Por qué sentirse solo puede pesar más que el aislamiento social, según un estudio

Investigadores de Cornell propusieron un nuevo concepto para explicar las distintas trayectorias de salud que enfrentan personas con circunstancias similares. El hallazgo cuestiona la forma habitual de medir el bienestar emocional en los vínculos afectivos

Ilustración de un hombre vestida de azul dentro de una esfera transparente, rodeado por siluetas de personas de colores cálidos.
La soledad alude a la percepción subjetiva de falta de vínculos significativos, mientras que el aislamiento social se relaciona con un contacto limitado con otras personas (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La soledad y el aislamiento social no describen la misma experiencia, aunque suelen aparecer reunidos en las conversaciones sobre bienestar y salud. La primera alude a la percepción de falta de vínculos significativos, mientras que el segundo se relaciona con un contacto social limitado. La Organización Mundial de la Salud advierte que la desconexión social afecta a una de cada seis personas en el mundo, según un informe de 2025.

La diferencia entre ambos fenómenos adquiere relevancia porque tener una agenda activa o conservar contactos frecuentes no garantiza que una persona se sienta acompañada. También puede ocurrir lo contrario: alguien con una red social reducida puede no experimentar soledad. Esa distancia entre la situación observable y la vivencia personal es el punto de partida de una investigación reciente de la Universidad de Cornell.

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Según publicó Euronews, el trabajo examinó cómo se asocia esa diferencia con la salud a lo largo del tiempo. El hallazgo no prueba que la soledad percibida cause enfermedades, pero plantea que evaluar solo la cantidad de vínculos puede dejar fuera una parte relevante del problema.

La brecha entre contacto social y soledad se asoció con riesgos de salud

Una mujer sostiene una taza frente a un teléfono con videollamada y un cartel de papel sobre la mesa de una cafetería.
La Organización Mundial de la Salud advirtió que la desconexión social afecta a una de cada seis personas en el mundo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio, publicado en Social Asymmetry and Risk of Morbidity and Mortality, analizó datos de 7.845 adultos de 50 años o más residentes en Inglaterra. La investigación siguió a los participantes durante un promedio de 13,6 años y comparó sus niveles de aislamiento social con la soledad que declaraban sentir.

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Los autores denominaron asimetría social a esa diferencia. El aislamiento social se evaluó a partir de indicadores como los contactos, la participación y la red de relaciones. La soledad, en cambio, se midió como una percepción subjetiva de desconexión. La asimetría aparece cuando ambas dimensiones no coinciden.

Quienes se sentían más solos de lo que sugería su grado de aislamiento fueron clasificados como socialmente vulnerables. Frente a las personas con baja soledad y bajo aislamiento, ese grupo presentó una asociación con un riesgo 13 % mayor de muerte por distintas causas, 16 % mayor de enfermedad cardiovascular y 21 % mayor de enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Esta última es una afección que dificulta la circulación del aire en los pulmones.

En cambio, los participantes que tenían menos contacto social, pero no se sentían solos, mostraron pocas asociaciones con los problemas de salud observados. Los investigadores los describieron como socialmente resilientes. El resultado sugiere que la cantidad de relaciones, por sí sola, no refleja cómo cada persona experimenta sus vínculos.

Anthony Ong, profesor de Psicología y director de los laboratorios Human Health Labs de la Universidad de Cornell, señaló en declaraciones recogidas por Euronews que dos personas con circunstancias sociales parecidas pueden atravesar trayectorias de salud distintas según cómo vivan esas circunstancias. La investigación es observacional, por lo que identifica asociaciones y no permite concluir que una variable sea la causa directa de la otra.

La evidencia disponible respalda evaluar soledad y aislamiento por separado

Una mujer sentada en un banco de madera escribe en una libreta en una calle peatonal con personas y un cartel con el texto SOLO AQUÍ.
UUn estudio de la Universidad de Cornell analizó datos de 7.845 adultos de 50 años o más en Inglaterra durante un promedio de 13,6 años (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio de Cornell se suma a una discusión más amplia sobre el impacto de los vínculos sociales en la salud. Una revisión sistemática y metaanálisis de 90 estudios de cohorte reunió información de 2.205.199 personas y encontró asociaciones entre aislamiento social, soledad y una mayor mortalidad por distintas causas.

Los autores de esa revisión, publicada en Nature Human Behaviour, señalaron que ambos fenómenos deben analizarse con cautela porque los resultados varían según la población, el seguimiento y la forma de medir las relaciones sociales. El trabajo no presenta la soledad y el aislamiento como condiciones equivalentes, sino como factores diferentes que pueden coincidir o aparecer por separado.

La investigación de Cornell aporta un criterio para observar esa diferencia. En lugar de limitar la evaluación al número de personas disponibles, propone considerar si existe un desajuste entre los vínculos observables y la sensación de desconexión. Esa perspectiva no reemplaza otros indicadores sociales o de salud, pero permite incorporar la experiencia declarada por cada persona.

El informe de la Organización Mundial de la Salud sostiene que la soledad y el aislamiento social tienen efectos sobre la salud física, mental y el bienestar, y que requieren respuestas en los ámbitos comunitario, sanitario y de las políticas públicas. Además, distingue ambos conceptos y plantea que las medidas deben basarse en información adecuada sobre cada situación.

Los resultados disponibles no habilitan recomendaciones universales ni soluciones únicas. Sí refuerzan la necesidad de evitar una lectura simplificada de la vida social: la frecuencia de los contactos puede ser importante, pero no permite por sí sola determinar si una persona se siente conectada con los demás.

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