¿Si te digo que el horóscopo la pega mucho con un signo, con cuál signo dirías que es? Probablemente, dijiste que el tuyo. Yo voy a decir el mío. Todos vamos a decir el nuestro. Bienvenidos al Efecto Barnum. Como cada lunes, en “No debí hacer eso”, te invito a hablar de la cocina de nuestras decisiones y cómo podemos hacer para mejorarlas.
¿Qué es el Efecto Barnum? Es nuestra tendencia a tomar información que es completamente genérica, casi impersonal, y adaptarla a una situación particular. ¿Hay algún problema con que leamos el horóscopo? No, por supuesto que no. De hecho, hay astrólogos profesionales que lo hacen y estudian para eso. El problema es cuando tomamos ese elemento como única herramienta de toma de decisión, y mucho peor si son horóscopos completamente generalizados.
Otro ejemplo, que sí puede ser grave, es autodiagnosticarse googleando síntomas. Empezamos a ver descripciones generales: “Me duele la cabeza”, “mareo”, “incomodidad”. Listo, tengo esa enfermedad. Claramente, no funciona así, y para eso hay que ir al médico. Criterios generales, información general que aplicamos a nuestras situaciones particulares pueden ser un problema.

Ahora bien, atribuir lecturas personales a información general es una decisión nuestra. No es que alguien nos esté manipulando, como por ejemplo Netflix u otras plataformas. Cuando entramos, vemos una sección que dice “Personalizado para vos” o “Exclusivo para vos”, pensamos que está diseñado exclusivamente para nuestros gustos y preferencias, pero en realidad es un algoritmo que tiene distintos elementos: ¿dónde está tu segmento etario? ¿Cuáles fueron tus búsquedas anteriores? Eso que parece pensado exclusivamente para vos es solo una programación compleja. Aun así, nos encanta explorar esa categoría y confiar en que ahí encontraremos la película o serie que nos evite decidir durante 45 minutos qué queremos ver.
¿Por qué pasa esto? Hay varias razones:La primera es que necesitamos sentir que nos conocemos en profundidad. Tenemos una narrativa personal que construimos a lo largo de la vida, y cuando algo la ratifica, nos resulta gratificante. ¿Qué sucede muchas veces con los horóscopos? Te dicen: “Te gusta estar solo, pero también disfrutás de la compañía”. Esa clase de afirmaciones refuerzan ideas que ya teníamos sobre nosotros. “Tenés muchísimo potencial por desarrollar”. Claro, está buenísimo leer eso.
En segundo lugar, está la necesidad de validación, pertenencia y aprobación. Aunque más que de otros, buscamos la nuestra. Por último, entra en juego el sesgo de autoservicio: todas las afirmaciones lindas, positivas y optimistas sobre nosotros tendemos a aceptarlas sin mucho juicio ni autocrítica. Por eso el efecto Barnum funciona mejor con declaraciones positivas.

Ahora bien, si agarrás la revista del domingo, leés el horóscopo y te dice algo malo, la vas a revolear, pensando que está mal hecho o que no aplica a vos. Pero si es positivo, agarrate: parece que Nostradamus te envió un mensaje a tu mail personal diciendo que la semana será espectacular.
Bertram Forer, por eso también se llama Efecto Forer, quiso demostrar este sesgo en un experimento. Reunió a un grupo de estudiantes universitarios, les pidió completar un test de personalidad y les aseguró que recibirían un análisis único, con rasgos específicos basados en sus respuestas. Era todo un engaño.
Lo que hizo fue utilizar frases genéricas, tomadas incluso de horóscopos, para dárselas a todos por igual y evaluar sus reacciones. Las devoluciones incluían frases como: “Tenés la necesidad de que otras personas te aprecien y admiren. Sin embargo, sos muy crítico con vos mismo”, o “tenés mucha capacidad que no aprovechás del todo”. Ese tipo de frases estaban en todos los informes.

Después, Forer les pidió a los estudiantes que calificaran, del 0 al 5, cuánto sentían que los representaba esa devolución. ¿El resultado? El promedio fue 4,26. Altísimo. La mayoría creyó que esas descripciones genéricas reflejaban con precisión quiénes eran.
Para que los horóscopos no determinen tus decisiones, al menos tené en cuenta estos tres consejos:
- Chequeá la fuente. Siempre fijate si lo que leés tiene respaldo profesional o es confiable.
- Pedí feedback externo. Consultá con personas cercanas que puedan ofrecer una perspectiva diferente o confirmar si lo que leés tiene sentido.
- Desarrollá tu pensamiento crítico. Si sentís que cierta información te influye para tomar decisiones importantes, analizala con criterio, sé autocrítico y evaluá qué es lo mejor en cada situación.
*Emmanuel Ferrario es docente universitario de economía del comportamiento, autor del libro “Coordenadas para antisistemas” y legislador de la Ciudad de Buenos Aires.
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