Corchos en la heladera, el truco que ayuda a ahorrar energía

Expertos destacan que colocar corchos dentro de este electrodoméstico puede optimizar la eficiencia energética al mejorar la circulación del aire frío y disminuir el esfuerzo del compresor

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El truco de colocar corchos
El truco de colocar corchos en la heladera permite ahorrar energía al reducir el consumo eléctrico doméstico (Freepik)

En el universo de los trucos domésticos, uno de los más comentados en tiempos recientes es la práctica de colocar corchos dentro de la heladera para mejorar su eficiencia energética. Aunque estos pequeños cilindros de origen natural suelen asociarse con el sellado de botellas, su uso dentro de la heladera responde a la búsqueda de métodos sencillos y accesibles para reducir el consumo eléctrico en el hogar. La idea, difundida en publicaciones especializadas e investigaciones académicas, plantea que el corcho, por su estructura y composición, puede influir en la circulación del aire frío y colaborar en la conservación de la temperatura interna, generando así un posible ahorro de energía.

Por qué poner corchos en la heladera ayuda a ahorrar energía

Los corchos dentro de la
Los corchos dentro de la heladera ocupan espacio y disminuyen la cantidad de aire que necesita ser enfriado (Freepik)

Colocar corchos en el interior de la heladera representa una de esas estrategias domésticas que se han difundido ampliamente por la promesa de optimizar el consumo energético. Aunque el uso más conocido del corcho es como tapón para botellas, su aplicación en el ámbito de los electrodomésticos se apoya en principios físicos directamente vinculados a su estructura y composición.

El razonamiento detrás de esta técnica es sencillo, pero efectivo. Cuando una heladera no está totalmente llena, existe una mayor cantidad de aire en su interior que debe ser enfriado cada vez que se abre la puerta o cuando el motor se activa para recuperar la temperatura. El enfriamiento de ese volumen de aire implica un esfuerzo extra para el motor del aparato, elevando así el gasto energético. Los corchos, al colocarse dentro de la heladera, ocupan parte de ese espacio, disminuyendo la cantidad de aire que necesita ser enfriado. Como resultado, el compresor trabaja menos tiempo y la demanda de energía disminuye.

Además de este primer efecto, el corcho cumple con una función adicional relacionada con su naturaleza porosa y ligera. Según un artículo de Harvard, este material actúa como un moderador del flujo de aire frío en el interior de la heladera. Al ayudar a dirigir el aire hacia las zonas que más requieren enfriamiento, el corcho contribuye a distribuir la temperatura de manera más uniforme entre los distintos sectores del electrodoméstico. Una mejor circulación del frío implica que no se produzcan zonas más cálidas que obliguen al motor a compensar desbalances, factor que puede incrementar el consumo eléctrico.

Cuáles son las propiedades de los corchos que generan beneficios en la heladera

La estructura porosa y ligera
La estructura porosa y ligera del corcho ayuda a distribuir el aire frío de manera uniforme en la heladera (Freepik)

El corcho se distingue por una serie de cualidades que han captado el interés de la ciencia durante siglos, tal como lo señala el artículo de Harvard citado. Su origen está en la corteza del alcornoque (Quercus suber), y desde el siglo XVII, ya era objeto de estudio. La profesora Lorna J. Gibson, experta en Ciencia e Ingeniería de Materiales del Instituto Tecnológico de Massachusetts, destaca el carácter multifuncional de este material y atribuye sus aplicaciones a tres propiedades fundamentales: elasticidad, impermeabilidad y estabilidad química.

Estas características juegan un papel central en su utilidad dentro de la heladera. La elasticidad del corcho permite que mantenga su forma aun cuando experimenta compresión, lo que resulta importante para su colocación y permanencia en diferentes puntos de la heladera. Su impermeabilidad al aire y al agua, proporcionada por la suberina (sustancia grasa de sus paredes celulares), lo convierte en un elemento resistente a la humedad interna y evita el deterioro rápido cuando se expone a temperaturas frías y húmedas.

La baja densidad del corcho, resultado de su composición en un 15% de sólidos y el resto aire, determina su ligereza y facilita la circulación del aire a su alrededor. Este atributo, junto con su microestructura de celdas prismáticas dispuestas en forma ondulada, favorece que el aire frío se desplace uniformemente, optimizando el enfriamiento. Además, la porosidad inherente de las células de corcho ayuda a modular y canalizar los movimientos del aire dentro de la heladera, evitando la concentración de frío solo en puntos específicos y previniendo la formación de escarcha.

Cómo colocar los corchos en la heladera para ahorrar energía

Complementar el truco de los
Complementar el truco de los corchos con buenas prácticas, como evitar alimentos calientes y mantener la temperatura adecuada, optimiza el ahorro energético

Primero, se reúnen corchos de botellas, preferentemente naturales por su mayor capacidad de absorción. Hay que asegurarse de que estos se encuentren completamente limpios y secos antes de introducirlos en el interior de la heladera. La colocación debe distribuirse en los estantes, especialmente en las zonas donde suele acumularse humedad, como los cajones de las verduras o cerca de la puerta.

Es fundamental evitar que los corchos obstruyan las salidas de aire o bloqueen la circulación interna del frío, ya que esto podría interferir con el funcionamiento óptimo del aparato. Se aconseja emplear los necesarios para ocupar espacios vacíos o con tendencia a la humedad, adaptándose al tamaño y la disposición interna de cada heladera.

Los corchos pueden ayudar a absorber olores y parte de la humedad, lo que favorece la conservación de los alimentos y podría contribuir indirectamente a una mayor eficiencia de la heladera. Para complementar este truco, se recomiendan también otras medidas como evitar introducir alimentos calientes, mantener la temperatura entre 4 y 5°C, y no sobrecargar ni vaciar excesivamente el aparato.