Hugh Laurie, el actor que tuvo el salario más alto de la industria pero llegó a odiar a Doctor House

Por Susana Ceballos 

Hugh Laurie
Hugh Laurie

En su camarín el actor se repite "basta de pensar, basta de pensar" pero no lo logra. Cree que es un fraude, que en cualquier momento se darán cuenta de que no es tan brillante como piensan y que entonces lo despedirán con mucha educación y escasa pena. Golpean su puerta ¿debe abrir? Teme que si lo hace le confirmen que cometieron un error y le anuncien que todo terminó.

Pero no, del otro lado de la puerta se escucha la voz de un solícito productor que le recuerda que lo esperan para grabar. El actor dice que ya sale, que está demorado. Cuando el productor se va, toma su celular y llama, no le importan las ocho horas de diferencia que existen entre Los Ángeles y Londres. Necesita y precisa escuchar esa voz que desde el otro lado del océano le asegura que todo está bien, que sus hijos lo extrañan y aman, que ella también lo ama y que por favor, deje de pensar y al menos por esta vez se anime a disfrutar. Esa mujer que lo escucha del otro lado del océano es la misma que le perdonó una haberse enterado que tuvo una relación con una amante y lo rescató de la oscuridad. Esa mujer lo eligió cuando era alguien con más sueños que oportunidades y no este actor conocido y reconocido al que todos idolatran como "Dr. House".

El primer gran amor de Laurie no fue esa mujer que atiende su llamada sino la actriz Emma Thompson. Se conocieron en los pasillos de la universidad de Cambridge. "Observar a Emma era como mirar al sol o al viento o a alguna otra fuerza elemental. Su talento era imposible de no advertir", dijo él de ella. "Es una de esas pocas personas que tienen un lado sexy triste", dijo ella de él para explicar por qué se enamoró de ese actor flaco, algo desgarbado y con un humor a veces cínico, a veces simple pero siempre inteligente que seducía mucho más que una belleza perfecta.

Hugh Laurie y Emma Thompson
Hugh Laurie y Emma Thompson

El romance terminó y cada uno siguió su camino pero antes Emma le presentó a su amigo Stephen Fry. Juntos conformaron una dupla, "Fry and Laurie", que poco a poco comenzó a ganarse un lugar en la televisión. Eran inigualables para satirizar cierto esnobismo bobo de las clases más ricas y las rígidas costumbres de sus instituciones. Laurie empezó a trascender y consiguió algunos papeles en el cine. Fue parte de Sensatez y sentimiento junto a su ex novia Emma Thompson y también
actuó en Stuart Little.

Entre obra y obra o entre chiste y chiste a Hugh le llegó nuevamente el amor. Cuando conoció a Jo Green una productora teatral primero fueron amigos y luego se enamoraron. Se casaron en 1989 y desde entonces están juntos aunque problemas no faltaron.

Es que ese hombre inteligente y divertido también era otro, taciturno y fatalista. Un ser gracioso y luminoso pero también torturado y siempre autodestructivo. Quizá su pesimismo crónico comenzó en su infancia, en una familia presbiteriana donde la culpa más que un sentimiento era un estilo de vida. Su padre médico había sido campeón de remo y medallista olímpico aunque con un sentido extraño de la humildad jamás mostró sus medallas ni contó sus logros. Tenía altas expectativas en su hijo y por eso lo inscribió en el colegio Eton -el mismo donde estudió el príncipe Carlos- y al que el actor definió como "el más privado de los colegios privados". Buscando la aprobación de su padre se anotó en la universidad de Cambridge para estudiar Antropología. La eligió porque era la única que le permitía pasar ocho horas en el río practicando remo. Llegó a ser bastante bueno, hasta que una mononucleosis frustró sus expectativas y las paternas.

Hugh Laurie (Reuters / Mario Anzuoni)
Hugh Laurie (Reuters / Mario Anzuoni)

Su madre también tenía sus vericuetos. Todo lo que podía ser asociado con placer o alegría le molestaba. Estaba convencida de que la vida era un valle de lágrimas y que sufrir era necesario. La relación con su hijo era distante parecía que apenas lo soportaba.

Pero cuando Laurie conoció a Jo descubrió que no solo amaban el teatro y las motos, además se complementaban de algún modo. Donde él veía oscuridad, ella veía una oportunidad. Donde él estaba seguro que fracasaría, ella estaba convencida de que lo superarían. Él amaba hacer reír, ella amaba reírse. Eran tan opuestos como complementarios. Se casaron y en cinco años llegaron sus tres hijos: Charlie, Will y Rebecca.

Llevaban ocho años de matrimonio cuando a Laurie le ofrecieron filmar en Australia. Como los chicos eran chicos, con su esposa acordaron que viajaría solo. Vaya a saber si por distancia, deseo o aburrimiento, lo cierto es que en tierras australianas Laurie tuvo un romance con la cineasta Audrey Cook. Lo que era un chisme de grabación se transformó en una noticia que llegó a los oídos de Jo. La mujer lejos de protagonizar un escándalo tuvo una actitud muy "british": le escribió una carta a Cook donde le pedía que dejara a su marido porque seguía siendo su mujer, él era el padre de sus hijos y sobre todo el hombre que amaba.

Laurie volvió a Londres dispuesto a pedir perdón y su esposa no solo lo perdonó sino que lo siguió amando. Él, sin embargo, cayó en un pozo depresivo. Y la depresión -esa enfermedad que no sangra pero desgarra- lo volvió a cercar.

Hugh Laurie con su esposa, Jo Green (Instagram)
Hugh Laurie con su esposa, Jo Green (Instagram)

De esa oscuridad lo rescataron sus propios deseos de sanar, los especialistas y el amor y el coraje de Jo que lo sostuvo, contuvo y apoyó en todo momento. Con tiempo y ayuda logró controlar la enfermedad que nunca lo dejó del todo. "No puedo parar de pensar las cosas. Y lo más destructivo es que siempre es en retrospectiva. Pierdo tiempo pensando en lo que debería haber dicho o hecho", describió.

Laurie retomó su vida familiar y su carrera. Así fue como le propusieron participar de la película El vuelo del Fénix. Se grababa en Namibia y para allá partió. Las condiciones no eran las mejores, luego de las maratónicas jornadas de grabación el actor regresaba al hotel tan cansado que solo atinaba a comer unos fideos y tirarse a dormir. Trabajaba mucho, descansaba poco y todos los días se preguntaba si su madre no tenía razón cuando le decía que a la vida se venía a sufrir.

Fue en esas condiciones que le pidieron que mandara una prueba de cámara para una serie sobre un médico. El hotel era tan lúgubre que el único lugar con buena luz era el baño y ahí decidió grabarla. El actor disimuló su exquisito acento british y habló con otro tan estadounidense que parecía nacido y criado en ese país. Cuando David Shore, el creador y productor de la serie, vio a ese actor desaliñado no tuvo dudas. Era la persona ideal para encarnar a House, el médico más inteligente, cínico y narcisista de la historia de la televisión.

Con Jo decidieron para no interrumpir la escolaridad de los chicos, él se instalaría en Los Ángeles y ella se quedaría en Londres. Laurie estaba convencido de que la serie duraría solo unos meses. Por eso mientras sus compañeros de elenco se instalaban en casas de Hollywood Hills, él se hospedó en un hotel e incluso se negó a desarmar sus valijas. Contrario a sus pronósticos la historia se convirtió en un mega éxito visto por más de 80 millones de espectadores en 66 países. Y de pronto ese hombre que aseguraba que lo suyo no era la seducción, "Ni siquiera mi mujer me ve sexy. Es un
milagro que haya tenido hijos", se convirtió en alguien mundialmente deseado.

(Video: El día que Dr. House se vistió de novia para promocionar su nueva temporada)

Lejos de sus afectos y ante el éxito inesperado de House, la oscuridad lo volvió a rondar. Después de ocho años y aún con el salario más grande de la industria –llegó a cobrar 400 mil dólares por capítulo– comenzó a detestar a su personaje. Le agradaban sus compañeros y el ambiente de trabajo, pero no toleraba las consecuencias del éxito. Le molestaba que la gente le pidiera diagnósticos en los restaurantes, odiaba filmar hasta las cuatro de la mañana para levantarse unas horas después a reiniciar el rodaje, aborrecía tener que moverse en auto con vidrios polarizados y sobre todo, no soportaba estar a 11 horas de vuelo de su familia.

Para evitar que la depresión volviera a atraparlo, Jo ideó un plan. Por las actividades de los hijos no podían mudarse a los Estados Unidos pero pasarían todos los meses de vacaciones junto al actor, además Laurie buscaría la contención de un profesional y retomaría su entrenamiento de boxeo porque "un golpe, no solo no te quita las preocupaciones, sino que te quedás con un dolor de cabeza tremendo durante una semana".

Así el actor mantuvo a raya sus demonios y pudo grabar 160 capítulos "que son como 50 películas o más", como se encargó de explicar. Alguna vez le preguntaron qué había hecho con el dinero que ganaba. "Logré vencer el gran temor que tenemos los actores de no poder mantener a nuestros hijos ni lograr retirarnos con dignidad" y admitió que se compró un Ford Galaxy convertible de 1966. También trascendió que donó lo que ganó en diferentes publicidades a causas benéficas.

Cuando Laurie por fin despidió de House poco a poco retomó su vida. Grabó un disco de blues, salió de gira con la banda y Jo lo acompañó. Visitaron la Argentina donde el actor no se privó de probar un choripán y dejar una definición digna de House: "Es sensacional. Podés escuchar tus arterias cerrándose como locales de BlockBuster".

Hugh Laurie en la Argentina (Teleshow)
Hugh Laurie en la Argentina (Teleshow)

Celebridad pero turista al fin visitó el cementerio de la Recoleta, paseó por San Telmo y terminó el periplo en una parrilla. Allí los mozos se asombraron cuando lo vieron entrar con su esposa. Es que a nadie le llamó la atención esa mujer de mediana edad, bastante más baja que su marido que no llevaba joyas, carteras de lujo o maquillaje.

Pero cuando los comensales se sentaron, esa mujer discreta se transformó en un ser delicioso que hacía reír a todos y emanaba una alegría tan contagiosa que invitaba a ponerse de novio con la vida. Dicen que esa noche mágica todos se quedaron encantados con la amabilidad del actor, pero la que realmente los deslumbró fue su esposa. Y quizá ese sea el secreto de la pareja: Laurie es una estrella pero ella -de otra manera- también lo es, aún sin ser famosa.

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