En una nueva edición de El Puente, el ciclo de entrevistas de Infobae conducido por Julieta Puente, la psicóloga y sexóloga Mariana Kersz ofreció una mirada integral sobre la sexualidad a lo largo de la vida en pareja, resaltó los cambios naturales en el deseo y compartió estrategias para disfrutar el vínculo.
“El sexo en la pareja atraviesa todas las edades”, planteó Kersz al inicio de la charla. Con ejemplos claros, describió cómo la sexualidad acompaña a las personas desde los primeros contactos amorosos en la adolescencia hasta la etapa adulta mayor, marcada por hitos como la convivencia, la llegada de los hijos, el embarazo, el puerperio y la menopausia: “La sexualidad entra en juego desde los diez, once años, hasta el fin de la vida”. Según la especialista, los distintos momentos de la vida están atravesados por el modo en que cada persona vive su intimidad y por cómo se adapta esa intimidad a nuevas circunstancias.
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Consultada por los cambios en el deseo sexual, Kersz fue contundente: “El deseo fluctúa todo el tiempo. Parece que debemos estar siempre ‘en modo geisha’, a disposición del otro que nos desea, y a veces tenemos poco espacio para nuestro deseo propio”. La psicóloga propuso interrogarse sobre qué se desea en cada etapa: “No siempre voy a querer el mismo tipo de sexo durante toda mi vida. Tal vez en algún momento necesito otro tipo de contacto, no solo sexo penetrativo”.
Uno de los conceptos que más destacó Kersz fue el valor del beso apasionado: “El ‘chape fuerte’, como suelo decir, erotiza mucho más que el sexo. Un buen beso genera dopamina, endorfinas, da placer y alimenta la fantasía. Más que la relación sexual consumada, el beso deja ganas de volver a estar con la otra persona”. Según su experiencia clínica, las parejas que logran conectar a través del juego y el contacto físico frecuente suelen conservar y hasta potenciar su deseo.
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Durante la entrevista, surgió el tema de las personas que experimentan deseo bajo o se reconocen asexuales. Kersz explicó: “La libido puede fluctuar incluso en la misma persona y a lo largo del mismo año, sobre todo en las mujeres, ya que nuestro estado de ánimo y nuestra sexualidad dependen enormemente de las hormonas. En solo 28 días, podemos sentir y desear cosas muy distintas”.
La especialista dedicó especial atención al rol de la autoestima: “El sexo es la cima de un iceberg. Por debajo de la superficie están la religión, la cultura, la economía, la independencia emocional y, sobre todo, la autoestima. Muchas mujeres sienten vergüenza de sus cuerpos, incluso si su pareja insiste en que las encuentra atractivas. Estas inseguridades terminan apagando el deseo, no porque su pareja ya no les resulte deseable, sino porque no desean esa situación de incomodidad”. Kersz destacó que la mirada que una persona tiene sobre sí misma influye más en el deseo que la de su pareja.
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Al abordar la baja libido en parejas, la sexóloga recomendó ejercicios prácticos: “Una de las técnicas más divertidas y efectivas es el ‘chape fuerte’. Durante una semana, todos los días, besarse cinco minutos de corrido, con cronómetro. No importa si algún día no se llega, nadie debe enojarse ni frustrarse. Lo importante es agendar el momento y comprometerse como si fuera una cita médica. Sin exigencias ni rechazos: la idea es romper las rutinas que frecuentemente apagan el modo erótico”.
Kersz advirtió que hay que atender no solo lo emocional, sino también el contexto: “No es lo mismo intimar en una cama con un bebé de dos meses que duerme cerca, o con la mente en los problemas económicos o familiares. Y la cuestión hormonal o fisiológica también juega un rol central: no es igual estar en la menopausia, en el puerperio o tener veinte años. Por eso, la sexología siempre aborda el deseo desde distintas aristas y suele trabajar en equipo interdisciplinario”.
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La maternidad y el posparto constituyen, para Kersz, un capítulo aparte: “En ese primer año tras el nacimiento hay una hormona, la prolactina, que se activa para preservar la supervivencia del bebé, mientras que la testosterona, indispensable para el deseo, desciende”. Durante ese período, la autoestima se ve afectada por los cambios físicos, las nuevas exigencias y las dificultades para encontrar tiempo para la pareja.
Mirando hacia la adultez mayor, Kersz cuestionó la visión reducida de la sexualidad centrada solo en la penetración: “Es una mirada muy falocéntrica y coitocéntrica. Los cuerpos cambian y las necesidades también. Puede que se necesite más tiempo, incorporar lubricantes o buscar nuevas formas de conectar. Las mujeres que llegan a la menopausia con una vida sexual plena suelen haber invertido en su sexualidad a lo largo de toda su vida”.
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A modo de cierre, la especialista remarcó: “Cada pareja y cada persona son un universo. No hay recetas únicas, sino alternativas adaptadas para cada vínculo. La clave está en ir hacia lo posible y permitirse recuperar el juego y la intimidad, paso a paso”.
*Fotos: Diego Barbatto
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