Si algo sucedió con el sexo en los últimos años es que se volvió más visual y accesible como producto de consumo. Pasó de ser algo íntimo y puertas adentro, a consumirse en formato de video pornográfico a razón de 30 mil videos por segundo.
En la era del porno y la era de la imagen sabemos más de cómo se ve o cómo creemos que se tiene que ver el sexo, a cómo se siente. Nos preocupamos más sobre el tipo de cuerpo que nos venden constantemente y que nos frustra no tener, que por aprender sobre conciencia corporal para conectar con las propias sensaciones.
De hecho, muchas de las dificultades que tenemos en la cama tienen que ver con estar más pendientes de la imagen que de lo que realmente está pasando. De lo que pensamos que tenemos que hacer y de cómo hay que hacerlo, en lugar de poder sentirlo y experimentarlo. Vamos a la cama poniendo más la cabeza que el cuerpo.
Muchas de las dificultades que tenemos mejoran si vamos más despacio, si cerramos los ojos, respiramos y ponemos la atención en lo que siente la piel. Es importante recordar que la experiencia sexual es una experiencia de cuerpo entero. Un lugar para vaciar la mente y sentir.

La pornografía fragmenta los cuerpos y pone la genitalidad en el centro de la escena. El modelo sexual que tenemos actualmente se ve muy condicionado por esto. A la hora de los encuentros, la genitalidad se lleva toda la atención.
Se dice que las mujeres tenemos la energía más dispersa y por eso se recomienda estimular desde la periferia hacia los genitales. Esta estrategia colabora con la respuesta de excitación a nivel genital, ya que necesitamos de tiempo para que toda la sangre llegue a la pelvis. Los hombres, en cambio, tienen bastante energía a nivel genital, por lo que se recomienda expandir desde allí hacia el resto del cuerpo.
Para estimular los genitales siempre se recomienda ir de adelante hacia atrás. El pene concentra zonas sensibles importantes como el glande y el frenillo. Luego tenemos los testículos, el perineo, el borde del ano y el punto P. El punto P hace referencia a la próstata, que se encuentra a unos cinco centímetros de distancia del orificio del ano. Se puede estimular directamente, o de manera indirecta, desde la zona en la que conecta los testículos con el ano.

En las personas con vulva, la zona genital concentra el clítoris, los labios, la zona U que es el área de la vulva por donde asoma la uretra, la entrada vaginal y el punto G, que se encuentra en la cavidad vaginal a unos tres centímetros sobre la pared anterior. El punto A también está en la vagina, pero más cerca del cuello del útero, sobre la pared anterior. Se suman el perineo y el ano.
Más allá de lo genital, como zonas erógenas contamos con la parte interna del muslo, el bajo vientre, los pies (acá se dividen bastante entre fanáticos y quienes sienten rechazo a la hora de tocarlos o dejárselos tocar), las manos, la espalda, los pezones y las mamas, la nuca, la boca, el cuello, las orejas y el cuero cabelludo.
El mapa erótico incluye a todo nuestro cuerpo y su principal protagonista es la piel. La clave es ir jugando con las sensibilidades de cada parte del cuerpo y el nivel de estimulación. No es lo mismo frotar, que acariciar, o que tocar sutilmente con la yema de los dedos o estimular con la boca. Lo mas importante es ir leyendo a la otra persona y jugar con el aumento de la tensión corporal que es lo que mayor placer nos va a dar.

El tacto nos permite dar y recibir en simultáneo. Involucrar todo el cuerpo y todos los sentidos, volvernos protagonistas, conscientes de la actividad. Es por eso que involucrar nuestras manos y nuestra boca durante todo el encuentro nos resulta tan placentero, pero ¿qué tal si probamos lo que se siente el contacto con otras partes de nuestro cuerpo?
Tal vez el mejor consejo que puedo darles es el de soltar lo aprendido y aventurarse hacia lo desconocido. Empezar de cero. Recorrer el camino del propio cuerpo y el cuerpo del otro como si fuera la primera vez, y dejarse llevar. Amplificar las respuestas sensoriales y bajar el volumen de los pensamientos para entregarse al devenir del placer.
*Cecilia Ce es psicóloga, sexóloga y autora de los libros Sexo ATR y Carnaval toda la vida (editorial Planeta). En Instagram: @lic.ceciliace
Realización: Alejandro Beltrame / Edición de video: Sofía Boutigue / Producción: Macarena Sánchez
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