El deporte fue la mejor terapia del hoy atleta Martín Kremenchuzky.
El deporte fue la mejor terapia del hoy atleta Martín Kremenchuzky.

Por Alejandro Gorenstein

"Cuando me quedé ciego estaba angustiado, con nerviosismo, con mucha incertidumbre. Sentía que no había ninguna actividad que pudiera hacer. No tenía proyectos, no tenía ilusiones y realmente era imposible pensar que hoy estuviera acá contando todas las cosas que hice. Si me hacían firmar estar un 10% de como estoy hoy, lo firmaba". Estas palabras las pronunció hace casi un año Martín Kremenchuzky (44) en la presentación de su libro Confianza Ciega en la Feria del Libro.

Martín padece el síndrome de Usher, una enfermedad poco frecuente que producto de una rareza de origen genético le provocó hipoacusia, falta de equilibrio y pérdida progresiva de la visión. Pese a que le daba vergüenza en el jardín, a partir de los cinco años comenzó a utilizar audífonos. Cuando cumplió 8 dejó de ver de noche, y progresivamente se le empezó a achicar el campo visual por lo que se sentaba delante de todo en el colegio para escuchar mejor a la profesora.

A los 8 años, Martín dejó de ver de noche, y progresivamente se le empezó a achicar el campo visual. El gran cambio llegó en la secundaria: compañeros nuevos, 35 en la división, diferentes profesores. Ahí se empezó a perder por completo en las clases.
A los 8 años, Martín dejó de ver de noche, y progresivamente se le empezó a achicar el campo visual. El gran cambio llegó en la secundaria: compañeros nuevos, 35 en la división, diferentes profesores. Ahí se empezó a perder por completo en las clases.

Fanático de Boca, mientras su vista se lo permitía, miraba mucho fútbol y tenis por televisión. "Era un obsesivo con el tema deportivo, esperaba toda la semana para que llegara la revista El Gráfico, para leerla de punta a punta. Veía muy bien de frente, por eso cuando jugábamos al fútbol, de arquero era imbatible; era muy difícil de que me hicieran un gol mano a mano, pero cuando venía un centro de un lado para el otro yo me sentía descolocado. También jugaba al tenis desde el fondo de la cancha, de esa forma podía seguir el foco de la pelota, no tenía ninguna chance de adelantarme para bolear, si me adelantaba un poco perdía el registro de la pelota", recordó Kremenchuzky  a Infobae .

Martín y su equipo runner que le sirven de guía en las carreras. Corrió varias maratones y 3 IronMan Brasil (2015) Sudáfrica (2017)  y Nueva Zelanda (2018).
Martín y su equipo runner que le sirven de guía en las carreras. Corrió varias maratones y 3 IronMan Brasil (2015) Sudáfrica (2017)  y Nueva Zelanda (2018).

Quedar ciego

Martín cursó el terciario de Analista de Sistemas en ORT, después Administración Agropecuaria en el ICEA y se recibió de ingeniero en Sistemas en la UAI. En aquella época no tenía problemas para trabajar como programador ya que lo hacía mirando de frente a la pantalla. Sin embargo, a medida que iba transcurriendo el tiempo iba perdiendo un poco más la visión.

Martín cuenta que no se quedó ciego de la noche a la mañana y que casi cuando no veía nada seguía saliendo a la calle sin bastón, solo, como si fuera tratando de seguir la sombra de alguna persona. Estaba en una etapa de negación. No lo terminaba de aceptar. Tenía 34 años. Le costaba imaginarse cómo sería su nueva vida.

“No quería que mi hijo me viera como un pobrecito”

"Cuando veía que no podía hacer las cosas que venía haciendo fue muy duro, no sabía qué hacer, por suerte estaba mi hijo que era chiquito, y me la pasaba jugando con él. Me juntaba con alguien y no tenía de qué hablar, encima no podía ver los partidos de fútbol, las películas, ni paisajes, en ese momento había perdido las ganas de vivir".

Sin embargo, su propio hijo fue quien lo inspiró a Martín a la hora de empezar a encontrar algunas de las respuestas que pasaban por su mente. "No quería que mi hijo me viera como un pobrecito o que tuviera que estar pendiente de mí, yo quería que él estuviera jugando con sus amigos. Y eso  tocaba mi orgullo, no podía dejar que mi hijo tuviera un padre perdedor. 'Toto' me va a necesitar, tengo que salir adelante, no sé cómo, pero tengo que salir adelante".

Lo primero fue salir a remar con un amigo. Después se animó a nadar, anduvo en bicicleta de dos asientos, aprendió a bailar tango, teatro, hizo cursos de masajes, percusión, y hasta se permitió catar vinos y perfumes.

Al poco tiempo un amigo le propuso salir a correr. El primer día realizó dos kilómetros y sintió que estaba fundido, pero había disfrutado de la experiencia de salir un rato y compartir una charla. Poco a poco su autoestima se iba levantando. Este muchacho, que era profesor, lo invitó a que formara parte de su equipo de runners y, de esta manera, comenzó a correr acompañado de un grupo de atletas.

Empezó corriendo 10 kilómetros. Después 21K, 42K, carreras de aventura, triatlón, y se dio el lujo de ser el primer y único argentino en competir, en su condición, en un IronMan -una prueba deportiva que consta de tres disciplinas: natación, ciclismo y running) en Florianópolis, Brasil, en el año 2015.

Hoy dicta charlas y conferencias en empresas, eventos, congresos, colegios, iglesias, templos y asociaciones diversas; y recibió un sinfín de distinciones de diferentes organismos (Daniel Muchiutti)
Hoy dicta charlas y conferencias en empresas, eventos, congresos, colegios, iglesias, templos y asociaciones diversas; y recibió un sinfín de distinciones de diferentes organismos (Daniel Muchiutti)

"Había ganado la maratón de Buenos Aires, pero necesitaba hacer un IronMan. Estaba con muchos temores, no sabía si iba a poder llegar a la meta. Largamos en el agua, tenía pensado los tiempos y estaba media hora adelantado de lo pensado, lo mismo en la bicicleta. No había tomado conciencia en ese momento de lo que había hecho, pero la semana siguiente empecé a darme cuenta por las redes sociales, todo lo que se hablaba de mí. Ahí empecé a estar con el pechito inflado, ese día sentí que me había recibido de deportista. Era una felicidad inmensa, había ido por la gloria, sentía que brillaba", cuenta hoy orgulloso a Infobae.

A medida que fue superando metas y se empezó a conocer más sobre su historia de superación personal, Martín se fue dando cuenta que podía transmitir su experiencia a mucha gente.

Tomó un curso de oratoria ya que él mismo consideraba que era "atolondrado" para hablar. Necesitaba saber cómo estructurar las charlas, cómo hacer las pausas, de qué manera podía llegar mejor a su audiencia.

Ya lleva dictadas más de 120 charlas. "La gente capta mi onda enseguida. Me dicen que sé transmitir, destacan la sencillez de mi lenguaje, además no utilizo palabras raras y les gusta mucho mi humor, cómo aprendí a reírme de mí mismo".

Toto, hijo y compañero

Su hijo Toto, que actualmente tiene once años, es su fiel compañero. Donde está Martín, está su hijo, como si fuera su sombra. "Estoy orgulloso de la relación que tenemos, somos muy compinches", explicó Martín.

Siempre que puede, Toto acompaña a su papá a las carreras: estuvo presente en el IronMan de Sudáfrica, en Nueva Zelanda y también lo acompañó a la maratón de Nueva York.

Su gran objetivo es realizar un IronMan en cada continente: ya lleva 3 competencias, Brasil 2015, Sudafrica 2017 y Nueva Zelanda 2018
Su gran objetivo es realizar un IronMan en cada continente: ya lleva 3 competencias, Brasil 2015, Sudafrica 2017 y Nueva Zelanda 2018

Confianza ciega

Tras haber completado su primer IronMan mucha gente le decía a Martín que tenía que escribir un libro. Al principio no estaba muy convencido porque no le encontraba el sentido, hasta que se dio cuenta de que con su experiencia personal podía ayudar a mucha gente. Fue así que un amigo suyo le recomendó que se contactara con la periodista y escritora Cecilia de Vecchi.

"Como Martín es extremadamente inquieto me di cuenta desde el principio que con las entrevistas no alcanzaba para entender y conocer su mundo. Nunca estuve cerca de una persona no vidente, y tenía muchas dudas. Martín me convenció gracias a su humor, y ahí nos embarcamos en una aventura que incluyó competencias deportivas, charlas por el interior, reuniones familiares, entregas de premios e infinidad de proyectos. Fue una experiencia enriquecedora, porque si bien Martín necesita de tu ayuda para trasladarse o caminar, sacarse una foto o que le acerquen la comida, tiene un potencial enorme que a mí me dejó una gran enseñanza: que tener un sentido 'apagado', nada tiene que ver con las capacidades que una persona puede desarrollar", explicó De Vecchi a Infobae.

A mediados del 2017,Martín recibió un mail desde la Legislatura con la propuesta de nombrarlo como Personalidad Destacada de la Cultura y el Deporte de la ciudad de Buenos Aires. Al principio le parecía que era una broma. El 2 de noviembre estaba lista la distinción y lo llamaron para ver cuando podían hacer la ceremonia de entrega de la plaqueta.

-No, yo no quiero ir a la Legislatura – le dijo Martín a la persona que lo contactó por teléfono.

-Cómo que no, si te vamos a entregar la plaqueta –le respondió el hombre.

-Sí, yo quiero la plaqueta, pero quiero que me la entreguen en "La Bombonera", a estadio lleno y junto a mi hijo.

Martín y su hijo Toto en La Bombonera, donde fue nombrado Personalidad Destacada de la Cultura y el Deporte de la ciudad de Buenos Aires en 2017.
Martín y su hijo Toto en La Bombonera, donde fue nombrado Personalidad Destacada de la Cultura y el Deporte de la ciudad de Buenos Aires en 2017.

Finalmente el 19 de noviembre de 2017, en el partido que Boca disputó ante Racing, Martín cumplió el sueño de que su hijo pisara el césped de "La Bombonera". "Y recibimos con un fuerte aplauso a Martín Kremenchuzky, acompañado de su hijo Toto", se escuchaba el anuncio de la voz del estadio que les daba la bienvenida. "Estuvo genial, estar ahí y sintiendo como Toto estaba excitado y emocionado, para mí era lo más".

Martín se siente orgulloso de poder experimentar correr en alianza con otras personas con discapacidad.

Cuando aún podía ver, Martín confiesa que era una persona quejosa, que no disfrutaba de lo que hacía, que no valoraba lo que tenía y que la discapacidad le brindó la posibilidad de aprender muchas. "Aprendí a valorar las cosas importantes de la vida. Todo el tiempo estoy pensando en sacar el lado positivo a las cosas".

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