Por Susana Ceballos 

Dustin Hoffman y Meryl Streep en “Kramer Vs. Kramer”
Dustin Hoffman y Meryl Streep en “Kramer Vs. Kramer”

La pena la traspasa pero la esconde. El dolor grita pero lo silencia. La joven actriz domina todas sus emociones. Acaba de perder al hombre de su vida. Un cáncer -palabra y enfermedad malditas- se lo llevó junto a sueños y proyectos. La joven trata de no pensar la única forma posible de anestesiar el dolor. Tiene 30 años, una pena infinita y un consuelo: actuar. Sentada en el pasillo espera que la llamen para una prueba de cámara. Entonces recuerda la vez que conoció al actor con el que compartirá el casting. En ese momento él no era una megaestrella sino el director de una obra teatral donde ella anhelaba actuar. Segura de su talento fue a la audición. El director desde la penumbra le pidió resolver la escena. Ella actuó y gustó y él pidió conocerla.

"Hola", la saludó. Ella respondió con un "hola, soy…" pero la presentación quedó interrumpida por un eructo tan largo como grosero que lanzó el director. Lejos de pedir disculpas, se acercó a ella y con una sonrisa más idiota que seductora, le manoseó los pechos. Estupefacta atinó a empujarlo con una sonrisa forzada, mientras pensaba "qué cerdo tan detestable". Cuando tomó sus cosas para marcharse a sus espaldas escuchó que le decían: Me llamo Dustin… Dustin Hoffman. Ella solo atinó a responder: Y yo soy Meryl Streep.

Después de ese episodio Meryl siguió actuando. Al fin de cuentas conocer un cerdo no implica que el mundo sea un chiquero. Y el destino se lo había demostrado. Unos años antes interpretando una obra de Shakespeare conoció y se enamoró de John Cazale, un actor talentosísimo que empezó a ser reconocido cuando interpretó a Fredo, el hermano más débil de la familia Corleone, en El Padrino. El flechazo fue intenso y mutuo. John admiraba a la actriz y amaba a la mujer. Pero de pronto un diagnóstico -cáncer fulminante- destruyó todo y en apenas dos años ella pasó de tener un compañero a sentirse absolutamente sola e infinitamente triste. En medio de su dolor decidió seguir actuando. Quizá fue solo una forma de defensa o simplemente la única manera que conocía para recobrar algo del paraíso perdido. Fue así que supo de un casting para una película.

John Cazale y Meryl Streep
John Cazale y Meryl Streep

El director Robert Benton buscaba una actriz. Primero le había ofrecido el papel a Kate Jackson, una de las estrellas de Los ángeles de Charly, pero la actriz no aceptó porque el poderoso Aaron Spelling le negó el permiso para participar. Otras candidatas fueron Faye Dunaway y Jane Fonda que tampoco accedieron. Benton comenzaba a desesperarse hasta que el representante de Katherine Ross, otra de las actrices convocadas que no quiso participar, le sugirió el nombre de Meryl. Ella ya tenía un nombre en los circuitos teatrales, había participado en la serie Holocausto y en la película El francotirador y aunque era reconocida por sus pares no era conocida por el gran público.

Y así fue como Meryl llegó al casting de la que sería una de las películas más taquilleras de los 70: Kramer vs. Kramer. La película narraba la historia de Ted Kramer un exitoso publicista al que de un día para el otro su esposa, Joana, abandona y él debe hacerse cargo de su pequeño hijo. Apenas estrenada, la historia atrapó a las audiencias. El secreto del éxito era que no presentaba personas buenas ni malas sino humanas. Un hombre y una mujer envueltos en una circunstancia que tratan de atravesar como pueden. La película se animó a mostrar la mezcla de sentimientos que enfrentan las parejas que se divorcian, amor, odio, rabia compasión. El film no juzga, muestra y por eso es imposible no sentir un mínimo de empatía por esos protagonistas que se ven tan rotos como vulnerables.

El día del casting estaban Benton, el productor Stanley Jaffe y quien sería el protagonista: Dustin Hoffman, que ya no era ese director teatral casi desconocido sino una mega estrella que había protagonizado Papillon, El graduado y Todos los hombres del presidente. Apenas la vio la saludó con indiferencia. "Al menos no erutó", habrá pensado Meryl. En pocas palabras le comentaron de qué se trataba la historia y cómo sería Joana, su personaje. Ella sintió que le presentaron una versión para adultos de Cruella de Vil. Porque Joana era una mujer egoísta y superficial que de un día para otro y sin razón aparente abandonaba a su hijo y su exitoso marido. Meryl los escuchó y lejos de aceptar lo que le decían pidió ahondar más en la psicología de esa mujer y advirtió que si no modificaban el papel no lo aceptaría. Los hombres la escucharon y le dijeron que la volverían a llamar. Cuando se retiró, Benton pensó que habían tenido la peor entrevista del mundo y que nunca se había cruzado con una actriz tan educada como inteligente a pesar de su nombre de "dulce danés". Hoffman solo dijo "es ella, no busquemos más". Sus compañeros creyeron que había quedado impactado por la determinación de la ignota actriz. Sin embargo, lo que había convencido a Hoffman fue algo un poco más descarnado. Estaba seguro de que la perdida del amor que transitaba Meryl en su vida real, era ideal para transmitirla en la pantalla. Ella podía actuar de maravillas pero esa tristeza que revelaban sus ojos jamás lograría ser actuada ni por la mejor actriz del mundo…

El primer día de rodaje, Meryl y Dustin no compartieron ninguna escena. En la segunda jornada, el guión indicaba que Ted debía discutir con Joana. Al grabar, Dustin decidió ir más allá de los gritos que señalaba el libreto y le propinó una cachetada que –literalmente- le dio vuelta la cara. La violencia y la sorpresa fue tal que el estudio enmudeció. Nadie se movió para increparlo a él pero mucho menos para defenderla a ella. Benton solo atinó a pensar "mejor que vaya buscando otra actriz porque después de esto Meryl no vuelve más".

Dustin Hoffman y Meryl Streep en una escena violenta de “Kramer Vs. Kramer”
Dustin Hoffman y Meryl Streep en una escena violenta de “Kramer Vs. Kramer”

Pero Meryl regresó. Dustin no dijo nada de su cachetazo ni siquiera esbozó alguna excusa, esa forma que suelen tener los cobardes, los soberbios y los soberbios cobardes para disculparse.

El rodaje siguió y el maltrato disfrazado de arte, también. Para que Meryl pudiera actuar el dolor de Joana, Dustin le recordaba continuamente la muerte de Cazale, a veces apenado casi siempre burlón. Aseguraba que se comportaba así no de maldito sino porque seguía el método Strasberg que enseña que "la acción solo entra en juego una vez que el actor ha aprendido a reaccionar y a sentir". Amparado en "el método" y para lograr familiaridad también mantenía largas charlas con Justin Henry, el pequeño actor que representaba a su hijo. Pero así como lograba hacerlo reír con sus cuentos tampoco dudaba en asegurarle que se moría su perro para lograr que llorara.

Mientras tanto Meryl simplemente actuaba. Pero a la par mantenía largas charlas con Benton para introducir cambios en el guión porque seguía sosteniendo que su Joana era demasiado lineal. Argumentaba que la decisión de su personaje de abandonar a su hijo no era la de una loquita malvada sino la de una mujer cansada de tener personalidad pero no identidad, alguien que era "esposa de", "madre de", "hija de" pero nunca era ella. Una mujer que lejos de creer en el instinto materno sentía que a veces hacía todo mal y que por eso creía que lo mejor para no lastimar a su hijo era abandonarlo. Joana no era una mala mujer sino una mujer en las malas. Por eso, solo cuando logra retomar el control de su vida es que pide la custodia del pequeño. Benton no solo escuchaba a su inteligente actriz, también cambiaba el guión según sus sugerencias.

Cuando esto ocurría Hoffman le echaba en cara su actitud: "Meryl ¿por qué no dejas de llevar la bandera del feminismo y simplemente actúas?". Ella actuaba pero no se callaba. En una escena en un restaurant Tedd/Hoffman debía discutir con Joana/Meryl y nuevamente fuera de libreto, el actor estrelló un vaso contra una pared. Pese a la furia de la acción, la escena no se detuvo. Cuando se escuchó "corten", Meryl comenzó a sacar los fragmentos de vidrio que quedaron en su pelo y con una voz tan dulce como fulminante simplemente le advirtió: "la próxima vez que vayas a salirte del guión, me gustaría que me avisaras".

(Vide: Escena de Dustin Hoffman y Meryl Streep en "Kramer Vs. Kramer")

El rodaje por fin terminó. La película que costó 8 millones de dólares recaudó 100 millones. Fue nominada a 9 premios Oscar. Ganó el de mejor película, mejor guión, mejor actor y obviamente mejor actriz de reparto. En los 40 años siguientes Meryl lograría el récord de  ser la más nominada en la historia de Hollywood: 21 veces (3 como actriz de reparto y 16 como protagónica). Dustin y Meryl nunca más volvieron a filmar juntos. Una sola vez Hoffman hizo un esbozo de autocrítica por su comportamiento. "Proyecté en Meryl lo que en realidad sentía por Anne Byrne, mi esposa y de la que me estaba divorciando en ese momento. Fue la primera película donde representé lo que vivía".

En el 2017 varias mujeres denunciaron a Hoffman por haberlas acosado y manoseado. Pese a la contundencia de las acusaciones, el actor apenas esbozó una autocrítica justificándose en la cultura de esos tiempos. "Tengo el máximo respeto por las mujeres y me siento terriblemente mal si cualquier cosa que haya podido hacer le pueda haber causado incomodidad. Lo siento. No refleja quién soy", dijo.

Mientras Meryl se convirtió en la actriz más respetada y admirada de Hollywood. Un final acorde a la gran artista que es, pero sobre todo a esa mujer valiente y aguerrida que se atrevió a desafiar a una mega estrella en tiempos donde la palabra "machirulo" no era parte de la ficción sino de lo cotidiano.

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