Pedro Aznar, con Teleshow


Pasa la cuarentena en su casa. Hace yoga, gimnasia y aprovecha para leer. Confiesa que pasa más tiempo despierto de noche que de día. Hace un largo ayuno. Y eso, dice Pedro Aznar, lo mantiene activo y producente.

Desde el inicio del aislamiento social, obligatorio y preventivo por la pandemia de coronavirus, el músico ya realizó varias transmisiones desde su hogar, en el que combinó música y poesía. Pero esta vez cobrará entrada. El sábado 23 de mayo, desde las 21.30, el ex Serú Girán brindará un concierto online para disfrutar desde el hogar. En este formato, a la carta, la gente podrá sugerir en el momento que compra su entrada cinco canciones del repertorio de Aznar que les gustaría escuchar. Dos días antes del concierto, el músico armará la lista de temas de acuerdo a las elecciones del público.

Preocupado por la crisis económica que enfrenta el grupo de gente que lo acompaña desde hace tantos años en sus conciertos, viéndolos impedidos de trabajar por la cuarentena, Aznar realizará este concierto solo, desde su casa. Con lo recaudado pagará los honorarios a todos los integrantes de su banda, incluyendo asistentes y técnicos, para colaborar en esta delicada situación que atraviesan. Otro porcentaje de la recaudación se destinará a la Fundación SI.

—¿Como es un día suyo en cuarentena?

—No tengo una rutina fija pero sí tengo ciertos hábitos como meditar a la mañana, hacer una hora, hora y media de gimnasia antes del almuerzo. Suelo hacer de 14 a 16 horas de ayuno diarios, como una cosa de salud. Así que termino de cenar a las 11, 12 de la noche, y hasta las 14 o 15 horas del día siguiente no como absolutamente nada. O sea que la meditación y el entrenamiento físico lo hago todavía ayunando, solamente tomo café a la mañana. Y después, si tengo actividades profesionales que hacer me dedico a eso; si no, tal vez hago alguna reunión virtual con amigos y con la familia. Suelo tomar un té a la tarde. Como soy bastante noctámbulo naturalmente, biológicamente yo vine como configurado así, mi horario de dormir no suele ser antes de las tres de la mañana. Y esas horas, después de la cena, las uso muchas veces para leer, para escribir, tal vez para hacer una llamada telefónica larga, ver televisión, los noticieros. Veo un montón de canales distintos para tener distintas voces y distintas opiniones sobre lo que está pasando. También miro algo de ficción, una película o algún documental. Y después, a dormir.

Pedro Aznar interpreta "Ya no hay forma de pedir perdón", en exclusiva para Teleshow


—¿Tuvo que achicar su economía por la cuarentena?

—Yo diría que me obligó a repensar las prioridades, cuáles son las cosas que verdaderamente importan. Me hizo repensar por qué hago el trabajo que hago. Qué es lo que más amo del trabajo que hago. Qué es lo que más amo de estar vivo. Cuáles son las cosas que verdaderamente más me importan. Y llegué a conclusiones que se podría decir que son obvias, pero que muchas veces en la celeridad, en la velocidad bestial que veníamos trayendo durante todo el último siglo, eso se nos tiende a perder. Uno tiende, y me incluyo, eh, a correr, correr, correr, correr, a pensar en logros, a pensar en metas, a pensar en las cosas que quisiera hacer de acá a X tiempo, y a las cosas que a uno le faltan. Y esta nueva situación hizo que las cosas perdieran absolutamente todo el valor, las cosas en sí, y que el valor se reenfocara en la gente, en los afectos, en el amor.

Pedro Aznar, "Quebrado"


¿Que reflexión hace sobre lo que estamos viviendo?

—Si bien es un momento trágico, un momento donde hay pérdida de vidas, donde hay riesgo de muchísimas pérdidas más de vidas, un momento de miedo, angustia, ansiedad, inquietud, incertidumbre, creo que a la vez es un momento de posibilidad, que nos obliga a pensar y a repensarnos como sociedades. En todo el mundo. Y a repensar nuestros sistemas de organización social, de distribución económica, nuestros modos de gobierno, la idea y la implementación que tenemos del sistema democrático. Se tiende a olvidar que el sistema en el que estábamos viviendo no era un sistema justo ni deseable, sino que era un sistema que dejaba afuera a una enorme cantidad de gente, dos tercios de la población mundial. Y eso es imperdonable. No podíamos seguir de esa manera. Y además, estábamos y estamos causando un daño ambiental gravísimo. El mundo no puede más con esto que le hacemos, lo estamos dañando a una velocidad y con una brutalidad terrible. No podemos seguir así. Necesitamos cambiar la matriz de cómo operamos, trabajamos, distribuimos; de cómo nos organizamos como sociedad. Y necesitamos tener una pisada ecológica muchísimo más suave. Lo tenemos que hacer con urgencia porque lo del calentamiento global no es un chiste. Lo notamos muy claramente en las primeras dos o tres semanas de la cuarentena cómo se empezaron a limpiar el aire, la tierra, las aguas. El horizonte que yo veo en mi casa nunca se vio tan azul en plena Buenos Aires. Y lo comentábamos con muchos amigos y a todos nos pasaba lo mismo: el aire está volviendo a oler a plantas y a flores, y se vuelven a sentir los olores a comida que la gente está preparando porque bajó la contaminación, ya no estamos oliendo a gasoil quemado.

"A primera vista", Pedro Aznar


—¿Le asusta el futuro?

—Creo que el futuro económico nos asusta a todos. Ya se está hablando de que la recesión va a ser mayor que la que hubo en los años 30. Y es necesario repensar sistemas económicos, sistemas de distribución de riqueza. Ojalá salgamos de esta situación con una implementación más sana de la democracia y no al revés: que no nos vayamos hacia lugares autoritarios. En las grandes crisis mundiales de otros momentos de la historia, se ha terminado detonando guerras y situaciones muy difíciles, y cayendo en regímenes autoritarios. No quisiera que pase eso. Estamos ya en el tercer milenio, deberíamos haber aprendido muchísimo de la historia. Ojalá lo hayamos hecho y no repitamos esos errores.

—¿Y en cuanto su trabajo?

—Sí, por supuesto, me preocupa. En el mundo de la música no somos solo los músicos: hay técnicos, asistentes, ingenieros, gente de producción, mánagers, agencias de venta de shows, ticketeras, teatros, acomodadores, transportistas, y por supuesto las industrias, que van aparejadas con eso. Eso es muy grave y estamos todos muy preocupados con eso. Y de hecho este próximo concierto online que voy a hacer será de modalidad a la carta, la gente va a poder elegir las canciones que quiere escuchar. Lo estoy haciendo también como una manera de aceptar una generosísima retribución que la gente me ofreció después de que hice seis conciertos gratuitos durante seis viernes de cuarentena. La gente lo agradeció muchísimo, se sintió muy acompañada, cosa que me dio mucha alegría porque esa fue la intención que yo tuve al hacer esos conciertos. Que había entre un millón y medio y dos millones de personas, contando las familias típicas entre tres y cuatro personas, de esos 500.000 trabajadores del mundo del espectáculo que estamos parados, y la preocupación que eso me generaba, y la gente después de la transmisión me mandó unos mensajes muy hermosos y muy agradecidos y muy generosos. Muchos de ellos me decían por favor dennos un CBU, una cuenta de banco donde podamos retribuir la generosidad que tuvieron en transmitir estos seis conciertos gratuitos. Y como una manera de colaborar, yo les hablé de las 15 familias que dependen directamente de mi propio trabajo, para colaborar con esas familias y con el trabajo que hacen todos los músicos que nos da tanta alegría, tanta felicidad, y nos hace sentir tan acompañados en momentos tan angustiantes. Esa fue la chispa que inició esta idea. Y voy a hacer lo imposible por estar a la altura de esa generosidad en este próximo concierto el 23 de mayo, en ofrecerles un concierto verdaderamente inolvidable.

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