierra".

Con sus murallas, su puerto y sus edificios de piedra blanca rodeados de acantilados de caliza, Kotor era hasta hace poco una alternativa turística a la mítica ciudad croata de Dubrovnik, situada unos 70 kilómetros más al norte, cuando esta última empezó a ser víctima de su éxito.
Algunas guías turísticas desaconsejan ahora ir a Dubrovnik debido a la enorme afluencia de visitantes, atraídos por la serie Game of Thrones, cuyo rodaje se realiza en parte en la ciudad croata.
En Kotor, los lugareños temen vivir una situación parecida. En verano, esa ciudad de 22.600 habitantes, acoge hasta cuatro buques de crucero cada día y 10.000 turistas diarios en temporada alta.

La localidad, declarada en 1979 como Patrimonio Mundial de la Unesco y considerada como "más auténtica" que Dubrovnik, se convierte en "una gran tienda de souvenirs", lamentó Sandra Kapetanovic, miembro de Expedito, un grupo de arquitectos locales que defienden un desarrollo sostenible.
"Han matado a Venecia y Dubrovnik. Esperemos que no maten a Kotor", tuiteó hace poco un viajero de la guía Lonely Planet, junto con una foto de un barco de crucero en el puerto montenegrino.
Jasminka Grgurevic, experta en conservación de la arquitectura, lamenta las dificultades logísticas que implica la presencia de tantos turistas. "Cuando hay una multitud en la ciudad, se tarda media hora en hacer un corto trayecto de 500 metros o un kilómetro. Es un problema cuando hay que proporcionar una ayuda médica urgente, y sobre todo para los ancianos".

El boom turístico no es el único problema de Kotor. La Unesco alertó contra un desarrollo inmobiliario desenfrenado que amenaza el principal atractivo de la ciudad, su "armonía" con la naturaleza. De hecho la organización de Naciones Unidas amenazó en 2016 con retirar a la ciudad de la Lista del Patrimonio Mundial.
Las autoridades reaccionaron imponiendo el año pasado una moratoria sobre las construcciones en la ciudad, donde los alquileres aumentaron mucho, obligando a los libreros y dueños de pequeños comercios a abandonarla.
El turismo es vital para la economía de Montenegro, de la que representa un cuarto del PIB. El país, que tiene poco más de 600.000 habitantes, recibe cada años dos millones de visitantes, sobre todo en sus costas.
El sector se hundió en los años 1990 con los sangrientos conflictos que hicieron desaparecer la ex-Yugoslavia, pero, tras la proclamación de la independencia en 2006, se benefició de una amplia fase de expansión inmobiliaria alentada por inversiones extranjeras, sobre todo rusas, y resistió a la crisis de 2008.
Los complejos inmobiliarios proliferaron e invadieron las costas montenegrinas. Los inversores "aprovecharon de ello, en detrimento de futuros lugares turísticos", construyendo altos edificios desde los que no siempre se puede acceder a la playa, explicó Rade Ratkovic, profesor de negocios y turismo en Budva, uno de los centros turísticos del país.
Damir Davidovic, de la oficina nacional de turismo, asegura que las autoridades son conscientes del problema, algo necesario si se tiene en cuenta que Montenegro afronta, como otros lugares de Europa, la multiplicación de las locaciones privadas entre particulares, a través de plataformas como Airbnb.

"La circulación, los aparcamientos, la electricidad… Semejante afluencia turística supone una enorme agresión contra las infraestructuras y agota la paciencia de la población local", dice Mustafa Canka, un periodista montenegrino especializado en el turismo, mientras observa la playa abarrotada de Ulcinj (sur).
Pero, como recuerda, "todos los que viven del turismo solo esperan esos 45 días del año" en que los visitantes llenan el lugar. "La avidez ha invadido nuestro espacio y amenaza ahora nuestro futuro", lamentó.
Con información AFP
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