Cientos de ciudades en el mundo con altos niveles de contaminación sufren los efectos del "smog", término nacido de la unión de las palabras inglesas "smoke" y "fog", humo y niebla, respectivamente.
Aunque es cierto que se escucha cada vez menos hablar de él, su efecto dañino permanece intacto, sobre todo en ciudades en las que hay exceso de automóviles o de plantas industriales. Tiene una explicación: las concentraciones de óxido de sulfuro y de nitrógeno, hidrocarburos y millones de partículas de plomo, manganeso, cobre, níquel, cinc y carbón no suelen ser el mejor aliado del bienestar humano.
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Es bueno aclarar que el smog no es un contaminante en sí mismo sino una consecuencia de la contaminación atmosférica. En ciudades con climas secos, cálidos y soleados en donde, además, hay mayor cantidad de vehículos, el impacto suele ser más alto.

Para la Organización Mundial de la Salud, los límites de contaminación tienen un umbral máximo: 20 microgramos por metro cúbico para la concentración media anual de partículas finas PM10 en el aire.
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Las PM10 son las denominadas "partículas en suspensión". Abarcan un amplio espectro de sustancias orgánicas o inorgánicas procedentes de fuentes naturales o artificiales y pueden causar afecciones a la salud por su facilidad para introducirse tanto en los pulmones como en el torrente sanguíneo.
Los contaminantes atmosféricos son diversos y cada uno de ellos afecta de distinta manera al organismo. Irritación ocular y de la garganta, tos, fatiga, anemia y en general una sobrecarga de las vías respiratorias, son algunos de los efectos de esta contaminación. Si además la víctima sufre asma, alergia u otros problemas pulmonares, el smog puede llegar a matar como ya ha quedado demostrado con la muerte de miles de personas en distintas ciudades.
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En Buenos Aires se registran, como promedio anual, 26 microgramos por metro cúbico, es decir un 30% más de lo recomendable. Las estaciones de medición se encuentran en La Boca, Barrio Norte y Parque Centenario y dependen del Sistema de Estadística Ambiental de la Nación.
Pero Buenos Aires no es una excepción ni mucho menos: un estudio reciente realizado también por la Organización Mundial de la Salud revela que ocho de cada diez ciudadanos del mundo respiran un aire con niveles de contaminación que superan los límites recomendados.
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Todo un desafío ambiental de difícil solución si no se discute el sistema mismo que lo provoca: consumismo irresponsable a cualquier precio y falta de controles estatales a la generación de gases tóxicos.

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