Por qué algunos riesgos parecen mayores de lo que son

Hay un mecanismo cognitivo que lleva al cerebro a sobreestimar ciertos peligros. Su lógica tiene poco que ver con los datos reales

Un hombre en un sillón mira por una gran lupa hacia una chispa de luz que proyecta un monstruo, junto a pilas de libros y gráficos.
La heurística de disponibilidad explica cómo los recuerdos recientes alteran la estimación sobre la probabilidad de un peligro (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La repetición de un evento, un video que genera inquietud o el relato de alguien cercano pueden modificar la forma en que una persona evalúa un peligro, afirman diversos estudios científicos. Es que el cerebro juzga la probabilidad de un hecho según la facilidad con que los ejemplos acuden a la memoria, lo que explica por qué algunos riesgos parecen mayores de lo que indican los datos. El fenómeno fue descrito por primera vez por los psicólogos Amos Tversky y Daniel Kahneman en 1973, y desde entonces se convirtió en una de las referencias más citadas en la investigación sobre percepción del riesgo.

El principio central que establecieron en su estudio publicado en Cognitive Psychology es directo: cuando una persona necesita estimar con qué frecuencia ocurre algo, no revisa estadísticas ni pondera pruebas de manera sistemática. En cambio, busca ejemplos en su memoria. Si esos ejemplos aparecen rápido y con nitidez, el hecho parece común. Si cuesta recordarlos, parece improbable. El problema surge cuando la facilidad del recuerdo no refleja la frecuencia real, sino la intensidad de la exposición a ese tema.

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Los medios amplifican lo excepcional y eso distorsiona la percepción

Un accidente aéreo con amplia cobertura mediática puede generar más inquietud que riesgos cotidianos de mayor prevalencia, aunque la probabilidad estadística de cada uno sea radicalmente distinta. Esa asimetría entre atención y frecuencia real es uno de los efectos documentados de la heurística de disponibilidad. En ese tono, un artículo de BBC Future señala que la tendencia a darle un peso desmedido a lo más reciente puede llevar a proyectar una experiencia puntual sobre lo que se espera que ocurra en adelante.

Una mujer con anteojos sostiene un control remoto y mira un televisor que transmite a bomberos frente a un edificio incendiado.
La frecuencia de un tema en redes sociales y medios informativos refleja atención mediática pero no prueba el crecimiento del fenómeno - Imagen Ilustrativa Infobae

La repetición agrava ese efecto. Cuando varios contenidos abordan el mismo asunto en poco tiempo, los ejemplos se vuelven más accesibles en la memoria y la sensación de riesgo se intensifica, aunque el número de casos no haya cambiado. Eso no significa que la cobertura sea incorrecta ni que la preocupación carezca de fundamento: puede reflejar mayor atención mediática, la circulación de un caso en redes sociales o la cercanía de un hecho que generó muchas reacciones. El punto es que la frecuencia informativa no equivale a la frecuencia con que el hecho ocurre en la realidad.

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Un relato concreto pesa más que una estadística sin contexto

La heurística de disponibilidad también ayuda a entender por qué las historias individuales tienen más peso que los datos agregados. Una experiencia con nombre, rostro y secuencia narrativa se recuerda con facilidad. Una estadística, en cambio, requiere contexto para ser útil: debe indicar qué se mide, a quiénes incluye, en qué período se registraron los datos y con qué referencia se compara. Sin esos elementos, una cifra aislada tampoco permite dimensionar un riesgo con precisión.

Investigaciones posteriores al trabajo de Tversky y Kahneman confirmaron que, cuando se pide a las personas que recuerden más ejemplos de un riesgo determinado, estiman que ese riesgo afecta a más gente y merece más recursos para prevenirlo, con independencia de cuánto tiempo les lleve recuperar esos recuerdos. Ese resultado, documentado en un estudio publicado en Risk Analysis, sugiere que la cantidad de ejemplos recordados tiene un peso propio en la construcción del juicio, no solo la facilidad para recordarlos.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El sesgo hacia la información reciente puede distorsionar la interpretación de procesos analizados en períodos largos (Imagen Ilustrativa Infobae)

La forma en que se comunica un riesgo también moldea su percepción

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) advierten que las personas expuestas de manera indirecta a la cobertura de una crisis pueden llegar a verse como posibles víctimas, aunque el hecho haya ocurrido lejos o afectado a un grupo reducido. Según una guía del organismo sobre comunicación de riesgos, las imágenes negativas repetidas aumentan la sensación de cercanía ante situaciones que, medidas en datos, tienen un alcance acotado.

Los CDC también plantean que la percepción de un peligro no depende únicamente de su magnitud objetiva. Influyen la confianza en quienes comunican la información, el grado de control que una persona cree tener sobre la situación, la familiaridad con la amenaza y el modo en que se presenta. Un mismo riesgo genera reacciones distintas según el contexto en que se conoce, lo que indica que la percepción es un proceso activo, no una lectura directa de la realidad.

En temas de salud, esa distinción tiene consecuencias prácticas. Una noticia sobre una reacción adversa, una enfermedad emergente o un tratamiento puede provocar preocupación intensa, aunque el alcance del hecho dependa de condiciones que no aparecen en un relato breve. La información útil, según los CDC, debe permitir reconocer de qué riesgo se habla, en qué contexto ocurrió y qué datos existen para dimensionarlo, de modo que la inquietud pueda orientarse hacia una evaluación más precisa.

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