¿Planificar o improvisar? Qué revela la organización de un viaje sobre la personalidad, según la psicología

Algunas personas buscan anticipar cada paso y minimizar imprevistos, mientras otras prefieren dejarse llevar y descubrir lo que el destino ofrece. Especialistas consultados explican cómo estas actitudes reflejan modos de pensar y sentir

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La organización detallada o la
La organización detallada o la improvisación al viajar reflejan distintos rasgos de personalidad y modos de enfrentar lo nuevo, según especialistas (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las distintas formas de planificar un viaje reflejan preferencias personales. Algunas personas priorizan el control total y la organización minuciosa, mientras otras apuestan por la espontaneidad y lo inesperado.

Infobae consultó a expertos en psicología para desentrañar qué hay detrás de cada conducta.

Según la doctora Patricia O’Donnell, psiquiatra y psicoanalista, miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), todo “depende del tipo de viajero”.

Los viajes ofrecen beneficios para
Los viajes ofrecen beneficios para la salud mental y la creatividad, ya sea desde la planificación meticulosa o la apertura a lo inesperado (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Están los que les gusta un viaje pautado, organizado, que se preparan informándose de la historia del lugar, los sitios que hay que visitar,qué hay que visitar, qué hay que comer, etc. Algo que les da seguridad y confianza. Y quizá una fantasía de control al lanzarse a una experiencia nueva, aunque sea un viaje a un destino ya conocido. Aunque también los preparativos previos, el entusiasmo y la ilusión que conlleva, va creando una disposición interior, iniciando ya el viaje“, destacó la experta.

Por otro lado, están los que prefieren la sorpresa, incluso la incertidumbre, refirió la doctora. “Abrir la posibilidad de descubrir algo nuevo buscando lo que no se conoce aún. Que inesperadamente surja el hallazgo, dejarse empapar, sin temores, por el efecto que puede provocar, ya que sale de lo pautado y planeado. Las experiencias nuevas pueden resultar enriquecedoras y favorecer emociones insospechadas, pueden actuar como un redescubrimiento.

El hecho de descubrir nuevos lugares impacta directamente en la mente: explorar ambientes desconocidos, conocer otras culturas y vivir distintas aventuras estimula el cerebro, favorece la flexibilidad y despierta la creatividad. Los viajes, además, pueden representar un punto de inflexión en la perspectiva interna y motivar cambios vitales.

El doctor Claudio G. Waisburg (MN 98128), médico y neurocientífico, director del Instituto SOMA, describió a Infobae, en una nota reciente, el impacto que tiene un viaje en el cerebro humano: “Marca una huella de fuego, fuerte y permanente. Esto significa que la experiencia va a quedar grabada en nuestra corteza cerebral”.

Abrirse a lo desconocido y
Abrirse a lo desconocido y mantener una actitud receptiva favorece el aprendizaje y el crecimiento emocional durante los viajes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Y completó: “Al viajar nos transformamos, los nuevos desafíos aumentan la capacidad de incorporar conocimiento. Lo nuevo, lo desafiante y lo motivante son las formas con las que el cerebro aprende, recuerda y consolida conocimientos”, expresó el doctor.

Según O’Donnell, el ejemplo de Sigmund Freud ilustra el valor de la preparación detallada. “Freud sentía pasión por planificar cada aspecto: elegía cuidadosamente rutas, fechas y medios de transporte, y dedicaba especial atención a la lectura de guías especializadas".

La experta contó que previamente a visitar Pompeya o a su tan ansiado recorrido en Roma, dedicó años a investigar esos destinos. “Para Freud la preparación de los viajes tenía muchos aspectos: elegir muy bien dónde, con quién, las rutas, las fechas, horarios, precios. Y lo más importante, el estudio de las guías de viajes y la literatura relativa a las zonas y lugares que quería visitar. Varios años antes de poder visitar Pompeya estudió las calles de la “ciudad destruida”. Ni que hablar del viaje a Roma, para el que leyó cantidad de monografías, textos y todo lo que estuviese a su alcance sobre el tema".

Y completó: “Los viajes fueron una de sus grandes pasiones. Tuvieron gran influencia en su vida, en la apertura de la subjetividad, en el valor de despertar el deseo de conocimiento y de investigación y, por lo tanto, en sus desarrollos teóricos. Este ejemplo nos lleva a pensar de otra manera la importancia que puede tener una dedicación profunda a la organización de un viaje".

Ambas conductas ofrecen beneficios para
Ambas conductas ofrecen beneficios para la salud mental y enriquecen la experiencia personal (Imagen Ilustrativa Infobae)

Matices entre ambos extremos

Hay quienes alternan entre organización y espontaneidad según el tipo de viaje o su propio estado de ánimo. Es frecuente, además, que se busque registrar y compartir cada momento, bien para conectar con otros o para conservar un recuerdo más vivo de la experiencia.

La psiquiatra expresó: “Otro punto es la necesidad de registrar y subir cada instante, para compartir con los seguidores, o, para no terminar de sumergirse en lo que despierta esa vivencia".

Para disfrutar a pleno de los viajes, la doctora O’Donnell recomendó: “Descubrir el mundo externo y dejar que llegue a lo más íntimo del alma para transformarse y lograr enriquecer y ampliar nuestra creatividad. Rescatemos al niño latente que anida en cada uno y conservemos la disponibilidad para una actitud existencial innovadora. Que el hallazgo sea la conjunción creativa despertada entre el viaje y el viajero que se ve lanzado a nuevos descubrimientos”.

Cada viaje representa así una oportunidad para abrirse a lo nuevo y desafiar las propias expectativas, invitando a explorar tanto el mundo exterior como el universo emocional propio.