En su próxima película, El día que me muera, interpreta a una madre judía. A "una madre subrayada", aclara Betiana Blum ansiosa por el estreno del film que llegara a las salas el 1 de Agosto.

Como su personaje le tiene pánico al avión, no puede ir a ver a sus hijos, que viven en el exterior: "Ellos están ocupados por distintas razones y no pueden venir. Ese es su drama. Una amiga se muere y ve que vienen todos los hijos a despedirla. Ella de pronto piensa: 'No, el día que me muera, no viene nadie'". Así empieza la fantasía de qué sucedería con sus hijos si llegaran a creer que está muerta, desencadenando una gran comedia.

—¿Es difícil hacer reír?

—Está el famoso cuento de un cómico que se estaba muriendo. Estaba la hija al lado y lo acompañaba en la muerte, y le dice: "Ay, papá, qué momento tan difícil que estás viviendo". El padre la mira y con su último suspiro le dice: "Más difícil es hacer reír". Y se muere.

—Pero a la vez pareciera que el drama es más valorado.

—Sí, se premia a los actores dramáticos. Yo los premios que he tenido más que nada han sido haciendo cosas dramáticas. Es así, la comedia se agradece porque la gente ama reírse, pero no se premia.

“El día que me muera” se estrena el 1 de Agosto
“El día que me muera” se estrena el 1 de Agosto

—Pensando en el personaje de la película, si lo consulto a Sebastián, tu hijo en la vida real, en qué momento ha sido insoportable Betiana Blum como madre, ¿qué pensás que me respondería?

—Mi hijo tiene mucha personalidad. Está escribiendo en Disney, ahora Go, en Neflix; hace mucho que escribe y le va bien, gracias a Dios. Y es muy independiente. Conmigo cumplió ampliamente porque me dio un nieto que es mi locura. Renzo va a cumplir 11 años. ¡Dios mío! Cómo envejecen los chicos, ¿vos viste? Terrible.

—Con tu hijo te ha tocado remarla en algún momento difícil, y estar muy sola.

—Sí, fueron momentos muy duros. Yo estaba separada, y el papá se fue por cuestiones políticas a España, a México.

—¿Se tuvo que ir exiliado durante la Dictadura?

—Sí, la patria peronista, la patria socialista. Me quedé sola con el nene. Él en esas condiciones tampoco era mucho apoyo. Decí que yo tengo esta condición, que le agradezco tanto a Dios, de que no vivo trágicamente las cosas. Hice lo que pude; trabajaba mucho: hacía mucho teatro, televisión, cine. De pronto, era duro dejar al nene.

—No había otra posibilidad.

—Claro. Por suerte no siento necesidad de quejarme. Creo que la energía en la queja no es contribuyente en ningún sentido. Y menos para uno todavía, porque te baja mucho la energía. En definitiva pasa algo, todo lo que dramatices y hagas alrededor, la vida te da el tiempo que quieras, ¿qué vas a hacer después? ¿Qué podés hacer al respecto? Y uno, a medida que va madurando, puede ir acortando ese tiempo, y pasa algo y esto es lo más corto, puedo embarrar menos la cancha, ¿viste?

Betiana Blum en “El dia que me muera”
Betiana Blum en “El dia que me muera”

—Dentro de la carrera, ¿te sentís una afortunada?

—Bueno, te dije que no me quejo (risas). Las cosas se fueron dando. Yo le puse mucho, lo tomé con mucha seriedad. Me formé, estudié mucho, con los mejores maestros, fui muy afortunada. Participé en muchísimos éxitos.

—¿Hoy disfrutás seguir trabajando?

—Sí.

—Es una elección.

—Sí. Bueno, tengo que trabajar, pero me gusta.

—Son las dos cosas: es una elección y es una necesidad.

—Sí. Yo amo mi profesión; incluso, doy clases. Siento que es como pasar la antorcha porque me gusta formar a la gente con una idea de la profesión, de lo sagrada que es nuestra profesión.

—¿No es ingrata la profesión con el paso del tiempo? Pienso en la televisión, sobre todo con las mujeres: nos vamos cayendo de la historia.

—Y una abuela.

—Sos la protagonista, la mamá, y saliste. El galán puede tener 1.200 años, pero nosotras nos caemos de la historia.

—Es verdad que hay menos posibilidades de personajes; pasa, sí. Pero por eso digo, yo creo que uno tiene que disfrutar de lo que hay. He trabajado mucho en teatro, en televisión también. En este momento sí estoy haciendo más teatro; ahora esta película.

—Les está yendo muy bien con Mentiras inteligentes, con Arnaldo André, Flor Torrente y Mariano Martínez.

—Sí. Es un grupo hermoso, hermoso, hermoso. Y en agosto voy a estrenar una obra nueva. Así que bueno, ya va a ser otra etapa. Una comedia también, pero una comedia negra.

—¿Me explicás cómo es eso de que te casaron Betiana?

—(Risas)

—¿Qué quiere decir que te casaron?

—Bueno, está dentro de un contexto, ¿no?

—Vos venías del Interior, tu familia estaba allá.

—Sí, sí, sí.

—Una familia que no pasaba necesidades.

—No. Papá estaba mejor económicamente cuando yo era más chica que cuando era más grande. Pero siempre me ayudaron, cuando yo vine a estudiar a Buenos Aires contaba con ellos.

—¿Y te pusiste de novia por tu cuenta o te buscaron un novio?

—No. Mamá vino a Buenos Aires y de pronto vio que yo tenía un novio, sintió que estaba fuera de control. Y entonces me dice: "¿Por qué no te casás?". Viste que hay épocas en que todo el mundo se casa, épocas que todo el mundo se separa; hay etapas. Sobre todo cuando has vivido más años, podés ver más. En esa época todo el mundo hacía psicoanálisis, todo el mundo te decía las cosas, se separaban; lo del casamiento estaba bien lejos de la cabeza. Había más separaciones que casamientos. "¿Y por qué no te casás?". Y yo le digo: "¿Te parece?". Pero nada más lejos de mi cabeza en ese momento. Evidentemente ella quería en Sáenz Peña, el pueblo donde yo me crié, que me vieran casada. Y yo, vos sabés qué le dije: "No me rompas". Y ella me dice: "Bueno, yo organizo todo".

—¿Lo organizó ella?

—Ella organizó todo.

—¿Te casaste en Buenos Aires o en Sáenz Peña?

—No, no, la gracia era esa. ¿Qué en Buenos Aires? Tenía que ir a Chaco a casarme.

—Por iglesia…

—Por iglesia y por civil, claro.

—Todo. Vestido blanco.

—Total, total.

—¿Y el novio aceptó?

—Sí, era un amor. No había problemas.

—O sea, no te eligió el novio, solo te dijo: "No me des este disgusto, casate".

—Sí. Son personas, deben ser personajes de una película, seguro: a veces las madres son muy manejadoras. Y la verdad que yo nunca he sido rebelde.

—¿Cuánto duraste casada?

—Un año.

—Bueno, tampoco le duraste tanto…

—No, porque hubiéramos seguido de novios, pero sí un año más o menos, nada dramático tampoco.

—¿Y después te enamoraste de quien fue el padre de tu hijo?

—Claro, del papá de Sebastián.

—Con él no te casaste.

—No. Ya no me casé más (risas).

Betiana Blum en “Mentiras inteligentes”
Betiana Blum en “Mentiras inteligentes”

—Y hoy, ¿cómo está el corazón?

—El corazón está bien, no tengo pareja en este momento.

—¿Y te gustaría?

—Uno va cambiando a medida que vas pasando distintas etapas. Una vez que has sido madre, tenés un nieto, la profesión… tengo cubiertas muchas áreas. Tengo animales, tengo plantas, tengo amigos.

—Si me dejas, te instalo Tinder en dos minutos, Betiana.

—¿Sabés qué pasa? En Facebook, lo que sea, por ahí te escriben; pero yo…

—¡Ay! Por favor, contame qué te dicen.

—No… que me quieren conocer.

—¿Te van a buscar al teatro?

—Eso sería un hombre que se pone.

—Ese te gusta: el que va al teatro con el ramo de flores, sí.

—¡Pero por supuesto!

—Ese tiene chances, más que el que escribe por Facebook.

—Es que al ser una persona conocida, sos como un botín, ¿viste? Yo creo que la cosa tiene que ser de igual a igual, no creo que este facilismo de: "Te escribo, te busco en las redes y te escribo entonces vení que nos vemos, nos conocemos".

—Es muy de este momento, exige menos exposición.

—Yo sé. Pero creo que es distinto para una persona que no es conocida a una persona conocida. Si no sos conocida, obvio. Para un hombre también es distinto que para una mujer.

—¿Por qué?

—Y sí, para mí sí.

—¿A vos te gusta más que te invite el otro?

—La mujer siempre está más expuesta que el hombre. Yo digo, si tengo que conocer a alguien, y como te decía, he sido madre, tengo nietos, ¿qué podés (hacer)? Conocer a una persona y pasar buenos momentos. ¿Qué vas a pensar, en casarte, en formar una familia otra vez? Pienso que ya no, que es otra etapa. Pero bueno, entonces, que la vida me muestre cómo es.

El personaje que interpreta Betiana Blum en “El día que me muera” tiene pánico a viajar en avión
El personaje que interpreta Betiana Blum en “El día que me muera” tiene pánico a viajar en avión

—Vos estuviste en Soy gitano, con Juan Darthés. ¿Cómo la pasaste en ese momento?

—Era buen compañero, siempre puntual, sabiendo la letra, un tesoro. Ahora…

—Cuando empezaron a aparecer estas denuncias, ¿te sorprendió?

—Cuando empezó este tema, te agarra medio desprevenido. Lo primero que salió fue lo de Calu (Rivero). No profundicé en el tema: lo escuché y quedó ahí. Y lo que le pasó a todo el mundo, cuando apareció lo de Thelma (Fardin), bueno… Y además de otras personas que también empezaron. Entonces, ahí decís: "Bueno, algo pasó, porque no puede ser que ahora a todo el mundo se le dé por…". Es que la verdad que las relaciones humanas es un tema, el sexo y la relación hombre-mujer en el trabajo, en la vida también. Ahora las cosas están como más sacadas a la vista. Antes era muy confuso todo.

—¿Te pasó alguna vez que alguien te incomode?

—Miré, trabajando yo he tenido bastante suerte te diré. ¿Vos viste el canario Tweety? Que viene y el gato se va, y el canario sigue. Yo he sido Tweety; no sé ahora si sigo, pero más o menos. Porque hay algo en mí que, no sé… no me pasó que alguien me torture. Y si de pronto, suponete en alguna escena de amor o algo, por ahí alguien avanzó un poquito, y yo como que registré, la persona se fue al mazo y nunca más.

—Nunca un productor para darte un trabajo te ha pedido nada a cambio, ni pasaste situaciones límite.

—No. Por lo menos no me di cuenta.

—Bienvenidas sean las chicas que se están animando a hablar, y a contar.

—Es muy importante. Por ahí a veces no en el trabajo, por ahí en tus relaciones personales, has tenido situaciones raras, ¿no es cierto?

—¿Tampoco te pasó nunca que ninguna de estas chicas te haya contado de alguna situación en las novelas?

—No. Y si alguna compañera te dijera, te contara algo te lo cuenta como algo privado, no es que uno puede salir a decir tal cosa. Te lo cuenta como algo privado.

—Igual hay cosas que una puede contar porque se siente incómoda, y otra situación es si una nena fue violada en una gira por un hombre mayor; ahí ya es otra la responsabilidad.

—No, no, feroz… Si una mujer dice algo hay que escucharla. ¿Porque sabés qué? Hay mucho, mucho. Y sigue pasando mucho. Y los femicidios, ni hablar. Evidentemente el ser humano tiene problemas grandes y estamos evolucionando lentamente. Que ya las cosas salgan a la luz por más que sea espantoso lo que sale a la luz, que da terror… es un gran avance. Por eso es importante, como dices, si una mujer dice algo, escucharla.

—Y creerle.

—Y creerle. Pero en primer lugar darle el espacio y creerle. Es fundamental. Porque a la vista está que pasan cosas.

ENTREVISTA COMPLETA