Por Rubén Mühlberger
La pregunta más frecuente en las personas: ¿por qué hay personas que comen de todo y siguen siendo flacas, jamás engordan? O ¿por qué subo de peso con solo mirar un canal de cocina y ninguna dieta me da resultado? tiene una respuesta. "Si alguna vez se lo cuestionó, la respuesta está en su metabolismo: a los largo de los años, nuestro sistema metabólico se va pausando y comienza a trabajar en forma lenta, transformando el alimento en grasa en vez de convertirlo en nuestra fuente energética", aseguró Rubén Mühlberger, (MN 71.566), médico especialista en antiaging y medicina regenerativa.
Las investigaciones han demostrado que la fórmula más avanzada para bajar de peso y equilibrar nuestro sistema metabólico está basada en dieta genética antiinsulínica. Ni contar calorías, ni achicar las porciones de comida le servirá si no identifica previamente al causante de su metabolismo lento y de su sobrepeso. En ese contexto es que debemos identificar cuáles son los factores que están atentando contra su genética.

Cómo identificar la causa y trabajar a favor del metabolismo
El genotipo del metabolismo ahorrador reserva grasas en lugar de gastarlas. ¿Cómo darme cuenta? Visitando a un médico de confianza, desde ya. Pero existen algunos síntomas que nos avisan de esto: sentir frío excesivo, sobre todo en manos y pies; falta de apetito; subir de peso con facilidad; tener la piel agrietada y seca, tener un cuerpo en forma de manzana, se lo denomina así cuando la grasa se localiza en la parte superior del cuerpo, tronco, tórax, hombros y brazos.
Para entender qué le sucede a cada organismo son varias las causas que pueden estar afectando y perjudicando nuestro sistema metabólico: la deshidratación, los problemas de tiroides, llevar una dieta basada en carbohidratos refinados y comida procesada, el hongo cándida, el estrés y la diabetes pueden ser los detonantes de esta problemática.

En todo sistema metabólico actúa la glucosa (presente en azúcares y harinas refinadas). Y los carbohidratos simples, como la glucosa, son adictivos. "Cuando consumimos este tipo de alimentos, la energía que contienen los alimentos que ingerimos se transforma en grasa y no en el combustible que necesitamos para todo lo que hacemos, desde movernos hasta pensar o crecer. Cuando nuestra máquina no trabaja al ritmo que necesitamos, almacenamos la grasa en lugar de gastarla. Para revertir este proceso incorrecto, debemos ocuparnos de darle mayor calidad al combustible orgánico. Es la única forma de poder controlar el gasto energético", aseguró Mühlberger.
Cómo acelerar el metabolismo para rejuvenecerlo
Si bien existe una fórmula personalizada para cada individuo, la dieta antiinsulínica funciona a la perfección al momento de acelerar nuestro metabolismo. Aquí, las claves.
Se recomienda la ingesta de proteínas magras durante el día, acompañando con verduras crudas en el almuerzo y verduras cocidas en la cena; además de hacer media hora al día de actividad física como mínimo (recuerde que los genes que adelgazan se activan con el movimiento deteniendo la producción de insulina).

En este contexto, el especialista enumeró 3 tips básicos para equilibrar nuestro sistema metabólico:
1) La hidratación. Es fundamental beber 2 litros de agua mineral baja en sodio al día. El ser humano puede vivir semanas sin comer, pero no sin estar hidratado. Muchas veces se confunde hambre con sed. Ante la duda, mejor beba y estará colaborando con la disolución de glucosa.
2) Los carbohidratos complejos. Ingerir alimentos que contengan calidad nutricional: es importante recordar que la función es tratar de inhibir el genotipo ahorrador suprimiendo la ingesta de carbohidratos simples con pequeños hábitos, como reemplazar el azúcar por estevia y las harinas refinadas (trigo, avena, cebada, centeno) por las que son libres de gluten y TACC (amaranto, quinoa, mijo, mandioca, soja, maíz, teff, garbanzo, almendras o castañas). Adquirir carbohidratos complejos, como vitaminas, fibras y minerales (presentes en legumbres, frutas, verduras, aceites vegetales).
3) Las proteínas. Consumir proteínas magras durante el día, desde el desayuno, hasta en la cena. Las carnes (sobre todo las blancas) son macronutrientes: queman calorías en el proceso mismo de la digestión y producen más saciedad, lo cual nos ayuda a perder peso y ganar masa muscular.
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