
Googlear como primera medida. Recurrir al oráculo moderno, al sabelotodo del siglo XXI. Tipear "Gran Berta" y enterarse que, hace más de 100 años, el concepto poco tenía que ver con el humor. Todo lo contrario, más bien. Gran Berta era un tipo de artillería desarrollada en Alemania durante la Primera Guerra Mundial. Un letal obús de asedio, más específicamente. Los significados, con el tiempo, varían, se deforman.
Cuando tenían 12 años, Agustín Stegmann y Guido Boetsch -hoy ambos con 23- hicieron un video que tomaba algunas ideas de Gran Hermano. Por ejemplo, los actores entraban a un confesionario y expresaban, en tono humorístico, distintas cuestiones que los acomplejaban. De allí el "Gran". Berta viene del nombre de una vecina que tenían entre ceja y ceja por los constantes reclamos. O, en sus palabras, "una vecina que siempre rompía las bolas".
Hace dos años, su deseo era emprender en las redes sociales. Crear un proyecto que despertara atención. Después de una larga exploración, dieron con los videos de Zach King, un instagrammer estadounidense que construyó un imperio de más de 17 millones de seguidores a partir de hacer humor con efectos. La idea era emular sus videos. Lograr esos efectos precisos y sofisticados. Había un problema: apenas manejaban algún concepto básico de edición.
El departamento que comparten en Belgrano se convirtió en su sala de edición. Durante 6 meses se dedicaron a producir videos que jamás fueron publicados. Buscaban perfeccionarse. Alcanzar un determinado nivel que les permitiera, por fin, lanzarse. Agustín, el habitual protagonista de los videos. Guido, el editor.
"Al principio filmábamos con un celular que nos hacía foco y desfoco todo el tiempo. Era mala la calidad. No teníamos trípode. Lo que hacíamos era apoyarlo en una montaña de cosas para conseguir la altura que queríamos", comenta Guido. Hoy ya cuentan con trípode y cámara profesional. En los casi 100 videos que se ven publicados en la cuenta de Gran Berta, se percibe una clara evolución: "Él en la edición mejoró una barbaridad", opina Agustín sobre su amigo.
En un principio se trataba de mostrar solo un efecto. Impresionar por ese lado. Con el correr del tiempo, ese efecto se transformó en una historia. En una estructura que se origina a partir de la formulación de la idea. Cada post, explican, debe contar de 3 patas indispensables: asombroso -que el efecto impacte-, social -que exista una identificación en el receptor para que después sea compartido- y divertido -al menos un gag que busque la risa-.
Cada video les demanda de producción total entre 15 y 22 horas. "Un video de menos de un minuto", aclaran.
-Entonces para ustedes es un trabajo. ¿Se puede vivir de hacer videos en Instagram?
Estamos viviendo de esto. Instagram no te da ningún beneficio económico, pero por lo que venden nuestros videos, se nos acercan marcas que quieren que les brindemos algún tipo de servicio, ya sea la apertura de un local o la inclusión de unos de sus productos.
-¿Para sus seguidores no puede ser chocante que aparezcan marcas en sus videos?
-Tratamos de cuidar muchos nuestros videos, comparado con otros instagrammers que llenan sus cuentas de "chivos". Por un lado, las marcas nos sirven para mantener el proyecto porque son muchas horas de trabajo, pero intentamos no resignar calidad.
Un vídeo publicado por Gran Berta 🇦🇷 (@gran.berta) el
La nueva opción "Tu historia" en Instagram, que solo dura 24 horas, ofrece la posibilidad promocionar marcas en forma solapada. Existe un pacto tácito entre el usuario y el seguidor que indica que allí "no molestan".
-¿Cómo es el contacto con una marca? ¿De ellos hacia ustedes o de ustedes hacia ellos?
Ambas. Nosotros hicimos algunos videos para marcas y siempre que nos acercamos los aceptaron. Se los mandamos por Instagram como una indirecta y lo tomaron. Ahora que nos hicimos más conocidos, nos están contactando empresas por mail para trabajar con nosotros.
Guido y Agustín coinciden. Consideran que a partir de los 200, 300 mil seguidores, Instagram se puede convertir en un gran negocio porque las marcas apuestan a la relación cercana. A la influencia que pueden ejercer los instagrammer en un público cada más disperso. Al momento de escribir la nota, Gran Berta tiene 72.300 seguidores, pero su crecimiento es exponencial. Mañana serán unos cuantos más y para marzo esperan llegar a los 100 mil.
Las redes sociales, con sus puntos a favor y en contra, democratizaron el humor. Permitieron que cualquiera con un celular intente hacer reír a un espectador del otro lado. El público, más soberano que nunca, elige y descarta de acuerdo a su gusto. Gran Berta optó por algo diferente. Un tipo de humor que no se hacía por estos lares. Optó por los efectos especiales. Por causar un golpe de efecto.
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