
Tienen entre 24 y 31 años. Y fue la sensación de control sobre su propia vida la que los motivó a iniciarse en la práctica de un deporte que, si bien en la Argentina aún lo ejercitan unos pocos, en el mundo suma cada vez más adeptos.
Highline es la última evolución del equilibrismo, consiste en transitar y permanecer en una cuerda suspendida a mucha altura. Se trata de una disciplina que pone a prueba el cuerpo físico, emocional y mental. Activa la capacidad de abrir puertas a un estado de conciencia y presencia extrema canalizando el poder interno.
Cinco deportistas argentinos establecieron el récord de highline urbano del país al recorrer en pleno corazón de Buenos Aires una cinta de 150 metros de largo colgada a 80 metros de altura, entre las dos torres de Madero Harbour. Como plus, uno de los jóvenes estableció, además, un nuevo e inesperado récord latinoamericano: caminó los 150 metros de la cinta sin caerse para atrás.
Son Alejandro Salvo (31), Carolina Bret (29), Ivan Avaca (28), Lautaro Arellano (27) y Federico Cantú (24).
Alejandro es pionero en highline en la Argentina, y en diálogo con Infobae contó que empezó haciendo slackline en la playa y después colgó la cinta en altura, por primera vez en Capilla del Monte, Córdoba. "A partir de ahí muy pocas veces volví a colgar una cinta sobre el suelo", recordó.

"Hacer highline es una actividad que requiere dar lo mejor de uno y eso creo que te hace mucho mejor persona – resumió el joven sobre los motivos que lo llevaron a desempeñarse en este deporte-. Mi mayor desafío de altura fue hacer highline en la torre principal del Frey, en el Cerro Catedral, donde había que escalar primero con todo el equipo para instalar un highline por primera vez, lo cual supone un gran esfuerzo".
Para él, ante todo, el deporte "es una competencia con uno mismo". Y si bien reconoció que en el país sólo lo practica una minoría en las provincias de Mendoza, Neuquén, Córdoba y Rosario, destacó que "empieza a aparecer la modalidad speedline (quién camina la cinta más rápido) o la modalidad récord (quién puede caminar la cinta más larga hasta el momento)".
A Ivan, quien fue el responsable de lograr el récord latinoamericano en el evento que se realizó el pasado domingo 25 en Buenos Aires, lo que lo llevó a practicar highline fue descubrir que podía mantener el equilibrio de su vida "tanto en la cinta como en la cotidianeidad del día a día". "Eso me ayudó también a crecer como persona; creo que realmente se puede vivir en total equilibrio", relató el joven, que comenzó a practicar en Neuquén, y sueña con "viajar por el mundo haciendo highline".
"Me veo como un futuro equilibrista muy bueno a nivel mundial; mi desafío en altura sería caminar una cinta completa a mil metros de altura, en algún país como Noruega", concluyó.
Lautaro encontró su motivación para practicar highline en "la idea de poder volar por el aire" por sus propios medios. "Quisiera ser un highliner profesional para dedicarme tiempo completo a lo que amo, y así ser la mejor versión de deportista que pueda alcanzar", señaló el joven, que comenzó a entrenar slackline en un parque, para luego pasar al highline en una fábrica abandonada, motivado por el Club de Slack. "Luego fui al Cuarto Festival Argentino de Highline y me volví adicto a esto", contó.

Para él, la clave del entrenamiento es "hacer mucho highline, buscar nuevos desafíos constantemente". "El hecho de estar en la montaña también es un entrenamiento en sí: subir, bajar, escalar, caminar. Además, en mi día a día complemento con mucha bicicleta", detalló, al tiempo que contó que su meta "es hacer esto por muchos años más, y que los logros concretos lleguen fruto del entrenamiento y la evolución".
Su mayor desafío de altura fue la cinta más larga de la Argentina, de 676 metros, que montaron con amigos hace unas semanas, en Cacheuta, Mendoza. Y si bien aún no practicó la actividad en algún otro lugar del mundo, la semana próxima partirá a Australia a dar sus primeros pasos en el aire.
La línea sobre la que caminan no es sólo la unión de dos extremos, sino también la representación física del interior del highliner, plano que debe aprender a controlar para transitar caminos imposibles.
El highline necesita de mucha investigación, entrenamiento y finalmente ejecución. Una vez encontrado el espacio perfecto para proyectar una línea, el trabajo físico y mental para poder hacerlo posible exige a los deportistas conocimiento de muchas otras materias.
El highliner se encuentra atado a una línea de vida, por lo que no supone riesgo alguno.
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