
El psicoterapeuta Jean-Claude Chalmet plantea que una relación no debe avanzar por inercia y que conviene cuidarla a diario con atención, afecto y conversaciones incómodas cuando haga falta. En una guía publicada por The Times, el especialista reúne 10 recomendaciones sobre convivencia, comunicación, deseo, conflictos y uso del teléfono.
1. Cómo tratar las molestias de todos los días
La familiaridad, advierte, puede volverse brusquedad y desde ahí pasar al desprecio. Por eso recomienda suavizar los pedidos, explicar brevemente el motivo y mantener un tono neutral.
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Jean-Claude Chalmet pide a las parejas que describan el clima emocional de su matrimonio. Puede ser cálido, neutro, generoso, tenso o silenciosamente solitario, y cada uno contribuye a crearlo con su forma de hablar.
Antes de abordar un intercambio delicado, aconseja respirar hondo tres veces y evitar sonar condescendiente o grosero. Si la conversación será difícil, sugiere preguntar primero cuál es el mejor momento para tenerla.
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2. Hacer muchas cosas por separado

Pasar todo el tiempo juntos puede parecer fácil, pero para Chalmet esa cercanía constante termina por restar vitalidad a la relación. Mantener cierta independencia ayuda a que ambos sigan siendo interesantes el uno para el otro.
En consulta, cuenta, surgen desacuerdos sobre cuánta distancia necesita cada uno. Incluso en vínculos sólidos, una persona puede sentirse más insegura y pedir reafirmación, algo que exige conversación y no conjeturas.
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Si no están acostumbrados a separarse, propone empezar poco a poco. Un fin de semana a solas o con amistades puede ser un primer paso antes de pensar en viajes más largos.
3. Cuidar la apariencia y la salud
El terapeuta sostiene que en una relación estable suele haber una búsqueda de equilibrio. Si una persona se esfuerza por mantenerse en forma y cuidar su salud, puede aparecer cierta tensión cuando la otra se desentiende de esos aspectos.
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Atribuye esta idea a su experiencia clínica y no como una regla universal. En ese terreno sensible, dice, muchas veces la pareja insinúa en lugar de hablar de frente, pero fingir que el asunto no importa tampoco ayuda.
4. Evitar el conflicto es peor que discutir

Chalmet defiende que una discusión puede ser más sana que acumular malestar en silencio. Cuando no hay conflicto alguno, afirma, a menudo una persona sacrifica sus necesidades para no herir a la otra y el resentimiento termina creciendo.
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En una relación donde existe buena voluntad de fondo, una pelea no debería entenderse como una victoria o una derrota. El objetivo, señala, es comprender mejor al otro y acercarse más a partir de ese intercambio.
Eso no elimina los límites. Pide no descuidar el tono ni las palabras, hacer pausas antes de responder y preguntarse qué verdad más suave se esconde bajo el enfado, la ira o la frustración de la otra persona.
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5. Recordar por qué amas y admiras a tu pareja
La amistad dentro de la relación, según el terapeuta, suele ser uno de los elementos que salvan matrimonios. No la ve como un adorno, sino como una base que sostiene el amor a largo plazo. El cariño, la facilidad, el humor y la sensación de ser aliados crecen cuando ambos recuerdan por qué siguen juntos. Chalmet distingue entre llevar una vida en común y mantener una cercanía real.
También pide expresar gratitud de forma explícita. Si uno siente aprecio o nota que al otro le sienta bien una camisa, aconseja decirlo.
6. No hace falta estar de acuerdo en todo

Chalmet defiende que apoyar a la pareja en su forma de ser ayuda a sostener el matrimonio con el paso del tiempo. Eso incluye aceptar que a veces habrá desacuerdos.
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Algunas personas viven la diferencia de opinión como una crítica personal. A juicio del terapeuta, esa rigidez termina por aplastar la creatividad, la espontaneidad y, al final, la intimidad.
En una pareja sana, añade, el desacuerdo puede incluso resultar estimulante. Permitir que el otro tenga creencias u opiniones distintas sin que eso abra una grieta crea una seguridad emocional que facilita hablar de cualquier cosa.
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7. No temer los cambios de la otra persona
El terapeuta propone descubrir quién es la pareja en la actualidad, en vez de aferrarse a la imagen que se tenía al comienzo de la relación.
Muchas relaciones, dice, quedan atrapadas en papeles fijos: el competente, el egoísta, el emocional o el ansioso. Esos roles facilitan el día a día, pero también apagan la curiosidad y la innovación. Los esfuerzos pasan inadvertidos y cualquier cambio queda oculto bajo la misma mirada de siempre.
Chalmet plantea una pregunta a sus pacientes: “¿Pueden preguntarse en quién se ha convertido cada uno dentro de esta relación y cuáles de esas identidades ya no les sirven?”. A su juicio, acompañar esos cambios puede resultar revitalizante para ambos.
8. Entender los lenguajes del amor

El texto menciona los cinco lenguajes del amor más conocidos: palabras de afirmación, tiempo de calidad, regalos, actos de servicio y contacto físico. A partir de ahí, Chalmet recuerda que cada persona tiene maneras preferidas de dar y recibir amor.
Para algunas personas, ese lenguaje se expresa en cómo cuidan la casa pese a tener carreras exigentes. Para otras, se manifiesta al aportar dinero o al asumir tareas concretas, como planchar.
El terapeuta pide volver explícito el agradecimiento. Reconocer esos gestos sutiles, afirma en The Times, hace que la otra persona se sienta vista y refuerza el vínculo.
9. No dejar de besarse ni de tomarse de la mano
La intimidad, para Chalmet, también se protege con gestos pequeños y corrientes. Preparar una taza de té sin que lo pidan, escribir antes de algo importante o posar una mano en la espalda forman parte de ese cuidado.
Besarse al salir o entrar en casa, recordar un detalle de lo dicho por la otra persona o comprobar cómo está son hábitos que comunican elección diaria. Desde fuera pueden parecer mínimos, pero dentro de la relación pesan mucho.
10. Dejar el teléfono a un lado

En el último consejo, Chalmet fija la atención en el hábito del teléfono. Puede parecer una molestia menor, pero describe escenas en las que una persona se despierta y su pareja ya está mirando la pantalla o intenta dormir con la habitación iluminada por ese resplandor.
Para el terapeuta, la diferencia frente a leer un libro radica en que el teléfono funciona como una adicción. Cada desplazamiento en la pantalla da un golpe de dopamina y deja al otro con la sensación de ser ignorado o de sobrar.
Aun así, no recomienda reaccionar con aspereza. Su propuesta final en The Times es empezar con una conversación sencilla y hablar del efecto que ese hábito tiene en la relación, porque la toma de conciencia es el primer paso para reducirlo.
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