A la hora de un encuentro sexual, sucede que muchas veces ponemos el foco en el resultado. Observamos y analizamos lo que sucede externamente, qué hacemos, qué no hacemos, si sale como esperamos o no, etc. Y también en función de eso sacamos conclusiones que, adivinen, no suelen ser muy positivas. Nos empantanamos en querer revertir pero continuamos poniendo el foco afuera: si tuve una erección, si llegué al orgasmo, si el otro hizo tal o cual cosa.
Por eso hoy los invito a reflexionar acerca de varios mecanismos que nos suceden por dentro que pueden impactar directa y negativamente sobre nuestro disfrute. Muchas de las cuales podrán reconocer en otros ámbitos de la vida y quizá ahí podamos identificar, en otros contextos, las consecuencias que éstas nos traen. A veces esperamos que la cama sea un mundo aparte. Y no, como somos en la vida somos en la cama.

La hiperexigencia: uno de los grandes males de nuestra época, una exigencia desmedida que nos hace sentir que nunca somos suficiente. En el sexo esto suele generar muchos mandatos y falsas creencias que ponen el foco en el rendimiento y en la cantidad. Tener determinado cuerpo, lograr erecciones u orgasmos, “no fallar”, tener cierta frecuencia, etc. Una expectativa inhumana y una idea del sexo muy robótica y automatizada, lejos de lo real.
La baja tolerancia a la frustración. Muchas veces una pequeña situación que sale “mal” desencadena una catarata de malestar que puede instalar una problemática donde no la hay. Sobre todo por el temor a que vuelva a suceder. Permitirnos el error es saludable.
El control excesivo. Es difícil conectar con las sensaciones si tenemos la cabeza en estado de control y de alerta. Nos lleva a vivir la escena sexual desde el rol de espectador. Es un gran desafío poder apagar la mente y llevar el foco a las sensaciones físicas. No nos olvidemos que el sexo se hace con el cuerpo.

La autocrítica constante. Es importante registrar cómo nos hablamos a nosotros mismos al momento sexual. Hay que alentar desde la hinchada para que el equipo salga campeón. Por eso, implementar un pensamiento amoroso y compasivo hacia uno mismo mejora el sexo, en particular, y la calidad de vida, en general.
Estar pendientes del tiempo. Que si me demoro o que si llego antes, no suma. ¿Podemos dejar el cronómetro fuera de la cama?
Las inseguridades. Desde dificultades con la imagen corporal hasta inseguridades en el desempeño. Por eso la sexualidad se relaciona tanto con la autoestima y se refuerzan mutuamente. Generar confianza en uno mismo no suele ser algo que nos salga fácil por eso debemos ser muy cuidadosos con las palabras y mensajes que le damos al otro para no herir ni dañar. Sentirnos cómodos y seguros nos permite bajar la respuesta de alerta y que el deseo fluya.
La falta de feedback. Decirle al otro que nos gusta y que no, nos facilita el camino. Muchas veces esperamos que la otra persona adivine o sepa qué necesitamos, cuándo y dónde. El sexo siempre ha sido un tema tabú y por eso es que tenemos poco entrenado el hábito del diálogo sobre nuestros gustos y necesidades. Quizá no sea específicamente durante el momento sexual, pero podemos ir buscando espacios y maneras de transmitir lo que nos gusta.

Querer agradar. Es muy común que uno esté pendiente de agradar al otro y ser gustado. Un poco está bien, en exceso quizá haga que te desconectes de vos y de la situación.
No saber pedir. ¿Hay algo que necesitas? ¿Algo que te gusta mucho? Pedilo, buscalo. Con palabras, gestos, movimientos. Todo tu cuerpo habla.
El miedo a un embarazo o de contraer una ETS. Quizá nunca te detuviste a pensar que durante los encuentros íntimos tenés este miedo. El miedo nos lleva a incorporar medidas de cuidado y por eso es una emoción básica y adaptativa. Estar seguros y seguras de tener métodos de cuidados adecuados, son fundamentales a la hora de los encuentros.
*Cecilia Ce es psicóloga, sexóloga y autora de los libros Sexo ATR y Carnaval toda la vida (editorial Planeta). En Instagram: @lic.ceciliace
Realización: Melanie Flood / Edición de video: Sofía Boutigue/ Producción: Macarena Sánchez y Francisco Reyes
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