El placer y la felicidad pueden parecer similares pero son muy diferentes entre sí. No comparten los mismos circuitos ni sustancias cerebrales, y tienen resultados y consecuencias muy diferentes en las personas.
"El placer y la motivación son sinónimos de la dopamina, un neurotransmisor del cerebro", explicó en diálogo con Infobae la escritora y psicóloga Celia Antonini. "La dopamina es una sustancia química que se secreta durante situaciones agradables y alimenta los sentimientos de deseo y motivación, y que está implicada en la regulación de muchas cosas en nuestro cerebro: recompensas, motivación, placer".
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¿Qué significa esto? "Que aquellas acciones que nos causan placer inmediato como la comida, el sexo, el cigarrillo, el juego en el casino o la tecnología son estimulantes de la secreción de dopamina y nos estimulan a buscar más de aquella ocupación o actividad que nos genera placer, alimentando un circuito de motivación y recompensa que nos hacer volver a repetir aquellas conductas que nos proporcionan placer", aseguró la experta.

El riesgo al que estamos expuestos cuando abusamos de la búsqueda de placer es caer en la adicción, según la psicóloga. "Quedar presos de una necesidad imperiosa de repetir una conducta que dura poco tiempo y que nos incita a volver a buscar el mismo placer una y otra vez. Quizás, la corta duración del efecto dopaminérgico sea el motivo por el cual nos es tan fácil abusar de los placeres. Es como si el cerebro dijese: 'Qué bien se siente, ¡quiero más!'".
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La dopamina tiene en el cerebro cinco receptores ubicados en una misma zona, a diferencia de la serotonina -la hormona del bienestar-, que propaga señales de felicidad a muchas partes diferentes del cerebro, tocando al menos a 14 receptores distintos. Algunos científicos sostienen que, en parte, esta es la razón por la cual la felicidad puede sentirse de muchas maneras diferentes: sensaciones de amor, satisfacción o alegría pueden aparecer durante diversas situaciones e interacciones que tiene la serotonina con los receptores en diferentes zonas del cerebro.

"A diferencia del placer, la felicidad no es adictiva, dura largo tiempo, y está relacionada con el dar, el ayudar, el hacer algo por los otros y con los otros. Está unida al compartir momentos con amigos, familia, colegas. La interacción con los otros hace fluir el sentimiento de felicidad. Esto hace que el cerebro diga: 'Esto se siente bien, y me es suficiente'", afirmó.
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"Podríamos decir que con el placer uno toma cosas y con la felicidad uno tiende a dar. Lo efímero versus lo duradero. Mientas que para la felicidad estar bien es suficiente, para el placer nada es suficiente. Siempre está dispuesto a ir por más. Somos nosotros los que tenemos que ponerle el freno y decirle 'basta' al helado, a la comida o al shopping para que no nos lleve a una adicción. En cambio con la felicidad no corremos riesgos".
"Necesitamos de ambos, pero tenemos que tener claro que el camino del placer no nos lleva a ser felices", concluyó Antonini.
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