
En los últimos años, la discusión sobre la masculinidad tóxica ha ganado espacio en el debate social, alimentando ideas generalizadas sobre el comportamiento masculino y su impacto en la convivencia. Se multiplican los relatos que describen a los hombres como portadores de actitudes negativas, dominantes o perjudiciales, y muchas veces se asume que estos rasgos son la norma dentro de la población masculina.
Sin embargo, una reciente investigación científica desarrollada en Nueva Zelanda ofrece una perspectiva distinta y desafía los estereotipos más difundidos: la gran mayoría de los hombres no exhibe comportamientos asociados a la masculinidad tóxica.
El estudio, que analizó las respuestas de más de 15.000 hombres de diversas edades y entornos, demuestra que casi nueve de cada diez no presentan conductas vinculadas a este fenómeno, según datos publicados por Psychology Today.
La evidencia no solo pone en cuestión los prejuicios instalados, sino que también marca un nuevo camino para comprender la complejidad de las identidades masculinas y desarrollar estrategias de prevención y políticas públicas más precisas.
Metodología y alcance de la investigación
La investigación fue liderada por Deborah Colina de Cono, experta de la Escuela de Psicología de la Universidad de Auckland y publicada en la revista Psychology of Men & Masculinities.
La encuesta abarcó a hombres adultos de entre 18 y 80 años. Para analizar la información, el equipo empleó técnicas estadísticas avanzadas, lo que permitió una segmentación detallada de los resultados y una identificación precisa de distintos perfiles masculinos.

La definición de masculinidad tóxica utilizada por los investigadores se estructuró en torno a ocho indicadores clave: centralidad en la identidad de género, prejuicio sexual, desagradabilidad, narcisismo, sexismo hostil, sexismo benevolente, oposición a la prevención de la violencia doméstica y orientación a la dominación social. Estos factores, según Psychology Today, sirvieron de base para distinguir entre los diferentes grados de adhesión a patrones de conducta considerados tóxicos.
El análisis estadístico permitió identificar cuatro grupos principales entre los participantes. El segmento “atóxico” abarcó al 35,4% de los hombres, quienes registraron niveles bajos en todos los indicadores. Otros dos grupos, que suman el 53,8%, presentaron valores de masculinidad tóxica que iban de bajos a moderados, sin llegar a extremos preocupantes.
En contraste, solo el 10,8% de los encuestados mostró señales claras de masculinidad tóxica. Dentro de este porcentaje, el 7,6% integró el grupo denominado “tóxico benevolente”, caracterizado por altos niveles de sexismo benevolente y prejuicio sexual, pero bajos en hostilidad directa.
El subgrupo “hostil tóxico”, que representó el 3,2% de la muestra, exhibió puntajes elevados en sexismo hostil, oposición a la prevención de violencia doméstica, narcisismo y orientación a la dominación social, factores que los investigadores consideran de mayor riesgo social.
Implicancias sociales y recomendaciones

Los autores del estudio subrayaron la importancia de diferenciar entre las distintas formas de masculinidad, ya que tanto la variante hostil como la benevolente pueden implicar riesgos sociales distintos.
De acuerdo con Psychology Today, la hostilidad abierta y la justificación de conductas discriminatorias pueden derivar en efectos negativos para las relaciones y la convivencia social, mientras que el sexismo benevolente perpetúa estereotipos y desigualdades desde una lógica menos visible, pero igualmente problemática.
Los especialistas también destacaron que las políticas públicas y los programas educativos deben atender con precisión estos matices y diseñar intervenciones ajustadas a las características de cada perfil. Recomiendan que las campañas de prevención y sensibilización incluyan contenidos orientados tanto a reducir actitudes hostiles como a cuestionar creencias aparentemente inofensivas que refuerzan la desigualdad de género.
El estudio concluyó que el 89,2% de los hombres evaluados no mostró indicios de masculinidad tóxica, un dato que desafía los estereotipos y las ideas generalizadas sobre la conducta masculina. Los responsables, consultados por Psychology Today, insistieron en que la mayoría no comparte actitudes destructivas ni hostiles, y que es fundamental visibilizar esta realidad para evitar estigmatizaciones injustas.

La investigación aporta una visión diferenciada, rigurosa y actualizada sobre la presencia y las formas de la masculinidad tóxica. Los autores señalaron a Psychology Today que cualquier política de prevención debe partir de la existencia de dos perfiles bien definidos para diseñar respuestas más ajustadas a las necesidades y particularidades de cada grupo. Este enfoque permite avanzar hacia estrategias más precisas y efectivas, que respondan a la complejidad real del fenómeno y contribuyan a una convivencia más igualitaria.
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