Cómo está tu balance entre las cosas que tenés que hacer, las que te dan placer, las cosas que querés hacer y no podrías. El cerebro es un verdadero enjambre de neuronas. Son 100.000 millones de neuronas y cada una conectada con miles de otras neuronas, osea es realmente una tarea imposible de imaginarse siquiera el trabajo que tiene ese cerebro.
Hay una parte del cerebro en la que está lo que yo quiero hacer, los centros del placer, y lo que busco hacer. Por ejemplo si se arma un asado y la persona que iba a traer el carbón no llegó, el asador llegó tarde, la carne la están trayendo, son la una de la tarde y recién se pone la carne al asador. Entonces la gente se va arrimando porque quiere agarrar el primer chorizo. Ahí lo que está activado es una sustancia que se llama dopamina, que es el neurotrasmisor de la búsqueda, el que te hace ir a buscar algo.
Finalmente, se comió comiste eso, comiste las empanadas, la ensalada rusa, todo lo que venía y estás tirado en una reposera porque no podés moverte más. Decís “no puedo más”, te desabrochás el cinturón y viene alguien y te ofrece el helado, que en tu cabeza es algo bajativo. Entonces, vos comés el helado. No lo hubieras ido a buscar, pero sí lo comés. Se activa el centro del placer.
Uno es el centro de la búsqueda y el otro es el centro del placer, se activan las endorfinas, que son las que te dan placer.

Cuando está haciendo un cambio que involucra dejar de hacer algo, como por ejemplo bajar de peso, dejar de comer cosas que te gustan, es importante ver con qué reemplazo ese placer, porque sino esa parte del cerebro se queda como huérfana.
Los reemplazos pueden ser con música, leyendo, con amigos, con intimidad. Cada uno de nosotros tienen formas de darse placer, pero hay una cosa en la que uno debe estar pensando, “¿estoy dándome placer en la medida que puedo?”. Esto es de enorme importancia. Hay muchos problemas, la vida está llena de cactus, pero nada te dice que te tenés que sentar en todos ellos.
Con el ejemplo de la dieta hay que decir que vivir a dieta es insostenible. No hay cuerpo ni mente que pueda perpetuar un estado de restricción permanente. No es saludable, y tampoco es el objetivo que persigue un plan de adelgazamiento.
La dieta no debe ser un estilo de vida, sino que la meta es aprender a alimentarse, cambiar hábitos y lograr un peso saludable.

En ese contexto, “los gustitos”, son aquellos alimentos o bebidas con los que uno se puede dar un gusto y tener esa “válvula de escape”, que es tan necesaria y tan conveniente cuando alguien está en un plan de adelgazamiento. Esto se debe a que nadie puede vivir en forma continua haciendo las cosas tan disciplinadamente que no se pueda dar un gusto de vez en cuando.
¿Qué califica como gustito? En esta categoría podemos encontrar a la pizza, las empanadas, las papas fritas, el vino, la cerveza, alguna copita de otra bebida, un flan, un chocolate o un helado, por mencionar algunos ejemplos de cosas que a alguien le pueden llegar a gustar, aunque puede haber muchas otras más.
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