
Los tatuajes han sido una forma de expresión artística y cultural para muchas personas a lo largo de la historia. Algunas los eligen como símbolos de identidad, de creencias o como el recuerdo indeleble de experiencias significativas. Sin embargo, en ciertos casos, tatuarse puede convertirse en una obsesión.
Es que hay quienes sienten compulsivamente la necesidad de adornar su cuerpo con nuevos diseños, sin importar los ya existentes. Esta pulsión puede llevar a tomar decisiones poco reflexionadas o a arrepentirse posteriormente de las elecciones estéticas; algo que, desde ya, resulta complejo: la tinta se mimetiza con la piel y modificar el resultado final es un desafío que no todos pueden abordar.
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En este contexto, surge una pregunta inevitable: ¿existe la adicción a los tatuajes? Infobae conversó con expertos en salud mental, dermatología y también con tatuadores para ahondar en esta inquietud.
En primer lugar, para la neuropsicóloga Cynthia Zaiatz, jefa del departamento de Salud Mental del Sanatorio Modelo de Caseros, “una adicción implica ‘tomar’ algo, ya sea tabaco, alcohol o drogas, y no poder parar de hacerlo. El por qué de esta dinámica es la segregación de endorfinas, que son sustancias que se producen en el cerebro y nos generan placer”.
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Según Zaiatz, “en diversas investigaciones se encontró que, cuando una persona se tatúa, hay una segregación de endorfinas similar a la de una droga. Puede parecer raro porque el tatuaje duele, pero aun así, en el cerebro se segregan las endorfinas. Esa segregación da placer y, como además a la persona le gusta llevar algo marcado en la piel, quiere repetirlo. Ya se hizo uno, superó el miedo, y entonces sigue haciéndolo constantemente”.

“Esta compulsión por tatuarse se llama estigmatofilia, y es una especie de atracción sexual o adicción que sienten las personas por tatuajes o perforaciones para piercings”, repasó Zaiatz.
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Y aclaró: “Aunque el efecto en el cerebro puede ser -en algunos casos- similar al de una droga, en la práctica, tatuarse no es una adicción. No se dice que es una adicción, técnicamente, porque en ese caso, lo harías todos los días, y eso no sucede. La gente no se tatúa todos los días: pasan semanas o meses. Lo que se genera es una segregación de endorfinas y es un gusto o placer, pero no es una adicción en sí, que se da cuando se hace o repite algo todos los días”.
Por su parte, el tatuador Mariano Antonio, quien despliega su destreza en American Tattoo, en donde recibió a celebridades como Diego Maradona, Tini Stoessel, Andrés Calamaro y Marcelo Tinelli, entre otros, conversó con Infobae y postuló: “El tatuaje es un camino de ida. Son muy pocas las personas que solo se hacen uno. Muchas veces dicen que se van a tatuar únicamente algo significativo y después encuentran otro diseño y siguen. No es una obsesión, pero cada vez quieren más. Empiezan con unos pocos, le agarran el gusto y les encanta verse al espejo. Es, también, una cuestión de estética, de seguridad y de liberación para transgredir y mostrarse único”.
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Según Antonio, “actualmente, no existe límite: años atrás, la gente se tatuaba en las zona tradicionales, como por ejemplo brazos, espalda y pantorrilla. Hoy, los más arriesgados se tatúan zonas mas extremas, como en la cara, axilas, dedos del pie y el cuello. La idea es llamar más la atención con diseños en lugares más visibles.
De todas formas, -siguió el tatuador- para volver a tatuarse “hay que esperar a que cure la piel, ya que de lo contrario se puede lastimar. Esto se logra dejando pasar, al menos, tres semanas entre sesión y sesión”.
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Tatuajes y obsesión
A su turno, el neurólogo Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología Buenos Aires (INBA), le dijo a Infobae: “Algunas personas pueden desarrollar una obsesión o dependencia emocional hacia los tatuajes, y hacerlo en exceso y de manera repetitiva. Esto puede tener un impacto muy significativo en la vida, sobre todo si afecta el bienestar emocional, las relaciones interpersonales, la vida laboral o aspectos económicos. En los casos extremos, puede ser una forma de buscar alivio a problemas emocionales o incluso psiquiátricos subyacentes”.

“En tanto, las adicciones son un trastorno neurológico complejo de la conducta, e involucran a muchos factores. Por ejemplo, la biología del cerebro, el entorno, la historia de cada uno, la experiencia personal. Suelen ocurrir porque hay cambios en el sistema de recompensa del cerebro y en otras áreas que están relacionadas con la toma de decisiones y la autorregulación. Es normal tener un sistema de recompensa del cerebro, lo necesitamos. El problema es que la adicción altera este proceso”, señaló Andersson.
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Y destacó que es importante “tener la capacidad de tomar decisiones y de autorregularlas. Es que el cerebro humano tiene un sistema de recompensa que se activa cuando experimentamos una sensación placentera. Allí, hay un núcleo que se llama accumbens. Cuando realizamos una actividad placentera, como puede ser tatuarse, tener relaciones sexuales o consumir drogas, el núcleo accumbens libera un montón de dopamina, que es un neurotransmisor que crea una sensación de placer y refuerza el comportamiento que llevó a esa recompensa”.
Finalmente, desde el área de la dermatología, la doctora Marta Patricia La Forgia (MN 53413), especialista en dermatología, alergias e inmunología, dialogó con este medio y consideró que la decisión de tatuarse “debe ser meditada y no impulsiva, ya que el efecto adverso mas frecuente es el arrepentimiento, y se han descrito reacciones alérgicas la piel, por lo que debe considerarse la posibilidad de contaminación bacteriana o micótica de las tintas, entre otros puntos”.
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De acuerdo a La Forgia, “los establecimientos y los tatuadores deben cumplir requisitos de higiene y asepsia que incluye el instrumental, capacitación y vacunación para habilitarlos. Es que, además de las complicaciones infecciosas que las buenas practicas del procedimiento evitan, deben prevenirse la hipersensibilidad a las tintas, que pueden provocar lesiones o que deforman y alteran la estética del tatuaje”
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