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Por Fabricio Portelli

Los restaurantes de una gran ciudad como Buenos Aires ofrecen un sinfín de opciones basadas en la propuesta gastronómica. Y sin dudas, una de las cocinas más exóticas, al menos para los argentinos, es la del sudeste asiático. No solo por la gran diferencia de productos e ingredientes básicos, sino también por la intensidad de sus sabores y texturas. El picante y las especias proponen un gran desafío a la hora de elegir un vino, y por eso muchos sin complicarse van directo a los tragos o a la cerveza. Quizás por este motivo, sean pocos los restaurantes de este tipo de comidas con buenas cartas de vino.

Pero el vino sigue siendo la bebida más diversa del mundo, y en la Argentina hay muchas etiquetas para elegir sin abrumarse. La importancia del maridaje está claramente plasmada en una famosa región francesa que promociona sus vinos como los ideales para acompañar la cocina tai (Eat Thai, Drink Alsace). Y justamente ahí está la pista principal, porque los vinos de Alsacia son blancos, densos y con una acidez marcada, algunos muy florales en sus expresiones, mientras otros más austeros.

En la Argentina se producen muchos vinos de ese estilo más allá de las diferencias lógicas que proponen el clima, el terruño y las variedades.

¿Cómo son los mejores vinos para acompañar la cocina asiática?

La diversidad de platos queda relegada a la intensidad de sus sabores y sazones, por eso la elección, sin duda, debería ser blancos o rosados del año; es decir 2018 o 2017, salvo excepciones de vinos con probada evolución.
Por ejemplo, las entradas de langostinos con salsa agridulce y sate kai (Punch Curry Bar, Costa Rica 4818), o los nidos de langostinos (Banh Tom Chien) y langostinos fritos, empanados en semillas de sésamo (Tom Tam Bot Chien) que sirven en Green Bamboo (Costa Rica 5802), van muy bien con blancos de carácter, con expresiones y fragancias firmes, y que siempre propongan un final referscante en cada trago.

Crios Torrontés 2016

Hay muchos que en lugar de entrada y principal, prefieren hacer una larga picada, donde todo vaya al centro. Ahí se pueden destacar los dumplings de camarón y cerdo, los won ton al vapor y los spring rolls de langostinos (El Quinto, Av. del Libertador 6248). También los dumplings sellados a la plancha, rellenos de carne de cerdo y hierbas, o los nem sai gon; roll fritos de papel de arroz, cerdo, hongos shitake y vegetales (Green Bamboo), o los dumpling de pato de Niño Gordo (Thames 1810 -CABA).

Para estos platos lo mejor también es un blanco fresco, sin tanto ímpetu de aromas y sabores, más bien austero en sus expresiones, pero con la suficiente acidez para limpiar el paladar despúes de cada bocado.

Chakana Estate Selection Chardonnay 2015

Los sushi rolls ya son tan populares como la pizza y la parrilla en la Argentina, por la diversidad que propone cada bocado (hay hasta niguiri de lengua – Niño Gordo), además su forma práctica y entretenida de comerlos, siempre compartidos. La mayoría se sirven a temperatura ambiente, y el picante (wasabi) suele venir aparte. La salsa de soja juega un papel fundamental por la intensidad de sus sabores. Por lo tanto acá pueden ir muchos blancos y rosados, pero lo mejor será optar por un vino amable y refrescante, de paso ágil y sin tanto peso en boca, equilibrado y expresivo.

El Relator Sauvignon Blanc 2016

Los pescados y frutos de mar son la verdadera estrella de la cocina asiática en platos calientes, y la propuesta es casi infinita. Hay curries thailandeses con leche de coco, de langostinos y salmón (Punch Curry Bar), pad thai con fideos de arroz y mezcla de mariscos, especias y hierbas (El Quinto), o curry de pescado, langostinos y mariscos, mango y leche de coco (Green Bamboo). Estos plantos hacen subir los calores más allá del picante elegido en cada caso. Por eso el vino debe ser del año y súper refrescante, con acidez sostenida y paso ágil, sin peso para no opacar los sabores del plato.

Jijiji Chenin Blanc 2017

Las carnes más tradicionales pueden aparecer en escena de diferentes maneras. Como pinches de pollo marinados a la plancha con salsa de pepinos agridulces y picante de maní (PunchCurryBar), el bife de chorizo con wakam que se come con la mano haciéndose el paquetito (Niño Gordo), yakitoris (tipo de brocheta de pollo japonesa) a la brasa ( El Quinto), carnes braseadas (Sudestada, Guatemala 5602), o el salteado de lomo, lemongrass y aceite de sésamo, papas paille y dip de berenjenas ahumadas (Green Bamboo). Seguro que muchos optarían por un tinto; de ser así que sea uno liviano y bien fresco. Pero lo ideal es ir por un blanco denso y con una acidez marcada, de buen cuerpo y paso consistente.

Barroco Viognier 2012

Todos estos vinos son ideales para poder seguir disfrutando y potenciar los rasgos exóticos de cada bocado. Sin dudas, esta cocina propone una auténtica experiencia gastronómica, un verdadero viaje con los sentidos sin moverse de la silla.

Degustación de vinos

Crios Torrontés 2016
Susana Balbo Wines, Mendoza
Es un blend de Torrontés de Cafayate y Valle de Uco, con un carácetr muy bien definido. Moderno y resfrescante, con tipicidad y un paladar vibrante, de final largo, alimonado y floral.
Puntos: 88,5 (Wok de vegetales)

Chakana Estate Selection Chardonnay 2015
Chakana, Altamira, Valle de Uco, Mendoza
Blanco de buen volumen y un carácter muy particular con dejos florales que se salen de lo tipico. Tiene nervio y gracia, con mucha frescura y buena estructura, sobre todo para lucir en la mesa. Además, está para descorchar o para guardar. Barricas de roble francés y huevos de concreto sin epoxi
Puntos: 89 (Wok de vegetales)

El Relator Sauvignon Blanc 2016
Relator Wines, Luján de Cuyo, Mendoza
La segunda cosecha de este vino muestra la madurez del proyecto y la ayuda del paso del tiempo. Porque es un Sauvignon Blanc con buena tipicidad, de paladar vivaz, bien herbal y citrico, pero con carácter más envuelto y equilibrado. Más calmado en sus ímpetus, con más volumen y frescura, mejor para la mesa.
Puntos: 89 (sushi rolls)

Jijiji Chenin Blanc 2017
Gen del Alma, Villa Seca, Tunuyán, Mendoza
Nueva cosecha de este blanco sin filtrar, de aspecto nublado, bien tenso y vibrante que apostó por un cepaje tan tradicional como olvidado. De esta manera Gerardo Michelini y su mujer (Andrea Muffato) crearon un vino diferente a todos, apoyado en sus texturas. De carácter más complejo que su antecesor y con una acidez bien filosa, hay notas de levaduras, buen volumen y un paladar tan franco como vivaz.
Puntos: 89,5 (Parrillada de mariscos)

Barroco Viognier 2012
Barroco Wines, Ugarteche, Mendoza
Sin dudas es uno de los vinos blancos argentinos más originales por fuera, pero mucho más por dentro. Sus aromas muestran cierta evolución, con carácter y toques de combustión. Paladar fresco y algo maduro, con buena intensidad en nariz. Frescura integrada y sostenida, con paso graso y agarre que se mantiene, y sabores frutales y vegetales maduros. De paladar franco, con capas de sabores y mucha fuerza, pero todo bien equilibrado y con un agradable paso del tiempo.
Puntos: 90 (Langostinos grillados)

Fabricio Portelli es sommelier argentino y experto en vinos

Twitter: @FabriPortelli

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