El milagro de Singapur, el país que hizo de la educación la llave maestra para su transformación económica y social

La educación singapurense es la mejor del mundo, según las pruebas PISA
La educación singapurense es la mejor del mundo, según las pruebas PISA

Hace pocos días, el escritor Mario Vargas Llosa planteó en un medular artículo sobre Singapur, la isla de los tigres, las claves de lo que él mismo denominó "el milagro singapurense".

Una pequeña isla de Asia formada por sesenta y tres islas que demostró que la prosperidad o la pobreza de un país no están determinadas por la geografía o la fuerza, sino en gran medida por precisas políticas educativas. Así, una de las dos medidas esenciales que tomó Lee Kuan Yew -primer ministro de Singapur entre 1959 al 1990- para conducir a su país hacia la transformación fue una educación pública de altísimo nivel, a la que durante muchos años se consagró la tercera parte del presupuesto nacional. Y la otra medida fue una amplia política habitacional que le permitió a la inmensa mayoría de la población ser propietaria de la casa donde vivía.

Kuan Yew fue un premier decisivo para la modernización de Singapur, educado en la Universidad de Cambridge, Inglaterra -murió el año pasado-; y hoy continúa el legado su hijo Lee Hsien Loong, quien asumió como primer ministro en 2004.

Los resultados acompañaron a Singapur hasta hoy con el reconocimiento de sus logros en materia educativa, y en las últimas pruebas PISA 2015 que miden específicamente la calidad educativa entre más de 70 países miembros y asociados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el país asiático llegó a la cima del podio en las tres áreas temáticas -Ciencia, Matemática, y Lectura-  que conforman el examen.

La pequeña gigante isla asiática también había liderado el podio de PISA en 2012, sólo que había finalizado en el segundo lugar en Matemáticas y en tercer puesto en Lectura como en Ciencias.

La decisión político-estratégica en Singapur es que sea desde la escuela primaria -pública y obligatoria- cuando los niños se jueguen su futuro académico y profesional.

La organización curricular y académica está estructurada en seis cursos lectivos, desde los 6 hasta los 12 años, los alumnos aprenden inglés  (idioma oficial del país) además de su lengua materna (tamil, mandarín o malayo), matemáticas, ciencias, humanidades y artes. Al finalizar este periodo los niños se enfrentan al "Primary School Leaving Examination", una especie de evaluación que determina sus conocimientos de lenguas, matemáticas y ciencias.

El 98% de los niños singapurenses superan este examen. Y cuanto más alta sea la nota, tendrán mayor posibilidad de seleccionar el centro educativo en donde cursarán sus estudios de educación secundaria. La Raffles Institution es la escuela más prestigiosa del país asiático, y lidera la excelencia académica de las más de 160 escuelas de alto nivel en donde el resto de los niños y niñas culminan su etapa escolar.

"Singapur se empeñó en pagar elevados salarios a los funcionarios públicos -entre ellos a los maestros y profesores- para desalentar la corrupción en la administración pública y atraer al servicio del Estado y a la vida política a los jóvenes más capaces y mejor preparados", sostuvo Vargas Llosa en su precisa descripción.

El Estado de Singapur destina el 20% de su presupuesto a la educación
El Estado de Singapur destina el 20% de su presupuesto a la educación

Después de los estudios secundarios -que duran entre cuatro a cinco años según el nivel- los alumnos pasan una nueva evaluación para continuar estudios preuniversitarios o de formación profesional.

En todo el proceso educativo hay una serie de características que se destacan: el esfuerzo, la cultura del mérito -meritocracia- y el acompañamiento y presión familiar a los alumnos. Este último punto, incluso para los expertos, tiene contracaras: "La educación en Singapur consigue la excelencia a costa del estudiante. La presión familiar y escolar es tan fuerte que los niños apenas saben desenvolverse socialmente", aseguró José Daniel García, profesor de español e investigador pedagógico residente en Singapur.

A la hora de pensar en los profesores -una pieza clave en la formación de los alumnos- el Estado singapurense destina gran parte de su presupuesto (alrededor del 20%, un 3% de su PBI) para que se estipulen salarios altos para docentes y las mejores herramientas educativas.

Ser profesor en Singapur es prestigioso, más allá de los casi USD 40.000 anuales que percibe como salario un profesor, complementados con bonificaciones y beneficios en función del ranking que consiga la escuela, de los resultados de los alumnos y de la antigüedad.

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Las clases empiezan en enero y se dividen en dos semestres, con diez semanas de vacaciones. Las horas lectivas diarias son cinco para primaria y seis para secundaria. Aunque la carga horaria es alta, la mayoría de las familias recurre a las clases privadas para que los niños consigan los niveles de exigencia requeridos.

Vargas Llosa señaló con su prosa única en su artículo sobre Singapur. "No todo es envidiable en Singapur. Sí lo son, su sistema de salud, al alcance de todo el mundo, y sus colegios y universidades modélicos a los que tienen acceso los singapurenses más humildes gracias a un sistema de becas y de préstamos muy extendido. Pero es lamentable que exista todavía la pena de muerte y la bárbara sentencia del cane (o latigazos) para los ladrones".

Singapur demostró desde su joven independencia acaecida en 1965 que la multiculturalidad es posible y virtuosa: un verdadero crisol de razas -un 75% de la población es de origen chino, también hay malayos e indios tamiles- religiones, tradiciones y lenguas distintas en vez de dificultar la coexistencia social y ser un obstáculo para el desarrollo, convivieron en paz, sin renunciar a sus identidades y costumbres.

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