"Desde 2013 que hago solo cine. Es la primera vez que estoy cinco años y pico sin hacer teatro", dice Oscar Martínez a días de estrenar La misma sangre y con cuatro películas más que verán la luz en este año.

"Voy al cine, pero tal vez no con la frecuencia con la que debería ir. Pero si hay alguna película que me interesa, algún director que me importa, esas películas las veo en el cine", cuenta el actor, que habla sobre el avance de las plataformas de streaming que ya apuestan también a la producción de películas y a comprar filmes antes de su estreno en la pantalla grande.

La misma sangre, el thriller de Miguel Cohan que Martínez protagoniza junto a Dolores Fonzi, relata cómo un familia se ve puesta a prueba a partir de un hecho trágico, y desencadena un inesperado entramado de sospechas e intrigas donde todo empieza a cambiar.

Oscar Martínez en “La misma sangre”
Oscar Martínez en “La misma sangre”

"Es una película dura, áspera, oscura", la define dice el actor que interpreta a Elías. "Por momentos dan ganas de zamarrearlo porque es un hombre al que las cosas le suceden. La vida le ocurre como sin recursos para modificar su destino", agrega sobre su personaje, que comienza la trama ya en la fase terminal de su vida, con una relación matrimonial degradada y una fachada de ficción para su círculo más cercano que ignora que la situación económica es desesperante. Sin embargo, Elías no reacciona, y continúa a la espera de una solución mágica que venga de afuera.

—¿En algún momento sentiste que la vida te sobrepasaba?

—En la vida, todos tenemos muchas cosas que ocurren y que uno no ha elegido. Pero uno elige qué hacer con ellas. Sí, puede haber. Por suerte nunca tuve golpes de la vida así, terribles; tragedias o pérdidas. Pero sí tuve claro situaciones desgraciadas que me ponían en una circunstancia muy compleja, muy difícil, y que no tenían que ver exactamente con algo que yo había producido para que eso fuera así.

—Cuando termina un rodaje, ¿qué preferís que digan de vos: que sos un gran actor o un gran tipo?

—Todo junto. No sé si un gran tipo: que la gente no sienta que sos una persona desagradable o egoísta. En el trabajo es muy importante la solidaridad, porque nosotros la necesitamos como un elemento indispensable. Una realidad imaginaria con otros se crea únicamente si sos muy solidario. Por supuesto, después el clima de trabajo es muy importante. Cuando eso no está es muy difícil que el resultado sea bueno.

—A lo largo de las charlas que fuimos teniendo siempre te escuché cercano al feminismo. ¿Te tocó repensar si alguna vez te podías haber equivocado en algo?

—La verdad que no. Yo fui feminista siempre. Tengo cuatro hijas mujeres. Estoy absolutamente a favor de la igualdad de derechos. No creo que seamos iguales, pero sí tenemos que tener los mismos derechos. Me acuerdo incluso cuando ellas eran chicas siempre les decía: "Prepárense, fórmense, estudien, para no depender nunca de un hombre". Lo decía yo, que era el papá. He trabajado profesionalmente como actor pero también he dirigido a muchísimas actrices, y he escrito obras en las cuales las mujeres tienen una participación muy importante, y me decían que se sorprendían del conocimiento que yo tenía del alma femenina. No soy un tipo macho alfa. Tiene que ver con que un artista tiene, y si no tiene debe tener, su parte femenina a mano, y bastante expandida.

—Y nunca te incomodó esa parte.

—No, al contrario.

Dolores Fonzi interpreta a la hija de Oscar Martínez en “La misma sangre”
Dolores Fonzi interpreta a la hija de Oscar Martínez en “La misma sangre”

—Sé que durante el gobierno de la Alianza te propusieron ser Jefe de Gobierno, que lo evaluaste y dijiste que no, de ninguna manera.

—Me barajaron para ser candidato a Jefe de Gobierno.

—Y en un momento difícil como el que está viviendo la Argentina, ¿qué dirías si te volvieran a convocar para trabajar en algo cercano a la política?

—Diría que no, más enfáticamente que lo que hice hace varios años.

—No es el espacio para vos.

—No, no. Hay que tener un cuero que yo no tengo. Y hay que tener seis caras, como un dado, y yo tampoco tengo.

—Venís de rodar cuatro películas, dos acá, dos afuera. Dijiste en una entrevista que trabajar en el exterior te saca cierta toxicidad que se respira en la Argentina. ¿Sentís un aire fresco al irte de vez en cuando?

—Sí, sí, claro. Absolutamente. Amén de lo grato que me resulta, como a cualquiera le ocurriría, haber ampliado el espectro de trabajo. Tener la posiblidad de trabajar en Europa ya es algo muy gratificante. Trabajo en condiciones muy buenas, muchas veces mejores que las que se pueden conseguir aquí.

—Ya trabajar de lo que a uno le gusta es un montón.

—Sí, eso por supuesto, ya es un logro muy grande. Por lo menos en profesiones como las nuestras, vivir de lo que te gusta hacer es un privilegio muy grande. Y eso también es un fenómeno global, eh. Porque no existe un país que tenga ocupación plena de toda la gente que quiere trabajar como actor, como actriz. No existe, no existe. Ni siquiera países como Estados Unidos, que tienen la industria más grande del mundo del espectáculo.

Oscar Martínez en el Festival de Venecia, premiado por El ciudadano Ilustre (EFE)
Oscar Martínez en el Festival de Venecia, premiado por El ciudadano Ilustre (EFE)

—Decías que cuando volvés a Argentina sentís una cierta cosa tóxica. ¿Con qué te encontrás?

—Con la confrontación permanente. Con un clima denso, cuasi violento en la calle. Con muchas cosas que no me gustan. Con la inseguridad.

—Alguna vez dijiste: "En los últimos 50 años la Argentina no ha dejado de involucionar de una manera patológica".

—Eso no es algo que yo pienso, eso es algo constatable. Todos los índices, de lo que quieras, han ido involucionando. La distribución de la riqueza, la movilidad social ascendente, la educación, en salud, la cantidad de gente pobre. La Argentina ha ido para atrás, para atrás, para atrás; cada 10 años está peor. Esto no es una interpretación, esto es así. No logramos ponernos de acuerdo en cuáles son las cosas que debemos hacer y seguimos cometiendo los mismos errores. Hay una frase que dijo (Juan Bautista) Alberdi, para mí uno de los más grandes pensadores argentinos. Él fue a visitar a (Juan Manuel de) Rosas a su exilio, a Londres. Y fue a visitar a San Martín también, a Boulogne Sur Mer. Y después de ese viaje, dijo: "Hasta que los argentinos no podamos hacer una síntesis entre unitarios y federales, nunca llegaremos a tener una nación". Eso nos pasa.

—Con todo.

—Sí, con todo. Hay un clima muy exasperado. Cuando uno tiene la bendición de poder viajar, yo no voy a pasear, voy a trabajar, entonces tenés un cotidiano distinto. La diferencia uno la nota en el cuerpo. En lo más elemental: en la amabilidad de la gente, en que no hay miedo, en que no hay violencia, en que cruzás (la calle) sin miedo, en que se respetan las normas.

Oscar Martínez y su mujer Marina Borensztein
Oscar Martínez y su mujer Marina Borensztein

—Hemos hablado antes de que asuma este Gobierno. ¿Creías que le iba a ir un poco mejor?

—Sí, claro. No esperaba milagros eh: también sabía en qué condiciones estaba la Argentina. En qué condiciones estaban las cuentas públicas. Y en lo cultural, entendiendo por cultural no el arte y la literatura, sino la cultura diaria, a qué punto habíamos llegado por este deterioro progresivo y constante que yo vengo notando desde que tengo más o menos la conciencia de poder pensar en estas cosas, desde que tenía 20 años, quizás un poco menos. ¿Qué me preguntaste?

—Sí creías que le iba a ir un poco mejor a este Gobierno.

—Sí, sí, claro: creía que le iba a ir mejor. También es cierto que hubieron algunas circunstancias de orden internacional que la pusieron más difícil todavía de lo que ya estaba. Y después creo que sí, errores cometidos por el propio Gobierno.

—De cara a un año electoral, ¿tenés esperanza, o con esto que venís viendo de la involución creés que va a ser peor?

—Por empezar, vos decís: "Otra vez sopa". Estamos repitiendo el péndulo: sos de acá o sos de allá, y si no sos kirchnerista, sos macrista… No me gusta cómo viene la cosa, no me gusta esta dicotomía. No veo ideas que me seduzcan, por lo menos a mí. La verdad es que no siento que nadie me hable a mí. Creo que es bastante mediocre el panorama político. No aparece nadie con un discurso inteligente, profundo o novedoso.

Oscar Martínez multipremiado en el mundo
Oscar Martínez multipremiado en el mundo

—Me sorprende que estemos debatiendo nuevamente educación sexual, por ejemplo. Ganamos terreno en algunas cuestiones, está muy bien que hayamos debatido aborto y en algún momento va a salir, y sin embargo siento que eso también le dio un empuje a algunos sectores que tienen una fuerza peligrosa.

—Sí, claro, hay fuerzas reaccionarias. Es un momento de cambio global muy grande. Hay quienes dicen, y yo coincido, que en realidad se está terminando una era, hay una crisis por lo menos de Occidente, generalizada. Hay miedo. Hay países de lo que se llamó la economía del bienestar que ahora se sienten amenazados. Está el tema migratorio, que es un tema que pone sobre el tapete la imposibilidad de ocultar las desigualdades enormes que hay entre distintos países.

—¿Qué te pasa cuando se debate la política migratoria argentina?

—Depende. No hace falta que alguien diga que una persona con antecedentes penales no tiene derecho a ingresar porque eso lo dice la Constitución Argentina. Lo que pasa es que evidentemente la Aduana funciona mal…

—Pero no te enoja el extranjero que se atiende en el hospital público.

—No, no me enoja. Pero me parece que hay cosas que hay que revisar de lo que ha sido generalmente la política argentina en ese sentido, porque el mundo ha cambiado y por la cantidad enorme de gente que viene. Por ejemplo, el cupo en las universidades. Hay gente que viene de Chile o de Colombia, que son chicos cuyos padres envían, alquilan un departamento, les pagan el pasaje en avión. Son chicos que podrían pagar algo a la Universidad de Buenos Aires. Ahí estaría bien poner un arancel. No estoy hablando de poner aranceles a la altura de las universidades norteamericanas más caras, pero eso permitiría por ejemplo becar a chicos que no pueden estudiar porque tienen que trabajar o ayudar a sus familias. O mejorar los edificios. O pagarle mejor a los docentes. Hay muchas cosas para hacer.

Oscar Martínez
Oscar Martínez

—¿Disfrutás el éxito?

—Sí, moderadamente lo disfruto.

—¿Por qué moderadamente?

—Primero por una cuestión de orden personal, de no embriagarte. No envanecerte excesivamente. Una cosa es estar orgulloso de los logros; el exceso de eso ya es una petulancia y hasta una inconsciencia. Eso, por un lado. Y por otro lado, en la Argentina es difícil disfrutar de los logros.

—¿Por qué?

—Porque al que le va bien, algo habrá hecho: se desconfía del que le va bien. O porque hay una cultura del resentimiento que hace que no se tolere eso. Somos envidiosos. Somos jodidos en eso, sí. El otro día salió una nota en un diario a un emprendedor que tiene una cadena de pizzerías que le va muy bien, y que cuenta que él empezó limpiando los pisos de ese lugar, que era de su abuelo. La gente que escribe debajo lo agredía de un modo salvaje, brutal.

—Hay algo de la impunidad del anonimato que influye ahí.

—Sí, pero la impunidad del anonimato permite que mucha gente exprese lo que siente precisamente. Si te va bien, algo habrás hecho. Si te va bien, sos un garca.

—No es porque te mataste trabajando, o porque la remaste.

—No. Si vas con un buen auto por la calle no falta nunca el que te dice algo desagradable, como si vos hubieras entrado con un arma a una concesionaria y te lo hubieras llevado de prepo. O si lo hubieras ganado con malas artes.

—¿Y eso enoja?

—Eso entristece muchísimo. Y a veces enoja, sí.

—¿Te ha tocado?

Yo mayormente lo que recibo de la gente es afecto. Demasiado. Y una gratitud que digo: "No, por favor…". Me da vergüenza. El agradecido tengo que ser yo. Pero perlitas de ese tipo sí, claro, he tenido muchas veces.

Marina Borensztein y Oscar Martínez
Marina Borensztein y Oscar Martínez

—¿Te has peleado con gente por temas ideológicos, con gente cercana?

—Me trajo alguna, pero no por peleas. Sí alguna distancia en algunos casos. Es muy doloroso eso.

—Aunque no te toque personalmente, sí ves que hay un contexto económico en la Argentina donde hay gente que está complicada.

—¿Cómo no lo voy a ver? Por supuesto. Yo creo que a todos nos está resultando difícil. Más allá de la cantidad de gente que está debajo de la línea de la pobreza, que es muchísima. A la clase media le vienen pegando. Sí, colegios, planes de salud, a la gente que alquila, o el que tiene las expensas. Yo veo gente preocupada, alarmada como nunca, y eso que uno ha pasado crisis en este país, eh. ¿Cómo no lo voy a ver? Lo veo, y además, me toca a mí.

—¿Sí? ¿Te toca?

—Y sí, claro. ¿Yo vivo bien? Sí, vivo bien. No soy millonario ni mucho que se le parezca, no. Pero vivo bien, sí. Trabajo bien. Igual, me sorprende lo que tengo que gastar para poder vivir como vivo desde hace muchos años. Y por momentos te asusta, claro.

ENTREVISTA COMPLETA