El anillo límbico, el rasgo ocular cuyo vínculo con el atractivo aún no logra explicar la ciencia

El psicólogo evolutivo Robert Burriss revisó décadas de investigación sobre los ojos y concluyó que la hipótesis más repetida sobre ese contorno es menos sólida de lo que parece

Guardar
Google icon
Fotografía macro de un ojo humano con iris azul y marrón, pupila negra, anillo límbico oscuro, esclerótica blanca y pestañas.
La discusión científica sobre los anillos límbicos y la belleza sigue abierta por la falta de una explicación concluyente (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los anillos límbicos y la belleza forman un vínculo intuitivo para muchos observadores, pero la razón de esa asociación sigue lejos de resolverse. En una columna publicada por Psychology Today, el psicólogo evolutivo Robert Burriss repasa estudios sobre los ojos y pone en duda que la explicación disponible sea tan firme como parece.

Cuando miramos un rostro, los ojos suelen concentrar buena parte de la atención. La literatura citada por Burriss señala que una esclerótica más blanca suele resultar más atractiva porque se asocia con juventud y salud. También apunta que la mirada directa suele valorarse mejor que una mirada desviada, y que una zona más oscura del iris mejora los juicios sobre belleza y aspecto saludable.

PUBLICIDAD

Desde que ese efecto del anillo límbico se describió en 2011, una de las hipótesis más repetidas sostiene que su oscuridad funciona como señal de juventud. Si el anillo se atenúa con la edad, un contorno más marcado podría sugerir también fertilidad.

Otra posibilidad, según resume Psychology Today, es perceptiva más que biológica. Un anillo oscuro podría hacer que la esclerótica parezca más blanca por contraste de brillo simultáneo, el mismo principio visual por el que una zona clara parece aún más clara cuando la rodea un borde oscuro.

PUBLICIDAD

Un segundo análisis mantiene que el anillo límbico no eleva la percepción de salud

El investigador Matt C. Howard, de la Universidad del Sur de Alabama, seleccionó rostros de atractivo promedio de la Base de Datos de Rostros de Chicago y editó digitalmente las imágenes para crear versiones idénticas con y sin anillos límbicos. Después aclaró también la esclerótica al superponer una capa blanca semitransparente. Así obtuvo combinaciones con anillo límbico presente o ausente y con esclerótica aclarada o sin aclarar.

Howard mostró esas imágenes a unas 130 mujeres, que evaluaron la salud y el atractivo de los rostros. En ese primer ensayo no encontró diferencias en ninguna de las dos variables evaluadas. Pensó entonces que la manipulación visual había sido demasiado sutil y reforzó las ediciones para un segundo experimento.

Aunque volvió a descartar un efecto independiente de los anillos límbicos y de la blancura de la esclerótica, logró observar que la combinación de ambos rasgos hacía que los rostros se percibieran como más saludables y atractivos, según recoge Psychology Today.

Howard interpreta esos resultados como apoyo a la idea de que el efecto del anillo límbico depende de la blancura aparente de la esclerótica. Burriss aclara que ambas variables quizá no sean realmente independientes dentro de ese diseño experimental, porque una esclerótica ya aclarada puede parecer todavía más blanca al combinarse con un borde oscuro.

La discusión sobre cómo evaluar el atractivo y la salud a partir de los ojos

Dos personas con manos sobre un escritorio con monitor que muestra imágenes de ojos, teclado, lámpara, taza y un dispositivo blanco.
Matt C. Howard no halló diferencias en salud ni en atractivo cuando comparó rostros con y sin anillos límbicos en su primer experimento (Imagen Ilustrativa Infobae)

En un experimento posterior, Howard eliminó por completo la esclerótica y el resto del rostro. Presentó a otro grupo de voluntarios solo pares de iris y pupilas y les pidió que calificaran su atractivo y su salud.

Tampoco apareció efecto alguno del anillo límbico. El investigador concluyó que ese resultado aportaba “más evidencia de que las diferencias perceptivas se deben, efectivamente, al aclaramiento percibido de la esclerótica”.

Burriss no da el asunto por resuelto. Sostiene que unos iris aislados resultan poco naturales e incluso inquietantes, y plantea que ese formato quizá impidió a los participantes valorar de manera adecuada la salud y el atractivo.

El efecto del anillo límbico solo en rostros masculinos

La columna retoma el estudio pionero de 2011 de Darren Peshek y sus colegas. Howard sostiene que muchos trabajos posteriores reutilizaron aquellos mismos estímulos faciales, elaborados al superponer iris sobre distintos rostros en lugar de editar los ojos de cada imagen de forma individual. A su juicio, esa técnica pudo generar combinaciones poco naturales y contribuir a los resultados, además de que Peshek trabajó con caras de atractivo superior a la media, mientras que él utilizó rostros promedio.

Para comprobarlo, Howard mostró a sus voluntarios los estímulos originales de Peshek. En ese caso sí encontró que los anillos límbicos mejoraban la percepción de salud y atractivo en los hombres, aunque no en las mujeres. Según el investigador, esa diferencia sugiere que las discrepancias entre ambos estudios se explican por las imágenes empleadas y no por los participantes.

Burriss considera plausible esa interpretación, aunque advierte que todavía no está claro cuál de los dos conjuntos de estímulos representa mejor el fenómeno. También cuestiona que las escleróticas aclaradas utilizadas por Howard parezcan naturales, si bien destaca que el investigador publicó una guía detallada de edición para facilitar futuras réplicas.

Como explicación final, Howard propone un posible efecto umbral: los anillos límbicos solo influirían cuando el rostro ya es especialmente atractivo. Burriss considera razonable esa hipótesis, pero concluye que la evidencia aún no permite determinar si ese efecto existe realmente ni cuál sería su causa.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD