Analizamos aquí los motivos que llevan a Matilda Blanco, que fue una de las protagonistas de la semana pasada, a ser la más cuestionada y atacada en el medio, justamente por sus propias críticas.

La frase de Beto Casella apuntó directo a crítica de moda. "Probablemente sos la persona que más daño hace en la televisión", le dijo en un móvil. Coincidiendo con él, esbozo aquí los motivos que la transforman en el ser más odiado de la pantalla chica.
Porque Matilda adjetiva de forma petulante y descalificatoria a cada mujer según cómo se vista, ignorando la susceptibilidad femenina que a ella le debe caber también cuando la critican.
Amparada en que fue productora de moda -desconocemos cuánto tiempo, hasta que Araceli González en un episodio escandaloso se libró de ella- cree que puede determinar mucho más que un look, como cuando dijo que "Laurita Fernández parece un canario".
Porque Matilda comete la peor tentación de los villanos televisivos: va por más cuando la maldad anterior que dijo queda chica en comparación a la próxima que dirá. Así como los actores agrandan chistes y mohines cuando se los festejan en un escenario, solo termina produciendo un efecto desgaste que la lleva a ser más mala que ayer, pero mucho menos que mañana.
Porque entre ese grupo de villanos -cetro que comparte con Yanina Latorre, a quien justamente defendió en el móvil con Casella- que integra, seguramente es quien más daño hace porque se mete con lo que más muestra el medio: lo externo. Lo físico, la cáscara, el cartón pintado, lo que es para el afuera. Acaso el mayor defecto de una farándula que todo lo hace para buscar un efecto, ese mismo efecto que ella arruina con sus críticas.
Porque como todo es una cuestión de forma, sus modos son los peores. Claramente ella "hace de arpía" y es probable que en su vida personal sea un pan de Dios. Ella dice mucho más de lo que dice en la cadencia maliciosa de su modo de hablar, de enfatizar o de enunciar sus ideas. Nada tiene que ver aquí con su género. No se la critica por ser mujer. Por el contrario, ella es lo menos "sororo" que existe, ya que potencia y multiplica la pelea entre mujeres desde un lugar mucho más machista del que se le pueda criticar a un varón.
Porque no es ninguna tonta y sabe que el rebote que obtiene por su maldad solo le da más trabajo, mejores contratos y mayor popularidad. Lo malo con los villanos de su tipo es que se pegan para siempre en la pegajosa pátina de su propio personaje, que los devora al punto que no saben si son más malos que buenos o al revés. Entonces, solo se la contrata para ello, lo cual al principio es una ganga y después termina siendo su mayor condena.
Salvo que, como en otros casos de ex malvadas famosas que después se dedicaron a la sanación de autoayuda lavando sus personajes hasta convertirse en la propia agua de los fideos, un día se canse de ser malísima y se haga la buena, lo cual de todos modos la condenaría al olvido.
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