Ketamina: el peligroso boom de la droga que los genios de Silicon Valley consumen contra la depresión

Los tiempos históricos que corren colocaron a la depresión como uno de los mayores flagelos de la sociedad, sin importar niveles socioeconómicos, países, creencias o culturas. En cualquier lugar del planeta las estadísticas revelan un preocupante crecimiento de este mal y para la Organización Mundial de la Salud, los problemas mentales ya representan el 12% de las causas de enfermedades. Además, en su último informe, resaltó que un 46% del total de las patologías (cerca de 300 millones de personas) están relacionadas de manera directa a cuadros depresivos y su pronóstico es claro: para el 2030 la depresión se convertiría en principal causa de discapacidad en el globo.

"La depresión suele ser un tema subestimado. Muchos aún consideran que no es una enfermedad sino solo un tema de debilidad cuya solución es 'ponerse las pilas', pero necesita del esfuerzo de los profesionales y de la familia para lograr que el paciente salga a flote", explicó Marcelo Cetkovich-Bakmas, jefe del Departamento de Psiquiatría de INECO.

El crecimiento exponencial del mal lo coloca en el centro de la industria farmacológica. Los antidepresivos, de por sí, son un negocio formidable que factura más de USD 14 millones al año y para 2020, especulan, que superará los 16. En los últimos meses, un viejo-nuevo compuesto se colocó en el centro de la escena: la ketamina.

El compuesto ya comenzó a utilizarse en algunas clínicas
El compuesto ya comenzó a utilizarse en algunas clínicas

También llamada "Special K" o "Kit Kat", es un compuesto sintetizado que vio la luz por primera vez en 1962 y que al principio fue utilizado, debido a su gran potencia, como un analgésico por los médicos militares en zonas de combate. En la actualidad, su uso más común corresponde a la veterinaria, ya que es usada para anestesiar a los caballos.

Como toda sustancia sedativa también es un producto del narcotráfico con fines "recreativos". Entre sus efectos más comunes se encuentra la psicodelia, alucinaciones y embriaguez, y estados de conciencia que simulan la agonía; y entre otras consecuencias, estado de coma, insuficiencia cardiorrespiratoria e incluso la muerte. Por estas razones, su comercialización está prohibida en gran parte del planeta.

Sin embargo, ya desde 2006 comenzó a utilizarse como antidepresivo, aunque los especialistas advierten que se desconocen sus efectos a largo plazo, lo que la convierte en un peligro latente.

"Sabemos que la ketamina es segura como anestesia, pero por regla general una persona solo es anestesiada una vez, no recibe anestesia de manera periódica durante meses o años. No tenemos idea de lo que puede hacer", explicó la doctora Cristina Cusin, del Hospital General de Massachusetts, a la revista Time.

Los efectos son muchos más directos que los de los tratamientos tradicionales (iStock)
Los efectos son muchos más directos que los de los tratamientos tradicionales (iStock)

El aumento de los casos, como los suicidios de mentes brillantes de Silicon Beach, la región de Los Ángeles que reúne a 500 empresas tecnológicas, le otorgaron un aura positivo en los medios. Edward Thomas Mackoviak, ingeniero de Apple; Joseph Thomas, programador de Uber; Austen Hewinz, fundador de la start-up Cambrian Genomics y Autumn Radke, presidente de una compañía de pagos en bitcoins, son solo algunos de los jóvenes mimados por el corporativismo que terminaron con sus vidas por cuadros depresivos. Esto generó que, rápidamente, clínicas privadas de la zona y también en San Francisco (donde está Silicon Valley) pusieran entre sus servicios una terapia con este compuesto que, lógicamente, no es accesible para todos: el tratamiento dura alrededor de 50 minutos y cada dosis cuesta unos USD 750 dólares.

Si bien no se puede determinar una causa para la depresión, existen múltiples factores que aumentan el riesgo de padecerla; entre ellos los factores genéticos, los rasgos de la personalidad y los eventos ambientales estresantes tales como las dificultades socioeconómicas, el abuso sexual, la escasa red social y familiar o la pérdida de seres queridos. Las enfermedades crónicas como las cardiopatías, el cáncer o cualquier condición que produzca dolor crónico también aumentan el riesgo de padecer depresión, de igual modo que el abuso de alcohol y otras sustancias.

La Asociación Americana de Psiquiatría fue la primera organización en apoyar este tipo de tratamiento contra la depresión grave -ideación suicida y trastorno por estrés postraumático- con un comunicado en el que aseguraba que "existen pruebas concluyentes de los efectos antidepresivos de la ketamina aplicada por gotero y de que estos son rápidos y robustos, aunque transitorios".

Para algunos especialistas, en los efectos secundarios de la sustancia se encuentra la clave para la recuperación
Para algunos especialistas, en los efectos secundarios de la sustancia se encuentra la clave para la recuperación

De acuerdo con sus estadísticas, el gran valor del tratamiento es su alta velocidad de respuesta, muy superior a todos los antidepresivos del mercado: su efecto comienza a ser notorio en cuestión de horas, contra las semanas o meses que demoran los otros medicamentos o terapias. Además, se debe sumar que posee una tasa altísima de éxito, entre un 60 y 70 por ciento en pacientes que ya no responden o nunca respondieron a ningún otro tratamiento. Sin embargo, no es una solución mágica, y el primer gran problema que aparece es el de la transitoriedad, lo que significa que su efecto no es permanente ni mucho menos, puede durar apenas unos días o, en el mejor de los casos, algunas semanas, por lo que las personas deben tener una nueva dosis para no volver a caer en un cuadro depresivo. Y así. Esto abre la puerta de la adicción.

Cómo funciona

Una investigación de la Universidad de Illinois, EEUU, reveló que la ketamina involucra a las células gliales del cerebro, que funcionan como auxiliares de las neuronas, las principales responsables de la función nerviosa. Estas células, una suerte de pegamento del tejido nervioso, utilizan al neurotransmisor glutamato, también relacionado con diversas patologías neurodegenerativas. Si se lo compara con los antidepresivos tradicionales, este camino es mucho más directo. En términos gráficos, la ketamina correspondería a tener el teléfono del dueño de una empresa cuando se busca trabajo, mientras que los métodos tradicionales serían llevar el currículum a la oficina de RRHH.

Un trabajo mancomunado entre diferentes universidades e instituciones (Yale, Mayo Clinic, Stanford y Tufts, entre otras) informó que "hasta un 75% de los pacientes estudiados dijeron sentirse al menos mejor a la mitad de un día" luego de consumirla. Gerard Sanacora, profesor de Psiquiatría de la Universidad de Yale y director de su Programa de Investigación sobre Depresión, comentó: "Hubo personas con disposición suicida que dejaron de tenerla en 24 horas".

La depresión no es un estado mental del que se sale con “buena onda”
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Otro trabajo, realizado en ratones por la Universidad de Maryland, aseguró que el cambio de los pacientes se produciría debido a una molécula más pequeña extraída de la ketamina al descomponerse en el hígado y que, cuando esta molécula es aislada y se administra de manera pura, no genera efectos secundarios ni adicción.

La ketamina es el primer avance clínico contra la depresión en 30 años, el último fue el Prozac en 1987, que a partir de 2001 se convirtió en genérico (fluoxetina). Esto, y las cifras en aumento del mal en la sociedad son, en parte, los responsables de la euforia de la industria farmacológica por buscar un compuesto parecido, pero sin sus efectos secundarios.

Todavía no hay un consenso en la comunidad científica con respecto a cuál debe ser el siguiente paso. Para algunos investigadores los efectos psicotrópicos de la ketamina podrían estar relacionados con sus propiedades antidepresivas, mientras que para otros es esencial encontrar una molécula parecida, pero que esté libre de sus efectos secundarios.

Para la industria, lo importante es encontrar un comprimido que les permita lanzar un medicamento que atraviese los controles de la FDA y comenzar una nueva era de producción. Eso sí, los efectos a largo plazo, tanto de uno como de otro, son todavía un misterio.

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