Olivia y Álvaro Torres junto con su perra Perica
Olivia y Álvaro Torres junto con su perra Perica

Dejar todo atrás. Ese trabajo que no nos llena, las cuentas que casi no alcanzamos a pagar a fin de mes, las expectativas que tenemos para nosotros mismos pero que, por una cosa u otra, optamos por cajonear. Armar la valija, abandonar los objetos innecesarios con los que nos rodeamos, llevar sólo lo básico, lo esencial. Y aventurarse. Cerrar los ojos y poner el dedo en un punto aleatorio del globo terráqueo. Partir. Pero soñarlo y animarse son dos cosas diferentes.

"Viajamos porque queríamos tener una experiencia fuerte de pareja antes de tener nuestros hijos. Viajamos porque queríamos experimentar en esta vida corta nuestro continente, conocer su gente, su cultura y sus hábitos. Viajamos para conocernos más a nosotros mismos y poder conocer qué queremos seguir haciendo y qué nos gustaría hacer después de esta aventura".

La fiesta de Pentecostés o “Señor de Choquekillka”, en Ollantaytambo, Cuzco
La fiesta de Pentecostés o “Señor de Choquekillka”, en Ollantaytambo, Cuzco

Olivia es una fotógrafa argentina de 28 años. El 11 de marzo se casó con el amor de su vida, Álvaro, un administrador de empresas de 31 años que trabajaba como gerente comercial en una compañía de logística. Se conocieron ocho años atrás. Ella era amiga de sus hermanos pero no se conocían. Vivían a ocho cuadras pero nunca se habían visto siquiera. "Conocí a una mujer igual a vos", le dijo su hermano Rodrigo, pero ese comentario le entró por un oído y le salió por el otro.

Fanáticos del surf y del kitesurf, también dan clases durante el viaje para poder financiarse
Fanáticos del surf y del kitesurf, también dan clases durante el viaje para poder financiarse

Cuando planeaba irse a vivir solo, Álvaro quiso hacer un viaje con sus hermanos, pero nadie podía porque ya habían organizado uno a Trenque Lauquen, a donde iban a ir para a ayudar a familias con necesidades básicas. Decidió sumarse y también "Oli", como la llama cariñosamente. De esa travesía nació una relación de pareja, amistad y compañerismo.

Durante los preparatorios para su casamiento, decidieron que su luna de miel sería la excusa ideal para cumplir uno de sus sueños: viajar por el mundo. Antes de tener mayores responsabilidades, ser padres y rendirse a la rutina, optaron por emprender un viaje por el continente americano, de Buenos Aires a California, en una motorhome W Westfalia T3.

La motorhome W Westfalia T3 en la que viajan y viven
La motorhome W Westfalia T3 en la que viajan y viven

Todo comenzó cuando leyeron Atrapa tu sueño, hace más de siete años. "Se trataba del relato de una pareja que salió de Buenos Aires con su Graham Paige (un auto antiguo) recorriendo parte del continente americano hasta Alaska. Luego de leerlo, mantuvimos la idea de que en algún momento nosotros podríamos ser protagonistas de una aventura parecida", confiesa Olivia en diálogo con Infobae.

Ése fue el motor que encendió su curiosidad, que estuvo germinándose durante años hasta que estuvieron preparados para emprender rumbo. Crearon la página Aborigen, que fue la plataforma con la que recolectaron su presupuesto inicial. Al planear su viaje como una "luna de miel extendida", los regalos de casamiento eran kilómetros valuados y regalados a través de la web. También se nutrieron de sponsors, y todos los meses envían contenido exclusivo para las redes de esas marcas. Así partieron el 23 de marzo junto con Perica, su border collie de tres años, y hoy llevan un año y más de dos meses "on the road". "Pensamos continuar unos 8 ó 10 meses más para llegar a Estados Unidos", cuenta Álvaro.

Una casa de 350 cm por 180 cm, a 70 km/h

La motorhome W Westfalia T3 no es sólo un vehículo. Es la herramienta que hace posible cada kilómetro recorrido, y también es su lugar de descanso, su cocina y protagonista constante de sus aventuras. "La motorhome viene siendo nuestra casa desde hace más de un año, pero no es una experiencia para cualquier persona", advierte Álvaro. "A nosotros nos parece la mejor forma que experimentamos al momento de viajar, ya que llegás a lugares que no son turísticos y a veces son mucho más lindos y menos explorados, no contás con horarios de salida, llegada, ni hay que combinar logística. En definitiva, tenés una libertad plena y eso es lo que vas sintiendo a medida que vas viajando de esta manera. Podés estacionar en cualquier lugar, despertarte en paraísos y conocer la gente local más de cerca".

Vivir en la motorhome es vivir en un espacio reducido. Es un "microambiente" que enseña cada día a vivir con menos cosas, lo que da paso a comenzar a disfrutar de los momentos cotidianos que en la rutina se pasan por alto. "Hasta ahora todos los imprevistos que tuvimos estuvieron relacionados a la camioneta", reconocen. "Pero por suerte nunca nos dejó en medio de la ruta. En todos estos imprevistos terminamos conociendo gente muy buena en donde generamos una relación que al día de hoy perdura".

Cocina, living y dormitorio en un ambiente reducido y sobre ruedas
Cocina, living y dormitorio en un ambiente reducido y sobre ruedas

Uno de estos imprevistos surgió en Chile, cuando llegaron a un pueblo llamado Vallenar con el testigo de la batería titilando. "Hasta ese momento no estaba seguro de cuál sería la causa", recuerda Álvaro. "Como no nos gustó el pueblo seguimos camino a Huasco, un pueblito al lado del mar en el centro de Chile. Llegamos de noche, algo que generalmente no hacemos y decidimos estacionarnos en frente de una biblioteca. Al otro día salgo a buscar un mecánico al puerto y un señor me recomienda uno. Voy a la casa, le explico la situación y en donde estaba estacionado. A las horas nos dimos cuenta de que nunca iba a venir. Al poco tiempo una camioneta se estaciona al lado mío. Sale un hombre llamado Pablo que estaba yendo con su sobrino a jugar un rato. Nos preguntó si teníamos algún problema y nos ayudó a recorrer todas las alternativas posibles para que la camioneta se arregle y vuelva a funcionar normalmente. Conocimos a su familia y compartimos comidas".

La convivencia constante en un espacio reducido siempre es un desafío
La convivencia constante en un espacio reducido siempre es un desafío

Más allá de un problema ocasional, vivir en un vehículo de este tipo presenta un inconveniente aún más grande: la convivencia constante en un espacio reducido. "Por suerte consideramos que nos conocíamos lo suficiente para que el desafío más grande del viaje, que es convivir 24 horas todos los días, funcione", asegura Álvaro. "Obviamente que pasar de una rutina donde cada uno tiene sus horarios, en la que tiene que lidiar con problemas por su cuenta, cambia las cosas. Creo que, al estar cambiando el entorno a cada momento, hace que la experiencia de viajar te desafíe en la manera de vivirlo. Cada uno tiene diferentes reacciones y cada uno tiene buenos y malos días".

Pero la experiencia de viajar hace que uno se relaje más frente a situaciones que en un primer momento eran desconocidas, nuevas o inexistentes, aclara: "Al día de hoy podemos decir que estamos seguros de que esta experiencia va a marcar nuestras vidas, que nos conocemos más, que tenemos un camino juntos a seguir, para continuar creciendo, y que cuando estamos bien entre los dos pasan los mejores momentos".

El mar como guía de una aventura americana

“No es que los destinos ya estaban definidos antes de salir, sino que teníamos una idea planteada que nos servía como guía”, cuenta Olivia a Infobae
“No es que los destinos ya estaban definidos antes de salir, sino que teníamos una idea planteada que nos servía como guía”, cuenta Olivia a Infobae

"Cuando empezamos a diseñar el viaje nos planteamos agregarle un propósito que compartamos juntos. Desde que nos conocimos empezamos a practicar kitesurf, deporte que nos apasiona, lo que nos facilitó para decidir la ruta que tomaríamos: bordear el Pacífico Americano", revela Olivia. "No es que los destinos ya estaban definidos antes de salir, sino que teníamos una idea planteada que nos servía como guía.".

De esta manera, cuando ya habían pasado seis meses del comienzo del viaje y se propusieron extenderlo, decidieron que para financiarse buscarían trabajo haciendo lo que más les gusta. Ofrecen clases de kitesurf, venden fotos, videos y postales del viaje, además de dar cursos de fotografía. Antes de partir también hubo dos marcas que los apoyaron con equipos de kitesurf y ropa de agua y luego en el viaje se sumaron otras dos.

Pero hay momentos en los que inevitablemente se alejan del mar para conocer algunas de las maravillas más increíbles del continente, como San Pedro de Atacama (Chile), Machu Picchu (Perú) o el eje cafetero (Colombia). "También nos basamos en consejos de viajeros que hicieron ya la ruta, consejos de gente local, imprevistos con la camioneta que nos derive en pueblos que nos terminaron gustando u oportunidades de trabajo, pero mayormente decidimos no alejarnos del Pacífico", aclaran.

En lo que va del viaje han recorrido 7 países y más de 100 pueblos
En lo que va del viaje han recorrido 7 países y más de 100 pueblos

Hasta ahora llevan más de 15.000 km recorridos. Salieron de Argentina para Santiago de Chile cruzando por el Paso Internacional Los Libertadores, y desde allí, rumbo al norte. "Tratamos de no hacer más de 200 km cada vez que salimos a la ruta, teniendo en cuenta que la camioneta anda a una velocidad crucero de 70 km/h, no manejamos de noche y tratamos de llegar de día a los lugares donde vamos a dormir para asegurarnos de no pasar malos ratos. En lo que va del viaje hemos recorrido 7 países, más de 100 pueblos y hemos conocido una infinidad de personas y vivenciado experiencias y recuerdos compartidos".

El Camino del Altiplano andino, las Líneas de Nazca, las playas del norte peruano terminando en Máncora, Montañitas en Ecuador, Lago Calima en Colombia, Punta Chame en Panamá, las playas de Costa Rica…. Los destinos visitados se suman a una experiencia inolvidable que culminará en California recién en el 2019. Un continente inagotable de bellezas naturales, pueblos encantadores y magia en cada rincón.

El día a día y la gente que se cruza en el camino

En toda aventura de este tipo existe una rutina, quizás más o menos rígida. "Nosotros nos adaptamos a cada lugar donde nos quedamos. En los lugares de paso es una rutina más simple porque casi todo el día estamos en ruta escuchando música, compartiendo unos mates y frenando a comer algo", comparte Álvaro. "En los lugares donde solemos estar unos días, generalmente son destinos donde podemos practicar nuestros deportes. kitesurf o surf".

Coco los ayudó a poner a punto la motorhome y les abrió la puerta de su casa
Coco los ayudó a poner a punto la motorhome y les abrió la puerta de su casa

Se despiertan apenas sale el sol, toman un café comen fruta y al agua: "Estar en el agua nos cambia el día, es como una terapia. Poder practicar el deporte en contacto con la naturaleza establece una unión que queremos vivir y compartir todo el tiempo que podamos. También la compartimos con los animales del lugar. En Ecuador, en el mes de septiembre, las ballenas pasan por enfrente del lugar donde practicamos kitesurf. En Perú surfeamos con lobitos marinos y también aparecen tortugas. En Panamá hay que tener cuidado con las mantarrayas que están a la entrada del océano". Al mediodía, al ser destinos muy calurosos generalmente se resguardan bajo techo o sombras y recargan energía para continuar a la tarde.

Y una integrante infaltable y esencial del clan es Perica. "Desde el momento en el que empezamos a viajar supimos que lo queríamos hacer con un perro", se acuerda Olivia. "Dos años antes de empezar el viaje llegó Perica a nuestra casa. Antes de poner primera para avanzar nunca nos imaginamos la cantidad de gente que nos iba a presentar. Es una perra independiente -y hasta a veces demasiado-, y se le acerca a personas con las que luego terminamos viviendo momentos inolvidables".

En Arica, Perica se puso a jugar con unos perros en la arena. El dueño se acercó y empezaron una charla que culminó con un asado en la playa. En el mismo lugar, una tarde la ven en la otra punta de la playa. Van a buscarla y terminan conversando con una familia que también estaba viajando en motorhome. Con ellos recorrieron juntos parte de Perú y parte de Ecuador, y hasta armaron un grupo de Whatsapp que llamaron "Mis vecinos preferidos". En Perú también entablaron una relación con una pareja de viajeros franceses que viajaba con su perro después de que ellos ya hubieran conocido a Perica en Chile.

"Hay momentos donde uno se cansa, donde se siente inseguro, donde no encuentra cómo solucionar 'x' problema. Todo esto pesa menos en la balanza cuando te das cuenta de que hay más gente buena que mala, que vivís una experiencia única, que si lo vivís acompañado es el doble de gratificante y que conocer gente es el mejor regalo. De hecho, las estadías en los lugares dependen mucho de la gente que conocemos más que del lugar en sí y que poder meterse al mar y estar en contacto con la naturaleza todos los días es algo impagable".

Nómades con un propósito

Hasta ahora llevan más de 15.000 km recorridos desde que partieron de Buenos Aires, y aún queda mucho por conocer
Hasta ahora llevan más de 15.000 km recorridos desde que partieron de Buenos Aires, y aún queda mucho por conocer

A su proyecto lo llamaron "Aborigen", y la elección no fue casual. "Una de las varias noches en las que tratábamos de pensar el nombre, se me ocurrió anotar en WhatsApp la primera letra de los países que íbamos a recorrer, y al no formarse nada le saqué las letras repetidas, la aplicación me sugiere 'Aborigen', explica Olivia. "Enseguida buscamos la definición y decía: 'Originario del suelo donde vive'. Si bien nosotros íbamos a estar en movimiento, nos gustó la definición porque en el viaje íbamos a llevar lo que nosotros somos, lo que vivimos y lo que aprendimos en el suelo donde nacimos".

"Uno de nuestros propósito a la hora de viajar es compartir nuestro origen, nuestra cultura con otros, y, siendo argentinos, donde lo cultural pesa tanto, nos parecía un nombre que nos identificaba", concluyó.

En unos ocho o diez meses, cuando cierren este capítulo, el futuro es incierto. "Si como consecuencia de esto encontramos un lugar que reúna las condiciones que queremos para instalarnos, después de llegar a Estados Unidos, iremos a probar suerte allí", vaticinan. Como un sueño futuro, les encantaría recorrer la Patagonia argentina y chilena. Pero, por ahora, a seguir rodando.

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