
Una fruta olvidada en la heladera, porciones que nadie termina o productos que vencen antes de ser consumidos: el desperdicio de alimentos suele comenzar con pequeñas decisiones cotidianas. Sin embargo, buena parte de estas pérdidas se puede prevenir incluso antes de llegar al supermercado. Planificar las compras, conservar correctamente los productos y calcular las cantidades necesarias son hábitos que ayudan a aprovechar mejor la comida y evitar que termine en la basura.
El problema tiene dimensión global. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señala que el 13,2% de los alimentos se pierde después de la cosecha y antes de la venta minorista. En tanto, el 19% adicional se desperdicia en comercios, servicios de comida y hogares, según las estimaciones de 2024 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).
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Estas pérdidas y desperdicios representan entre el 8% y 10% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.
1. Revisar la cocina para comprar según comidas previstas
El punto de partida es mirar qué hay en la alacena, heladera y freezer. Ese relevamiento ayuda a identificar alimentos ya disponibles, envases abiertos y productos próximos a vencer. Con esa información, se puede armar menú para los días siguientes y preparar una lista ajustada a las cantidades necesarias.

El organismo recomienda evitar las compras impulsivas y adquirir únicamente lo que tendrá un uso definido. Para los alimentos perecederos, como frutas, verduras o carnes, su guía propone considerar compras más frecuentes y de menor volumen si no existe capacidad para conservarlos. Una lista basada en lo que ya hay en casa reduce las duplicaciones y la acumulación.
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- Revisar existencias antes de salir.
- Definir las comidas de los próximos días.
- Anotar cantidades concretas y evitar sumar productos sin destino previsto.
- Controlar las fechas de vencimiento al elegir alimentos.
2. La rotación evita que los productos queden olvidados

Una vez guardada la compra, los alimentos más antiguos deben quedar al frente y los recién adquiridos, detrás. La herramienta se conoce como First In, First Out, o “primero en entrar, primero en salir”. Su objetivo es que los productos que llevan más tiempo almacenados se consuman antes.
La FAO aconseja aplicar esta rotación en la alacena, heladera y freezer. También recomienda identificar con fecha los recipientes que se congelen. Así se conoce cuánto tiempo lleva almacenada cada preparación y se facilita la planificación de su uso.
3. La conservación adecuada protege la calidad y seguridad

Cada tipo de alimento requiere condiciones de almacenamiento particulares. Los productos crudos deben mantenerse separados de los cocidos o listos para consumir. Asimismo, las carnes crudas conviene ubicarlas en recipientes cerrados, en la parte inferior de la heladera, para evitar el contacto con otros alimentos.
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La guía de la plataforma técnica de la FAO, también sugiere no sobrecargar la heladera, ya que eso afecta su funcionamiento. La temperatura debe ser adecuada para prolongar la conservación; la organización recomienda verificar que el equipo funcione correctamente y conocer cuáles son sus zonas más frías.
Para las sobras, el organismo aconseja guardarlas de forma segura y aprovecharlas luego en otra comida. La publicación indica que deben refrigerarse dentro de las dos horas posteriores a su preparación, en recipientes cerrados e identificados.
4. Ajustar porciones y reutilizar preparaciones reduce el descarte

Preparar más comida de la que se consumirá es otra causa evitable de desperdicio. Calcular las porciones según la cantidad de comensales evita excedentes.
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Cuando los haya, las sobras pueden reservarse para otro plato o incorporarse a recetas como tortillas, sopas, salteados o rellenos, siempre que se hayan conservado de forma segura.
5. Registrar lo que se descarta ayuda a corregir hábitos

Llevar durante una semana un registro de los alimentos que terminan en la basura permite detectar qué productos se desperdician con mayor frecuencia y por qué motivo.
La FAO propone anotar si el descarte se produjo por una compra excesiva, una fecha vencida, conservación inadecuada o porción demasiado grande. Esa información sirve para ajustar la próxima lista y las cantidades que se preparan.
El Pnuma y la FAO tienen como meta, dentro del Objetivo de Desarrollo Sostenible 12.3, reducir a la mitad el desperdicio de alimentos por habitante en la venta minorista y el consumo para 2030. Las herramientas domésticas de planificación, rotación y conservación forman parte de ese objetivo de prevención.
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