A partir de una propuesta realizada por el Foro Costero Ambiental de la ciudad de Mar del Plata, el pasado viernes 26 de julio fue declarado el primer "Día sin descartables" en esta localidad atlántica. La propuesta tuvo alto acatamiento y alguna repercusión mediática.
Con el objeto de profundizar aún más la propuesta se anunció que la acción se repetirá todos los últimos viernes de cada mes y que a partir de diciembre se prohibirá totalmente el uso de plásticos de un solo uso en toda "la feliz".

La propuesta pega en el centro de un debate a nivel mundial: estos productos, junto a los alimentos desperdiciados, componen el mayor porcentaje de la basura que inunda el planeta.
La oferta y la producción de productos descartables abarca desde bolsas y pañales hasta vajilla y apósitos. Muchos de ellos están fabricados con plástico, telgopor, polipropileno y otros materiales que son difíciles de reciclar, no son biodegradables y provocan gran contaminación.

Es innegable que ahorran tiempo y muchas veces son más baratos y prácticos. Pero el costo es abrumador y lo está pagando el ecosistema y la biodiversidad. Es por eso que reducir su utilización se convierte en una de las claves en la lucha contra el mayor problema ambiental que tiene el mundo: la proliferación de basurales.
Es necesario que la sociedad tome conciencia sobre la relación que tienen esas simples bolsitas y vasitos con el mayor desafío ambiental que tiene hoy nuestro país: ¿qué hacemos con los residuos sólidos urbanos y con los cinco mil basurales a cielo abierto que tiene la Argentina?

Hace algunos años en la Argentina se vienen promocionando algunas prácticas que contribuyen al medio ambiente como por ejemplo las "compras responsables" o verdes. Uno de los objetivos de estas acciones es evitar la compra de productos descartables y su reemplazo por otros más duraderos o que estén fabricados con materiales biodegradables o reciclables.
Si bien es bueno que estos principios sean aplicados por empresas e individuos de buena voluntad, se torna primordial la participación del Estado con leyes, incentivos y regulaciones. Si no, todo ese espíritu voluntarioso terminará, como los productos desechables, en una montaña de cosas que no sirven.

En principio, los marplatenses dieron el viernes una muestra de conciencia. Desde la organización esperan la adhesión de cámaras empresarias, sindicatos, colegios y comercios que promocionen una vida con una menor cantidad de productos descartables.
El Estado debe apoyar y acompañar efectivamente estas iniciativas locales desperdigadas por todo el país. Si no lo hace puede que, en un tiempo, las empresas y ciudadanos responsables comiencen a experimentar la desagradable sensación de que su accionar también ha comenzado a ser material descartable.
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