
Las cáscaras de una fruta forman parte del enorme volumen de comida que se desperdicia cada día. Aunque suelen ir a la basura, algunas de ellas concentran beneficios valiosos y pueden incorporarse a la alimentación como parte de preparaciones habituales.
En ese sentido, una revisión publicada en la base de datos National Library of Medicine recopiló información al respecto y planteó que la formulación de mezclas con cáscaras de fruta “como grageas para incorporar en dietas, bebidas e incluso productos horneados puede contribuir significativamente a mejorar su perfil nutricional, aportando minerales, vitaminas y antioxidantes esenciales”.
A continuación, se detallan seis ejemplos.
1- Sandía

La sandía es popular en épocas de calor, pero su gruesa cáscara suele terminar desechada.
La Cleveland Clinic señaló: “La cáscara de sandía tiene menos azúcar y más fibra que su pulpa, y además contiene citrulina. Las semillas de sandía, secas o crudas, son ricas en magnesio y folato, que contribuyen al buen funcionamiento del organismo y a la prevención de enfermedades. Además, contienen ácidos grasos que reducen el colesterol malo en sangre y ayudan a prevenir infartos y accidentes cerebrovasculares”.
La dietista Lara Whitson, citada por Cleveland Clinic, sugirió “saltear las cáscaras con otras verduras y agregar especias a las semillas, como lo harías con las semillas de calabaza, para obtener un refrigerio fácil y saludable”.
2- Naranja

Según la Universidad de Florida, los fitoquímicos presentes en las cáscaras de naranja podrían reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
Una de las maneras más sencillas de aprovecharlas es usar la ralladura fresca en yogures, ensaladas y postres, o desecarla para preparar infusiones. También puede triturarse y sumarse a mezclas para hornear, como panes o bizcochos.
3- Banana

La cáscara de banana se utiliza en recetas dulces y saladas. Harvard destaca que contienen sustancias químicas vegetales en forma de antioxidantes. Además, investigaciones demostraron su utilidad para incrementar la fibra en productos de panadería.
La cáscara puede añadirse a licuados, previamente cocida o en trozos pequeños; hervirse para preparar un té suave; o triturarse e incorporar a la masa de muffins o panes.
Siempre debe lavarse antes del uso y descartarse si presenta daños o señales de descomposición.
4- Manzana

En Harvard Nutrition Source postulan: “Estudios en animales han demostrado que los compuestos químicos vegetales, en particular los presentes en la cáscara de manzana, combinados con fibra de pectina, pueden ayudar a proteger contra el daño de los radicales libres en el corazón y los vasos sanguíneos, además de tener efectos reductores del colesterol”.
En tanto, según Mayo Clinic, “la piel de la manzana contiene fibra que no se descompone en agua, es decir, fibra insoluble. La parte interior de la manzana contiene fibra soluble, que se vuelve una especie de gel a medida que se desplaza por los intestinos. Las fibras solubles e insolubles ayudan a que el sistema digestivo se siga moviendo y pueden disminuir el riesgo de desarrollar algunos tipos de cáncer”.
Estas cáscaras pueden aprovecharse al preparar compotas y mermeladas, o bien deshidratarse en el horno para hacer chips crocantes. Además, al añadir la cáscara en licuados, se eleva el contenido total de fibra del desayuno o merienda.
5- Limón

La Cleveland Clinic señaló que la ralladura de limón puede dar sabor y aporte nutricional sin añadir azúcares ni grasas.
Su uso en aderezos, guisos, panes, postres y bebidas calientes como infusiones es frecuente en muchas cocinas.
Secar la piel y molerla permite incorporarla como polvo aromático en diferentes recetas. Como siempre, se debe garantizar una limpieza cuidadosa.
6- Kiwi

Aunque la cáscara del kiwi puede parecer poco apetecible por la textura, estudios publicados en Science Direct revelaron que contiene fibra y vitamina E.
Incorporar la piel, perfectamente lavada, en batidos o cortarla en rodajas finas y consumirla con la fruta maximiza el aporte de fibra y antioxidantes.
Otra alternativa es deshidratar la piel y picarla para sumarla a granolas o mezclas de semillas. Si la textura vellosa resulta molesta, puede suavizarse ligeramente con un cepillo antes de consumirla o incluirse en preparaciones donde se procese junto con otros ingredientes.
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